Lo que sucede en Atlixco es solo un pequeño ejemplo de lo que va a pasar de aquí a las elecciones de 2027. Presidentas y presidentas municipales de la 4T que se nieguen a ceder la plaza a las candidatas o los candidatos del régimen, enfrentarán las consecuencias.
La reelecta Ariadna Ayala Camarillo ya traía una relación desgastada con 01 desde que rechazó designar a un marino al frente de Seguridad Pública. Hoy su jefe policiaco duerme tras las rejas. La última visita oficial del mandatario a Atlixco ocurrió el 6 de abril de 2026, cuando encabezó una jornada de atención ciudadana y la Mesa de Paz Estatal, acompañado de su gabinete.
A partir de ahí, todo se deterioró. La alcaldesa no entendió las señales –que fueron bastantes y muy claras– e intentó jugar su propio juego electoral, sin el aval del jefe político del estado: impulsó a su “delfín” para la presidencia municipal, su tesorero, Francisco García Martínez, y ella misma empezó a trabajar el distrito para ser diputada federal.
Naturalmente, fue a la Ciudad de México a tocar la puerta de su partido, el PT. Ahí fue informada de que el dirigente nacional, el truculento Alberto Anaya Gutiérrez, ya tenía acuerdos en Puebla. Uno de ellos: “El gobernador va a decidir al candidato o a la candidata en Atlixco”. Fue entonces que la presidenta activó el Plan B, que básicamente consistió en dar la vuelta a la 4T.
Buscó a Movimiento Ciudadano y pactó con su amiga, la lideresa estatal, la también diputada local Fedrha Suriano Corrales, que García Martínez sería el candidato de Movimiento Ciudadano a la alcaldía en 2027. De hecho, apenas el pasado 9 de agosto Movimiento Ciudadano renovó su Comité Municipal y Comisión Operativa en Atlixco, con una mayoría de operadores ligados directa o indirectamente a… Ariadna Ayala.
Una jugada audaz que, sin embargo, no pasó desapercibida en el cuarto piso del edificio Ejecutivo del CIS de Angelópolis. Desde entonces, una serie de sucesos inesperados se desencadenó –como la aprehensión del director de Seguridad Pública, Antonio Hernández Pacheco– y hoy se multiplican los amparos ante la acometida que, dicen, viene para dejar en claro quién manda en Puebla.
Atlixco es un espejo, sí. Pero sobre todo, un mensaje. Un poderoso mensaje para todas y todos quienes se equivoquen, se quieran ir por la libre y, entre otras cosas, toquen la puerta incorrecta.
