Las dipu-influencers de Morena con el trágicómico #Baúlgate. El Tirador de la Atlixcáyotl. La matanza en Sala de Despecho. Los autos con cadáveres en Periférico Ecológico y la zona de Los Fuertes. El ataque e incendio al bar Lacoss. El atroz crimen de doña Dominga –en Chachapa– para quitarle ¡90 pesos! El desquiciado que le dio de beber una cerveza a un caballo en Huixcolotla.
Los linchamientos, sobre todo los de personas inocentes, confundidas con delincuentes, en Ajalpan (2015), Acatlán de Osorio (2018), Huauchinango (2022) y Cohuecan (2026). Los gemelos golpeadores de la Isla de Angelópolis. Los Lords de Lomas de Angelópolis que continuamente arremeten contra guardias de seguridad que les impiden el acceso por no pagar sus cuotas de mantenimiento.
La Ley Ciberasedio. La (horrorosa) historia del diputado pederasta Saúl Huerta. La toma de la UDLAP. Lady Humilladora (Vielka Pulido) y su misterioso asesinato. Chilín y Pikín, los payasos discriminados en el Centro Comercial Angelópolis. El asesinato en Plaza Solesta del extranjero Stanley Ho para robarle el reloj de lujo que había comprado momentos antes. Los interminables casos de maltrato animal. La golpiza entre clientes y guardias del antro Mallet.
Las caídas de transeúntes que a cada rato tropezaban con los separadores viales de plástico amarillo utilizados para delimitar el carril exclusivo de bicicletas, burla nacional. El reclutamiento por parte del crimen organizado de jóvenes mediante falsas ofertas de empleo en Amozoc. La psiquiatra fake Marilyn Cote.
El megafraude de los Moranchel con SITMA e Invergroup. Tadeo, el bebé hallado en un contenedor de basura del Cereso de San Miguel. El homicidio del matrimonio del Instituto Oriente Tello-Ruiz. El niño Alex N. que quitó la vida a su vecina Natalia Andrade, una ciudadana argentina de 45 años. El thriller político criminal de Javier López Zavala, autor intelectual del homicidio de Cecilia Monzón.
Los continuos traspiés verbales de gobernadores, alcaldes y demás autoridades que olvidan que “el pez, por la boca muere”. Los empresarios extorsionados por la Fiscalía. Los excursionistas mandados al matadero en las grutas de Cuetzalan. Los bloqueos (impunes) en la autopista México-Puebla. Los actos de rapiña tras accidentes de vehículos de carga. La automovilista (Lady Gasolina) que huyó sin pagar tras cargar combustible.
La saga de Lidya Valdivia, la mujer que fingió un embarazo de nueve meses y se escondió por varios días justo cuando debía tener a su hijo (a). El drama de los desaparecidos y la angustia de sus familiares. El bullying escolar. Y los feminicidios, los aterradores feminicidios que angustian, estremecen, duelen…
Sí, no hay prácticamente día sin que Puebla no esté en medio del huracán y del escándalo que se viraliza y causa un daño a la reputación social general del estado. Esta lista, desde luego, está incompleta, pero esboza un preocupante retrato social de violencia, poder, privilegios y abusos.
De video en video, la marca Puebla se ha ido desgastando en los últimos años (un punto de quiebre fue la conmoción política del Lydiagate y el “góber precioso” en 2005), y la mala fama ha inundado redes sociales y encontrado hueco en medios de comunicación de alcance nacional e incluso internacional.
Algo estamos –todos y todas– haciendo pésimo para que desde el resto del país nos vean como violentos, conflictivos, intolerantes, insolentes, casi cavernícolas, y para que lo de #PIPOPES (Pinches Poblanos Pendejos) siga siendo un sello y peor: una descripción de comportamientos homogéneos recurrentes: Puebla, fábrica de escándalos.
Pero… ¿qué tiene que ver todo esto con una mutación de la sociedad poblana a partir de continuas olas de migración, la primera importante en 1985 a raíz del terremoto en la CDMX?
No estoy exonerando a los poblanos y las poblanas, pero ciertamente la sociedad poblana cambió radicalmente cuando, por trabajo o estudios, empezaron a llegar miles de familias provenientes de la capital del país y del Estado de México, Veracruz, Oaxaca, Guerrero…
Un tema que merece un estudio sociológico completo, pero al que regresaré pronto en busca de respuestas.
