Son tantos los aspirantes en el PAN buscando la candidatura a la alcaldía de Puebla, que el partido “tiene para aventar para arriba” y para hacer una buena selección de un abanderado fuerte. Sin embargo, al albiazul le falta lo más importante: encontrar un discurso y una estrategia que le ayude a ganar las elecciones en la capital y su Zona Metropolitana. Son componentes que no encuentra desde la contienda de 2024.
Hace dos años en el partido de la derecha surgieron algunas voces críticas que advertían que si no se rompía con los vicios, los excesos, los abusos y los yerros de anteriores gobiernos panistas, el albiazul no iba a poder avanzar en el pasado proceso electoral. Y así acabó ocurriendo.
El más crítico fue Francisco Fraile García, conocido simbólicamente entre las bases panistas como “El Pastor”, quien le pidió al entonces candidato a titular del Poder Ejecutivo, Eduardo Rivera Pérez, que hiciera un deslinde público y pidiera perdón, a nombre del PAN, por el fraude electoral que hubo en 2018 en torno a las votaciones de gobernador.
La intención, argumentaba Fraile, era dejar claro que el PAN no compartía las prácticas de robar elecciones y que es un partido que cree en los valores democráticos. De alguna manera ese planteamiento era una vía para intentar alejar al albiazul del pasado ominoso del morenovallismo.
Al final Eduardo Rivera ignoró a “El Pastor” y acabó siendo un candidato mediocre. Fue vapuleado –por Alejandro Armenta, el aspirante de la 4T– con una diferencia de más de 850 mil votos, cifra equivalente a 27 puntos del total de sufragios.
El PAN, desde ahora que faltan 10 meses para la próxima elección, le está apostando a dos factores para intentar ganar las votaciones: presentarse como el partido del cambio y explotar al máximo todos los cuestionamientos y escándalos que surjan en torno a los gobiernos de la 4T. Una estrategia similar a la que se usó en 2024 y fracasó.
Son varios los estudios de opinión pública que han medido –en los últimos cuatro meses– la guerra sucia de la oposición contra la 4T, utilizando las expresiones en el ámbito digital #narcogobierno y #narcopartido, llegando a la conclusión de que tales ataques no han servido para reducir el apoyo electoral masivo a Morena y sus aliados.
El problema que no entiende la mayor parte del panismo poblano es que el PAN, desde hace varias décadas, dejó de ser el partido que podía hacer un cambio en la política y en la forma de gobernar.
A lo largo de los últimos 16 años, desde que el finado Rafael Moreno Valle Rosas ganó la titularidad del Poder Ejecutivo, el PAN ha encabezado muchos de los peores gobiernos que ha tenido Puebla.
Fue una administración panista la que “le abrió la puerta” del estado al crimen organizado que controla el robo de combustible.
Sin contar que fue el morenovallismo el que más “presos políticos” generó en el estado a lo largo del siglo XXI. Y que dejó a la entidad con el peor endeudamiento público de toda su historia, además de sembrar una abusiva y catastrófica privatización del agua.
En el pasado trienio los gobiernos municipales del PAN en Puebla, San Pedro Cholula y Cuautlancingo estuvieron plagados de vicios y abusos, que siguen presentes en la opinión pública.
El exedil suplente Adán Domínguez dejó destruida la carpeta asfáltica de la capital, miles de luminarias apagadas, las áreas verdes sin atender y un fuerte crecimiento en los índices delictivos.
La exalcaldesa Paola Angon Silva fue cuestionada de principio a fin de su gestión por los propios regidores del PAN en San Pedro Cholula, quienes denunciaron opacidad, corrupción y abusos con los recursos públicos del Ayuntamiento.
Filomeno Sarmiento, en su calidad de ex edil panista de Cuautlancingo, enfrenta señalamientos de abusos con recursos públicos por más de 220 millones de pesos, además de las sospechas de que registró un notable incremento en su patrimonio personal durante su mandato.
Por esa y muchas razones más, se puede observar que si el PAN quiere ganar las próximas elecciones ya debe empezar a practicar, desde ahora, una disculpa pública por los abusos de sus anteriores gobiernos y deslindarse de su pésimos exalcaldes.
