Desbloquear el celular con una mirada, entrar a una aplicación con el rostro o verificar nuestra identidad con una selfie ya forma parte de la vida cotidiana.
Pero detrás de esa comodidad existe una pregunta que pocas veces nos hacemos:
¿qué pasa si nuestra cara se convierte en un dato que alguien más puede utilizar?
El reconocimiento facial funciona mediante el análisis de determinadas características del rostro para identificar o verificar a una persona.
En otras palabras, nuestra cara puede convertirse en una llave digital.
Y aquí aparece un problema: una contraseña puede cambiarse; nuestro rostro, no.
¿Qué dice la ley en México?
En México, la protección de los datos personales tiene respaldo constitucional. El artículo 16 establece el derecho de las personas a la protección de sus datos personales.
Además, existen leyes específicas dependiendo de quién trate esa información.
Cuando se trata de empresas y particulares, aplica la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares; mientras que para instituciones públicas existe la Ley General de Protección de Datos Personales en Posesión de Sujetos Obligados.
La legislación establece obligaciones para quienes recopilan y utilizan información personal, incluyendo principios como licitud, finalidad, proporcionalidad, información y responsabilidad.
Y los datos biométricos requieren especial atención porque pueden utilizarse para identificar de manera única a una persona.
¿Entonces una foto puede robar nuestra identidad?
No necesariamente.
Que alguien tenga una fotografía nuestra en redes sociales no significa automáticamente que pueda desbloquear nuestro teléfono o entrar a nuestras cuentas.
Los sistemas actuales incorporan mecanismos de seguridad para intentar detectar fotografías, videos u otros intentos de suplantación.
Sin embargo, el riesgo no desaparece.
El problema también está en cómo se recopilan, almacenan y utilizan nuestros datos biométricos.
Porque una contraseña filtrada puede cambiarse.
Una cuenta puede cerrarse.
Pero nuestro rostro seguirá siendo nuestro rostro.
Y la inteligencia artificial cambia las reglas
Ahora agreguemos inteligencia artificial a la ecuación.
Las herramientas de IA pueden generar imágenes, videos y audios cada vez más convincentes. Por eso, las fotografías y videos que compartimos públicamente pueden convertirse en materia prima para intentos de fraude o suplantación.
Esto no significa que una persona pueda simplemente descargar una selfie y convertirse automáticamente en nosotros.
Pero sí significa que nuestra huella digital tiene cada vez más valor.
Una fotografía puede revelar nuestro rostro.
Una publicación puede revelar dónde trabajamos.
Un video puede proporcionar nuestra voz.
Y nuestras redes sociales pueden aportar información sobre familiares, amigos, lugares que frecuentamos y actividades.
Por separado parecen datos inofensivos.
Juntos pueden construir un perfil bastante completo de una persona.
¿Qué debemos preguntar antes de entregar nuestro rostro?
Antes de activar una función de reconocimiento facial o proporcionar una fotografía para verificar nuestra identidad, conviene revisar el aviso de privacidad y saber:
¿Quién recopila mis datos?
¿Para qué los necesita?
¿Dónde los almacena?
¿Cuánto tiempo los conservará?
¿Con quién puede compartirlos?
¿Puedo ejercer mis derechos sobre esa información?
La legislación mexicana contempla derechos de las personas sobre sus datos personales, conocidos como derechos ARCO: acceso, rectificación, cancelación y oposición, además de mecanismos relacionados con el tratamiento de la información personal.
¿Debemos dejar de utilizar el reconocimiento facial?
No necesariamente.
La tecnología puede ofrecer comodidad y una capa adicional de seguridad.
El verdadero reto es utilizarla sabiendo qué estamos entregando y quién será responsable de protegerlo.
Porque estamos entrando en una etapa en la que nuestra identidad digital ya no depende solamente de una contraseña.
Depende también de nuestra cara, nuestra voz, nuestras fotografías y hasta de los datos que dejamos dispersos en internet.
Y quizá esta sea la pregunta que deberíamos hacernos antes de aceptar cualquier sistema de identificación facial:
¿qué tan seguro estoy de entregar una llave que nunca podré cambiar?
Porque una contraseña puede olvidarse, modificarse o bloquearse.
Pero tu rostro te acompaña toda la vida.
