Sin duda, la elección por acordeón de ministros y ministras de la Suprema Corte de Justicia de nuestra nación no ha dado el resultado que supusieron quienes determinaron ese proceso de postulación y formato de elección; tampoco para aquellos que pudieron, no de manera libre, “elegirlos” ayudados por un acordeón que les fue entregado y que muy pocos pudieron incluso interpretar.
Esta nueva Corte que entró en funciones el primero de septiembre del año anterior, ha cometido diversos dislates, desde la muy poca trayectoria jurídica, desorden, cambios de voto, confusiones, enredos, dimes y diretes, muchas veces sin argumentos, con votos sin proyecto o sin sentencia, y con una permanente presencia de ministros y ministras en todos los eventos políticos convocados por el partido oficial Morena, ha sido la constante.
Seis meses después, escuchamos en voz de la ministra María Estela Ríos González una declaración muy delicada y preocupante: “La violencia puede darse en el ámbito familiar y me parece que no hay un estereotipo de las mujeres cuando se habla de la familia…salvo …que haya nacido in vitro…podríamos estimar que no forma parte de la familia…”
Después declaró que su expresión sólo era de “carácter ilustrativo”, sin embargo, bien se ha señalado “…hay palabras que aunque se intenten aclarar después, revelan una visión de justicia que nos debe preocupar…” ya que el solo hecho de “sugerir siquiera como duda que una persona nacida por fertilización in vitro podría no formar parte de una familia no es un simple tropiezo lingüistico, es un retroceso conceptual profundo”, como bien afirma la abogada Sofia Pérez, especialista en reproducción asistida y derecho de familia internacional.
Sin duda, coincido, preocupa escuchar este tipo de prejuicios en el máximo Tribunal del país que históricamente había sido vanguardista de los derechos de las familias diversas, olvidó la señora ministra lo establecido en la Constitución que nos rige y que prohíbe toda discriminación, incluidos los actos que puedan afectar la dignidad humana; olvidó que todas las personas tienen garantizada la protección de sus derechos humanos, siempre favoreciendo su protección más amplia y que las autoridades tienen la obligación de promoverlos, respetarlos, protegerlos y garantizarlos, sin importar origen o la condición de la persona (Artículo 1).
Que el Artículo 4 protege la organización y desarrollo de las familias, sin imponer un modelo único de familia y que el Principio del interés superior de la niñez es eje en este artículo.
Cabe recordar también que según estimaciones del Consejo Nacional de Población (Conapo) 1.5 millones de parejas en México tienen problemas para lograr un embarazo y el 17% de las mujeres en edad reproductiva presentan algún grado de infertilidad, de manera que para muchas parejas las técnicas de reproducción asistida, como lo es la fecundación in vitro, representan la única posibilidad de tener hijos o hijas biológicos.
En muchos momentos he observado de “primera mano” que muchas de las personas que se autodeclaran –incluso con insistencia– “de izquierda y liberales” resultan más conservadores que los mismos conservadores “ultraderechistas” y hay muchos ejemplos que podemos dar, es el caso de esta declaración de la ministra Ríos González, que además tiene un impacto simbólico muy grave porque proviene del máximo Tribunal encargado de interpretar la Constitución y porque toca principios constitucionales centrales.
Una vez más sostenemos que “La justicia no puede tener prejuicios biológicos”, las resistencias, sin duda, están adentro y persisten, desconociendo no solo los avances científicos; también poniendo en duda el principio de igualdad y no discriminación y pretendiendo desconocer una realidad en México: hoy las estructuras familiares se conforman con nuevas formas y diversos tipos de familias.
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Palabra de Mujer Atlixco
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