La alianza entre Petróleos Mexicanos (Pemex) y Petrobras avanza hacia una segunda etapa. Las dos petroleras estatales negocian un nuevo memorando de entendimiento para trabajar conjuntamente en refinación, procesamiento y comercialización de combustibles, además de explorar oportunidades en etanol y biodiésel.
La presidenta de Petrobras, Magda Chambriard, confirmó este viernes que el acuerdo está prácticamente listo para su firma, mientras que el primer memorando, firmado en junio, ya se encuentra en ejecución.
“La asociación con Pemex tiene dos vertientes”, explicó Chambriard: una enfocada en explorar y producir hidrocarburos en aguas mexicanas del Golfo de México y otra destinada a la cooperación en refinación y mercado.
Un segundo acuerdo para ampliar la alianza
De acuerdo con la información difundida por Petrobras y con las declaraciones de sus directivos retomadas por EFE, el nuevo memorando contempla acciones conjuntas para mejorar los procesos de refinación y comercialización de combustibles, así como posibles asociaciones relacionadas con etanol y biodiésel.
William França, director de Procesos Industriales y Productos de Petrobras, señaló que existe un amplio potencial para compartir tecnología en refinación y petroquímica.
La cooperación también podría involucrar a Braskem, empresa petroquímica en la que Petrobras tiene participación, particularmente para incrementar la producción de etano en México. A ello se sumarían proyectos relacionados con descarbonización, biocombustibles, eficiencia energética y transición energética.
¿Qué acordaron Pemex y Petrobras en junio?
El primer paso de esta alianza ocurrió el 23 de junio de 2026 en Río de Janeiro, cuando ambas compañías firmaron un Memorando de Entendimiento (MoU) para establecer una cooperación estratégica y técnica en proyectos de hidrocarburos.
El documento contempla evaluar oportunidades en exploración y producción, particularmente en campos maduros, nuevas áreas mediante estudios sísmicos y proyectos en aguas profundas y ultraprofundas del Golfo de México.
También incluyó intercambio de conocimientos, tecnologías y mejores prácticas, aprovechando la experiencia de Petrobras en operaciones offshore de alta complejidad.
El director general de Pemex, Juan Carlos Carpio Fragoso, destacó entonces que la alianza permitiría evaluar proyectos para incrementar la producción y buscar nuevas oportunidades en aguas profundas, campos maduros, petróleo pesado y extrapesado y el posible potencial de presal en el Golfo de México.
Petrobras pone sobre la mesa su experiencia en aguas profundas
Uno de los principales atractivos para Pemex es la experiencia acumulada por Petrobras en la explotación de aguas profundas y ultraprofundas, particularmente en el llamado presal brasileño.
La directora de Exploración y Producción de Petrobras, Sylvia Anjos, explicó que la compañía pretende utilizar esa experiencia para analizar el potencial mexicano, aunque aclaró que cualquier decisión dependerá de los estudios sísmicos que se están realizando.
“El presal en el Golfo de México sí es un área de nuestro interés”, afirmó Anjos, al señalar que todavía se requieren estudios más detallados antes de determinar si existen oportunidades viables.
El interés brasileño tiene una explicación estratégica: para Petrobras, participar en proyectos mexicanos podría permitirle reponer reservas, diversificar su cartera y posicionarse en una zona del Golfo de México con áreas todavía poco exploradas.
Una alianza que va más allá del petróleo
Aunque el nuevo acuerdo pondría el foco en refinación y venta de combustibles, la cooperación entre ambas empresas tiene un alcance más amplio.
El primer MoU ya contemplaba áreas industriales como refinación, petroquímica, fertilizantes, procesamiento de gas, recuperación de líquidos, eficiencia energética, reducción de emisiones y captura de carbono, además de combustibles con menor intensidad de carbono.
Por ello, el segundo acuerdo puede entenderse como un paso para llevar de la cooperación general a acciones más concretas en el negocio downstream, es decir, en las actividades posteriores a la extracción del crudo.
La intención es aprovechar las capacidades de ambas empresas no sólo para producir hidrocarburos, sino también para procesarlos, convertirlos en combustibles y colocarlos en el mercado.
No significa todavía una inversión conjunta
Un punto clave es que la alianza no representa todavía la creación de una empresa conjunta ni un compromiso automático de inversión.
El memorando firmado en junio tiene una vigencia de dos años, con posibilidad de renovación, y establece expresamente que no constituye un compromiso vinculante de inversión ni crea una sociedad, consorcio o joint venture.
Cualquier proyecto que surja de la cooperación deberá pasar por estudios de viabilidad, autorizaciones correspondientes y acuerdos específicos.
México, un mercado prioritario para Petrobras
Chambriard calificó a México como un país prioritario para Petrobras y aseguró que las conversaciones con Pemex han avanzado en un ambiente favorable.
“Las posibilidades de asociación son inmensas para Brasil y para México, así como para Petrobras y para Pemex”, afirmó la presidenta de la petrolera brasileña.
Con el segundo memorando prácticamente listo para firmarse, la relación entre ambas petroleras estatales comienza a tomar una dimensión más amplia: de la búsqueda y producción de hidrocarburos en el Golfo de México a la refinación, los combustibles y los negocios energéticos derivados.
El reto: convertir la cooperación en proyectos
El anuncio representa un avance en la relación energética entre México y Brasil, pero el siguiente desafío será convertir los memorandos en proyectos concretos, rentables y con resultados medibles.
Por ahora, la estrategia apunta a combinar la experiencia de Petrobras en operaciones petroleras complejas con las capacidades e infraestructura de Pemex, mientras ambas empresas exploran nuevas oportunidades en petróleo, refinación, petroquímica y combustibles de menor intensidad de carbono.
La alianza, por tanto, todavía está en fase de construcción, pero el mensaje de las dos estatales es claro: la cooperación energética México-Brasil ya no se limita a sacar petróleo del subsuelo; también busca avanzar hacia su transformación y comercialización.
