El pasado viernes 21 de agosto es un día que deberemos recordar, porque significa un parteaguas en las relaciones entre el régimen del expresidente López y la actual mandataria Claudia Sheinbaum.
Como antecedente se debe recordar que el 18 de agosto en Buenos Aires, Argentina, el director general de la Agencia Antidrogas (DEA) por sus siglas en inglés, Terrance Cole reconoció al secretario de Seguridad Pública federal, Omar García Harfuch, como “socio de confianza” de los Estados Unidos.
Casi de manera paralela, ese mismo día se da a conocer que el vicealmirante Fernando Farías Laguna, pieza clave del llamado “huachicol fiscal”, el golpe al erario más importante en la historia de este país, que significa la pérdida de más de 600 mil millones de pesos, sería extraditado de Argentina a México, a donde llegó el pasado viernes.
Nada en la vida es casualidad, por si fuera poco el 13 de este mismo mes, Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente López, daba a conocer que había perdido su visa por parte del gobierno de los Estados Unidos.
El 21, el entonces gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, señalado por la Corte Sur de Nueva York de estar vinculado al Cartel de Sinaloa, anunció su regreso al mando de esta entidad, mientras la presidenta Sheinbaum se declaraba enferma de gripe y no acudía a la mañanera de este día.
De inmediato el Gobierno federal y todo el oficialismo reaccionaron en contra del retorno del mandatario, reprobando la acción del sinaloense y asegurando que se trataba de una decisión unilateral del hombre nacido en Badiguarato, la misma tierra del Chapo y del Mayo.
Lo que antes había sido protección y hasta en cierto punto complicidad, ahora se transformaba en rechazo y soledad, aunque en un sistema político como el mexicano, es imposible creer que Rocha Moya haya tomado por sí mismo la decisión de volver al Gobierno de Sinaloa.
Es innegable que había recibido la orden de algún sitio y el sentido común indica que esta orden habría venido de Palenque, de La Chingada, el rancho en donde habita el expresidente López Obrador, amigo personal de Rocha Moya.
Menos de 24 horas duró Rocha Moya en el cargo, desde Palacio Nacional un X cambió todo. La presidenta Claudia Sheinbaum envió un relámpago fulminante desde el Olimpo: “Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la nación. Y mucho menos cuando aquello que se pretende colocar por encima de México no es el bienestar de su gente, sino la ambición desnuda del poder por el poder”, hasta aquí parte del mentado X.
Rocha Moya solicitó ahora su licencia de manera indefinida, lo que presagia que pronto pudiera ser entregado a las autoridades, para que aclare su presunta participación con el Cartel de Sinaloa.
Esta cronología detalla cosas muy interesantes: queda claro que Omar García Harfuch negoció algo con los Estados Unidos, obvio con el consentimiento de su jefa, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien supuestamente se hizo la sorprendida, luego del reconocimiento del jefe de la DEA al nieto del general Marcelino García Barragán.
Es obvio, pues, que todas las figuras al interior del partido hegemónico Morena, han cerrado filas con la presidenta y también las Fuerzas Armadas de nuestro país. Cabe señalar que se dice que el general secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, fue quien supuestamente le habría recomendado al general Gerardo Mérida Sánchez entregarse a los Estados Unidos y convertirse en testigo protegido.
Cabe señalar que también el pasado 11 de agosto el general Mérida, luego de declarar ante la corte de Nueva York, desapareció de los registros de detenciones en los Estados Unidos y se desconoce ya su paradero, lo cual revela que efectivamente se convirtió en testigo protegido de las autoridades norteamericanas.
Todo esto parece encuadrar perfectamente en un acuerdo con las autoridades del vecino país del norte, para comenzar a procesar a políticos mexicanos con vínculos con el crimen organizado, lo que representaría una ruptura política entre el expresidente López y la actual mandataria Claudia Sheinbaum.
Ya se verá en los próximos días la reacción desde Palenque y el impacto que esto pudiera tener para el proceso electoral que se avecina, en donde los duros de Morena parecieran estar perdiendo la batalla ante el grupo de la presidenta Sheinbaum, quien ahora más que nunca, depende del apoyo y de la lealtad de los gobernadores.
