“Si me voy, no me voy sola”. Es la frase –textual y verdadera– que la presidenta municipal Guadalupe Lucero Bárcenas lanzó en una de las últimas reuniones con autoridades federales y estatales antes de que, desde lo más alto del poder en Puebla, se decretara una solución final al laberíntico conflicto político y social en Acatlán de Osorio.
Pero es una frase incompleta. Y es que hay algo que la alcaldesa añadió y que ayuda a entender por qué desde el mismo Gobierno del estado hay quienes están haciendo todo –y todo es todo– por boicotear la instalación de un Concejo Municipal que tome el control del ayuntamiento y calme las aguas.
Dijo: “Si me voy, no me voy sola… Y declararé en la Fiscalía mis verdaderos acuerdos con Gobernación”. ¿Acuerdos? ¿Qué clase de acuerdos? ¿Algo que ver con constructores y proveedores recomendados desde Casa Aguayo? ¿Por eso tanta insistencia en sostener, contra viento y marea, a una alcaldesa totalmente desacreditada y desactivada y que logró lo imposible: poner a todos en su contra?
¿Esa es la razón por la cual desde el mismísimo corazón del armentismo se han venido dinamitando todas y cada una de las decisiones que se han tomado en las últimas dos semanas para sustituir a “Lupita” Bárcenas? Una presidenta municipal que sabe demasiado y que en su caída podría arrastrar a no pocos funcionarios estatales y no solo de Gobernación, sino por ejemplo de la Secretaría de Bienestar, como el encargado del programa de Obra Comunitaria, Édgar Chumacero Hernández, también mencionado por la alcaldesa en sus amenazas de contarlo todo…
¿Qué sabe Guadalupe Bárcenas? Qué sabe, y qué está dispuesta a revelar, ahora que su desplome es inminente, pues la decisión de 01 es definitiva: un Concejo Municipal, pero con un detalle: todos sus integrantes deben ser ajenos a Acatlán y sin nexos con Bárcenas.
Y todo ello a pesar de Gobernación, cuyo titular, Samuel Aguilar Pala, hasta hace unas horas seguía maniobrando para dejar al mando de dicho Concejo Municipal a su subsecretario Isauro Rendón o al hermano de este, de nombre Fausto. ¿Por qué, o a cuenta de qué, tanta insistencia?
