Inaugurar un vuelo con fotografías, discursos y banderas y después anunciar que dejará de operar porque no hubo suficientes pasajeros, en fin la hipotenusa.
Contexto: El próximo 29 de agosto, Volaris dejará de operar desde Puebla las conexiones hacia Ixtapa-Zihuatanejo, León y San Luis Potosí debido a la baja demanda. Pero eso apenas si se mencionó en la mañanera de hoy 17 de agosto, porque la atención se enfocó en las tres nuevas rutas anunciadas: Acapulco, Puerto Escondido y Chicago.
Las tres rutas a punto de despegar —de Puebla para siempre XD— formaban parte de las 12 nuevas rutas que comenzaron a operar en junio desde el Aeropuerto Internacional Hermanos Serdán. Apenas una semana después de inauguradas las 12 rutas, seis de ellas registraban una ocupación cercana al 40%, según información reportada por Volaris y Canaco Puebla. No era todavía una sentencia, pero sí una llamada de atención que advertía que abrir conexiones no significaba necesariamente generar demanda.
Lo raro
Puebla recibió más de 3.3 millones de turistas durante el primer semestre y generó una derrama superior a 10 mil millones de pesos, de acuerdo con el Observatorio Turístico. Entonces, recapitulando, turistas tenemos, hoteles y consumo turístico también (aunque la ocupación de cuartos cayó en este último semestre, de más de 4 millones a 2 millones), es decir, la pregunta no es si existe mercado, sino por qué no conseguimos convertir esa actividad turística en demanda suficiente para sostener determinadas conexiones aéreas.
Porque, además, no estamos hablando de una aerolínea que llegó ayer a Puebla. Volaris aseguró hoy también que proyecta ofrecer alrededor de 450 mil asientos desde Puebla con las nuevas rutas.
Pero repito, el reto no era solamente abrir rutas, sino conseguir que esas nuevas conexiones alcanzaran una demanda suficiente para permanecer
¿Cuánto vale subsidiar la apertura de una ruta si después no existe una estrategia suficientemente agresiva para llenarla?
Lo malo
Creo que nadie está viendo el verdadero problema. Ni el mismo gobernador de Puebla. Porque el programa, mencionado en la mañanera, Visita a la Familia, que busca apoyar a familias poblanas, principalmente de la Mixteca, para viajar a Estados Unidos y reencontrarse con sus familiares migrantes, aprovechando las nuevas rutas aéreas desde Puebla, generará demanda y visibilidad para las nuevas rutas, sí. De hecho, no diría que el programa sea una mala idea, pues como política de vinculación con migrantes puede ser bastante potente. Particularmente entre la población poblana residente en Estados Unidos, pero lo que cuestionaría es que se venda como estrategia suficiente para promocionar las nuevas rutas aéreas.
Porque el programa va a seleccionar a familias periódicamente, entonces estamos hablando de un número relativamente pequeño de beneficiarios frente al universo de poblanos que viven en Estados Unidos. Y eso tampoco significa que sean necesariamente buenos embajadores turísticos.
Las preguntas
¿Cuántas familias serán beneficiadas al año? ¿Cuántos pasajeros representa? ¿Cuántos viajes de regreso? ¿Cuántos vuelos adicionales se espera generar? ¿Cuántos beneficiarios viajarían precisamente por las nuevas rutas? ¿Cómo se medirá que las familias realmente promuevan la ruta? ¿Existe una campaña paralela dirigida al mercado estadounidense?
Luego viene la inversión en el Aeropuerto de Huejotzingo —que sí la necesita— de mil mdp en la ampliación de un estacionamiento (de tres niveles con 774 cajones) y de la zona de aterrizaje, entre otras cosas, para mejorar la experiencia de las y los viajeros. Y como se proyectó anteriormente, con la llegada de 1.3 millones de pasajeros anuales para 2030, se espera un crecimiento del 35%. Pero me quedan dos dudas: ¿La inversión está llegando como consecuencia de una demanda comprobada o estamos construyendo capacidad esperando que la demanda aparezca?, ¿de dónde sale esa proyección y qué porcentaje correspondería a pasajeros nuevos generados por las rutas recientemente anunciadas?
Porque la prioridad inmediata debería ser demostrar que esas rutas son sostenibles, antes de asumir que el crecimiento será automático.
Y bueno, en cuanto a la sugerencia de volanteo que dijo nuestro querido gobernador, me parece una herramienta probablemente demasiado genérica para un problema que es mucho más complejo. Porque ni siquiera hemos establecido la pregunta principal: ¿qué tipo de ciudadano puede pagar un vuelo?
En mi experiencia
Sí hubo incentivos para facilitar la compra de boletos de las nuevas rutas, pero eso no necesariamente se tradujo en boletos baratos para el pasajero. Y aquí aparece otra pregunta incómoda: si el objetivo era estimular la demanda, ¿qué tanto de ese beneficio llegó realmente al consumidor?
En mi caso, un vuelo a Huatulco terminó costándome alrededor de 3 mil pesos ida y vuelta, sin maleta de cabina y únicamente con equipaje de mano. Puede que el incentivo haya reducido costos aeroportuarios para la operación, pero desde el asiento del pasajero la percepción de ‘vuelo accesible’ no necesariamente es la misma.
No basta con anunciar un vuelo barato; hay que preguntarse cuánto termina pagando el pasajero y si ese precio resulta suficientemente atractivo para generar la demanda que necesita la ruta para sobrevivir.
Recibir al pasajero con un souvenir cuando aterriza es promoción turística. Conseguir que haya comprado el boleto para salir de y venir a Puebla es estrategia
Llámenme un medio “infeliz” quizá, pero esta es mi humilde opinión y mi crítica constructiva.
