La purga de alcaldes
En el caso del edil de Esperanza, nadie se explica cómo es que su partido, Morena, no se percató antes de sus nexos criminales
Esposas Detencion
En Puebla algo cambió. Y cambió de manera abrupta. Los alcaldes dejaron de sentirse –y de ser– intocables. En menos de dos años, el mapa municipal poblano acumula una cadena de presidentes municipales detenidos, investigados, prófugos o sometidos a procedimientos políticos y administrativos. El caso más reciente es el de Isaac Rodríguez Ochoa, de Esperanza, durante un megaoperativo Enjambre de fuerzas federales. El morenista es investigado por su vinculación con una red delictiva dedicada a la extorsión de transportistas, secuestro y robo de vehículos de carga en la autopista Puebla-Veracruz.
Apenas el pasado fin de semana se había dado a conocer la aprehensión de Said de Jesús Godos Luna, presidente municipal de Tepeyahualco, por presunto abuso de autoridad, incumplimiento de un deber legal y cohecho. El edil había llegado nuevamente al cargo para el periodo 2024-2027 después de haberlo ocupado entre 2021 y 2024.
Ya son ocho los ediles en funciones detenidos desde 2025 y no es casualidad ni son casos aislados.
El dato político es contundente: el fenómeno no se limita a un partido. Las investigaciones y detenciones han alcanzado a gobiernos emanados de Morena, Movimiento Ciudadano y otras fuerzas políticas.
Eso conduce a una primera conclusión: sería demasiado fácil –y probablemente demasiado cómodo– explicar todo como una simple purga de Morena, PT o de Movimiento Ciudadano. No lo parece. Si existe una operación política detrás, su lógica sería más amplia: limpiar el tablero municipal antes de que los alcaldes se conviertan en operadores electorales con recursos, estructuras territoriales y capacidad para negociar candidaturas rumbo a 2027.
O para intentar reelegirse y continuar como los grandes capos de sus municipios.
Y aquí aparece la verdadera dimensión política del asunto.
Los presidentes municipales tienen algo que cualquier partido necesita para una elección: dinero y territorio. Controlan estructuras, policías, programas, obra pública, relaciones con empresarios, organizaciones sociales, operadores políticos y, en muchos casos, redes clientelares. Un alcalde que pretende reelegirse no solo busca conservar un cargo: busca conservar una plataforma de poder y de impunidad.
Por eso las detenciones adquieren una lectura doble. En el expediente judicial significan presuntas responsabilidades que deberán probarse ante un juez. En el terreno político significan algo distinto: la eliminación de jugadores impresentables que pretendían llegar vivos y fuertes a la sucesión de 2027.
El caso de Tepeyahualco es particularmente ilustrativo. Godos Luna buscó y consiguió la reelección, primero bajo Compromiso por Puebla y posteriormente bajo Movimiento Ciudadano. Ahora enfrenta un proceso penal por presuntos delitos vinculados con el ejercicio de la autoridad. Es precisamente ese tipo de trayectoria la que obliga a mirar más allá de la fotografía de la detención: los gobiernos municipales se han convertido en una de las principales arenas de disputa por el poder que viene.
En el caso del edil de Esperanza, nadie se explica cómo es que su partido, Morena, no se percató antes de sus nexos criminales y por qué le permitió reelegirse en el cargo.
Si lo sabían, malo; si no lo sabían, peor.
Pero hay otra lectura, mucho más incómoda.
Si las investigaciones avanzan y las imputaciones terminan acreditándose judicialmente, entonces Puebla estaría descubriendo algo que durante años permaneció debajo de la alfombra: en determinados municipios, el poder político y el poder criminal dejaron de ser mundos separados.
De hecho, conviven, se alimentan, coexisten, sobreviven…
Y el problema no necesariamente comienza en la presidencia municipal. Puede comenzar en las policías, en las direcciones de seguridad, en los permisos, en las obras, en el transporte, en los negocios, en el cobro de piso, en el robo de combustible o de carga y terminar contaminando al gobierno entero.
La purga de alcaldes en Puebla apenas empezó; son varios más los que están en la lista.
¿Se han desatado los demonios en Puebla?
Sí, y eso no es precisamente una mala noticia.