Ver veremos. Porque todavía no es un hecho. Mientras escribimos este texto se siguen contando los votos de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Perú. Este país, del sur de nuestro continente, está siendo el escenario de la enésima muestra de cómo América se polariza cada vez más. Esta vez la derecha la representa Keiko Fujimori –siempre reivindicando la figura de su padre, el expresidente Alberto Fujimori– y la izquierda –heredera del procesado y encarcelado Pedro Castillo– sigue la estela del candidato Roberto Sánchez.
La verdad es que el resultado final está de auténtica fotofinish. En estos momentos, con un 96% de voto escrutado, aventaja el izquierdista Roberto Sánchez, de 57 años, con una diferencia de apenas 40 mil votos sobre su rival, la derechista Keiko Fujimori. Se estima que el resultado definitivo puede demorar casi un mes en ser oficial.
Acorde a los datos que ofrece el órgano electoral de Perú, el ONPE, la abstención ha sido factor clave en este proceso electoral. De los 27 millones 325 mil 432 peruanos llamados a votar, casi 7 millones no ejercieron su derecho al voto. Ahora bien, ¿cómo han votado los peruanos? En esencia, el voto de la clase media y clase alta ha ido directo a la candidatura de Fujimori. También los sufragios de los grandes núcleos urbanos, en especial de la capital Lima.
Por su parte, Sánchez tiene muchos más simpatizantes en el norte y sur del país. También en los ámbitos rurales e indígenas.
Lo que queda muy claro es que a Perú le urge la estabilidad. Más de 10 presidentes, en la misma cantidad de años, dan una idea de la falta de hoja de ruta seria en una nación que, ante todo, necesita un estadista que meta de lleno, en el siglo XXI, al país quechua.
Y tal vez ese sea uno de los motivos por el cual Keiko sigue dando la batalla, por cuarta ocasión. Sus sucesivas derrotas ante Ollanta Humala, en 2011, Pedro Pablo Kuczynski, en 2016, y, la más reciente, ante –el ahora encarcelado– Pedro Castillo en 2021, dan idea de que el recuerdo del mandato de su padre, el desaparecido Alberto Fujimori, todavía permanece con bastante arraigo en el imaginario colectivo.
Y, la verdad, es que tiene mucho mérito, habida cuenta de que el expresidente Fujimori fue condenado a 25 años de prisión como autor intelectual de los varios delitos de homicidio calificado, secuestro y corrupción, y purgó varios años en prisión. También probó y prueba la cárcel Vladimiro Montesinos, jefe de los servicios de inteligencia y de seguridad del régimen de Fujimori, quien, a sus más de 80 años, sigue purgando condena por un rosario de delitos –a cual más grave– por haberse convertido en un auténtico Lavrenti Beria –mano derecha sanguinaria de Josif Stalin– del desparecido Fujimori.
Cómo no recordar la excelente novela Cinco esquinas, del desaparecido Mario Vargas Llosa –candidato presidencial derrotado, en su momento, ante el propio Fujimori– donde el Premio Nobel peruano recreaba las cloacas del fujimorismo y su eficacia por ahogar la libertad de expresión en los años 90 del siglo pasado.
Pero es que la propia candidata Keiko residió, algo más de un año, sentenciada por corrupción y por hacer recibido dinero de la empresa constructora Odebrecht.
Sea como fuere y sea quien sea el próximo –o la próxima– presidente del país andino, habría que escuchar, detenidamente, un certero diagnóstico del propio candidato Sánchez: “hay que derrotar la pobreza, la exclusión y la pobreza en nuestro país”. Será con el concurso de todos los peruanos de bien. Ojalá lo consigan.
Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.
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