Salir de casa, llegar al trabajo y después repetir el trayecto de regreso puede consumir una parte considerable del día de millones de mexicanos. El problema no es solamente cuánto tarda un viaje: son horas que dejan de estar disponibles para descansar, convivir con la familia, estudiar o realizar actividades personales.
La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), incorporó nuevamente una medición específica del tiempo que las personas destinan a trasladarse hacia su trabajo y regresar a casa. El instituto define este indicador como el tiempo utilizado exclusivamente en los trayectos de ida y vuelta entre el hogar y el lugar de trabajo.
El dato es relevante porque permite mirar la movilidad no solamente como un problema de transporte, sino como un costo de tiempo que se acumula todos los días.
El viaje también forma parte de la jornada
La ENUT 2024 pregunta directamente a las personas cuánto tiempo utilizaron durante la semana para trasladarse de ida y vuelta al trabajo. Si una persona tiene más de un empleo, se considera el tiempo correspondiente a sus distintos traslados. Quedan fuera, en cambio, recorridos adicionales como pasar por el supermercado o llevar a los hijos a la escuela.
La medición forma parte de una encuesta más amplia que busca conocer cómo utilizan su tiempo las personas de 12 años y más. En su edición 2024, el INEGI midió tanto el trabajo remunerado como el no remunerado, las actividades domésticas, los cuidados, el estudio, el entretenimiento y los desplazamientos.
Para Graciela Márquez, presidenta del INEGI, contar con esta información permite observar cómo se distribuye el tiempo de la población y aporta elementos para analizar desigualdades y diseñar políticas públicas. El instituto también destacó que la encuesta se convirtió en una medición quinquenal independiente.
Ciudad de México: más de 40 minutos para llegar al trabajo
El problema se vuelve especialmente visible en las grandes ciudades.
En Ciudad de México, el tiempo promedio de traslado del hogar al trabajo era de 43.4 minutos, de acuerdo con información del Censo de Población y Vivienda 2020 difundida por Data México. Además, 20.2% de la población tardaba más de una hora en llegar a su empleo.
Ese promedio corresponde al trayecto de ida. Si se considera un viaje de regreso de duración similar, una persona podría pasar más de una hora y 20 minutos al día únicamente desplazándose entre su casa y el trabajo.
La situación es todavía más compleja para quienes viven en la periferia y trabajan en zonas centrales. Un reportaje de EL PAÍS documentó el caso de una trabajadora que invertía alrededor de cinco horas diarias en transporte público para desplazarse entre Ixtapaluca y la Ciudad de México. Su experiencia refleja el extremo al que pueden llegar los recorridos cotidianos cuando la vivienda y el empleo están separados por grandes distancias.
No todos los mexicanos tardan lo mismo
Los tiempos de traslado cambian de manera importante dependiendo de la entidad, la densidad urbana y la distancia entre los centros de vivienda y empleo.
En Puebla, por ejemplo, Data México reporta un promedio de 31.1 minutos para trasladarse del hogar al trabajo, con 9.29% de la población tardando más de una hora en llegar.
La comparación permite observar una diferencia significativa con Ciudad de México: mientras en la capital el promedio supera los 43 minutos, en Puebla ronda los 31 minutos.
Pero incluso dentro de una misma entidad las diferencias pueden ser grandes. Las ciudades con mayor expansión urbana pueden obligar a los trabajadores a recorrer distancias cada vez mayores para llegar a los centros de empleo.
La Zona Metropolitana del Valle de México, un caso extremo
La problemática de los traslados no es nueva.
La Encuesta Origen-Destino 2017 del INEGI mostró que, en la Zona Metropolitana del Valle de México, 30.7% de los viajes al trabajo duraban entre 31 minutos y una hora, mientras que 27.4% tardaban más de una hora y hasta dos horas. Otro 5.3% superaba las dos horas.
En otras palabras, una parte importante de quienes trabajaban en la metrópoli ya enfrentaba trayectos de larga duración antes de que la movilidad urbana se convirtiera en una de las principales discusiones sobre calidad de vida.
La propia dinámica metropolitana explica parte del fenómeno: millones de personas viven en un municipio y trabajan en otro, lo que obliga a realizar viajes diarios que cruzan alcaldías y municipios.
El tráfico también se come el tiempo
A los minutos habituales del recorrido se suma un factor difícil de controlar: la congestión.
El TomTom Traffic Index 2025 colocó a Ciudad de México entre las ciudades con mayor congestión vehicular del mundo. Los conductores perdieron alrededor de 184 horas al año debido al tráfico, de acuerdo con datos difundidos a partir del índice.
Eso equivale a más de siete días y medio al año dentro del automóvil atrapado en congestionamientos.
La cifra no debe confundirse con el tiempo total de traslado: las 184 horas corresponden al tiempo perdido por congestión para los conductores y no al total de horas que una persona pasa desplazándose durante el año.
El costo no aparece en el recibo de nómina
El tiempo de traslado tiene un costo que pocas veces aparece en las estadísticas laborales tradicionales.
Una persona puede trabajar ocho horas, pero si necesita más de una hora para llegar y otra para regresar, su día fuera de casa puede extenderse fácilmente a diez horas o más.
Ese tiempo tiene consecuencias sobre el descanso y la vida familiar.
La ENUT 2024 muestra precisamente por qué el tiempo debe analizarse como un recurso limitado. En promedio, la población de 12 años y más dedicó 59.6 horas semanales al trabajo total, considerando tanto actividades remuneradas como no remuneradas. Las mujeres registraron 61.1 horas y los hombres 58 horas.
Por ello, cada minuto adicional de traslado compite directamente con otras actividades: dormir, convivir, estudiar, hacer ejercicio o simplemente descansar.
Mujeres y hombres tampoco viven la movilidad de la misma manera
Los traslados además se relacionan con una distribución desigual de las responsabilidades dentro del hogar.
La ENUT 2024 encontró que las mujeres dedicaron 39.7 horas semanales al trabajo doméstico, de cuidados y voluntario, frente a 18.2 horas de los hombres. La diferencia fue de 21.5 horas a la semana.
Eso significa que para muchas mujeres el tiempo de traslado no se encuentra aislado de otras obligaciones: puede estar acompañado por tareas de cuidado, compras, llevar o recoger integrantes del hogar y trabajo doméstico.
El resultado es una presión acumulada sobre un recurso que no puede recuperarse: el tiempo.
¿Por qué tardamos tanto?
El problema tiene varias causas que se superponen: crecimiento urbano, concentración de empleos, expansión de las ciudades, dependencia del automóvil, saturación del transporte público y falta de conexión eficiente entre zonas habitacionales y laborales.
La información del INEGI permite observar además que el transporte no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de infraestructura. La encuesta de uso del tiempo considera el traslado como parte de la vida cotidiana precisamente porque modifica la cantidad de tiempo disponible para otras actividades.
En las grandes ciudades, el problema se vuelve especialmente evidente.
En la Zona Metropolitana del Valle de México, por ejemplo, la Encuesta Origen-Destino de 2017 registró millones de viajes diarios y una fuerte utilización del transporte público. Los viajes al trabajo representan una parte importante de esos desplazamientos.
De camino al trabajo a una discusión sobre calidad de vida
Los datos muestran que hablar de movilidad no significa únicamente preguntar cuántos kilómetros recorre una persona.
La pregunta más importante es cuánto de su vida cotidiana se va en esos kilómetros.
Un trayecto de 40 minutos puede parecer manejable de manera aislada. Pero repetido cinco días a la semana, durante meses y años, representa cientos de horas que una persona pasa viajando.
Y cuando el recorrido supera una hora por sentido, el impacto es todavía mayor.
Por eso, reducir los tiempos de traslado no es solamente una cuestión de tráfico. También implica acercar vivienda y empleo, mejorar el transporte público, planificar el crecimiento urbano y hacer que las ciudades permitan a sus habitantes recuperar parte del tiempo que hoy pierden en el camino.
En México, la movilidad cotidiana revela así una paradoja: mientras las ciudades crecen y las opciones para desplazarse aumentan, el tiempo necesario para llegar a donde tenemos que estar puede convertirse en uno de los mayores costos invisibles de la vida urbana.
