Una realidad que avanza sin ningún atajo es que Morena está perdiendo rápidamente a los movimientos sociales, cuyos integrantes cada vez se identifican menos con el partido Regeneración Nacional y con los gobiernos morenistas. Una situación que está derivando en un aumento constante de desencuentros, de confrontaciones, de alejamiento, entre quienes encabezan diversas causas populares y los actores que llevan los hilos conductores de la 4T.
En Morena desde hace algunos años, tal vez el último lustro, sus dirigentes, sus operadores, sus líderes, se han olvidado de los temas sociales. Son asuntos que nunca están presentes en ninguna discusión del partido. Lo único que sí les ocupa es en construir estructuras electorales y tildar de “enemigos” de la 4T a todos aquellos que ejercen un mínimo de crítica contra dicha expresión política.
Una muestra es la siguiente: la línea discursiva de Morena en Puebla a lo largo de los 12 meses anteriores se redujo a tres temas fundamentales: alcanzar la insensata meta de afiliar a un millón de personas en el estado, defender los excesos de sus alcaldes y criticar a la oposición.
Y nunca hubo la más mínima preocupación a los problemas que dejó la privatización del agua, la crisis del manejo de la basura, la violencia de género, las luchas campesinas de la cuenca Libres-Oriental y los conflictos que han ocurrido en instituciones públicas de educación superior, solo por citar algunos casos.
Dicho comportamiento es, en mucho, porque en Morena se ha perdido el rumbo y la conciencia de cómo nació esta fuerza política.
El triunfo de Andrés Manuel López Obrador y de todos los candidatos morenistas que ganaron un cargo de elección popular en 2018, es porque detrás de la 4T venía un apoyo popular inusitado de múltiples movimientos sociales que confiaban en que sus causas encontrarían atención y solución en el nuevo régimen.
El grueso de los promotores del voto a favor de la 4T en el proceso electoral de 2018 eran las organizaciones, los colectivos, los activistas de movimientos feministas, ambientalistas, de los desaparecidos, de las causas indígenas y de los problemas del campo. Los que luchan contra los llamados “proyectos de muerte”, los cacicazgos, la homofobia y la discriminación, contra la violación a los derechos humanos.
Ahora Morena está totalmente alejado de todas esas expresiones.
Es cierto que una de las estrategias que ha utilizado la derecha es crear falsos movimientos sociales, cuyo único propósito es atacar las políticas públicas de la 4T y en particular las que se diseñan desde la Presidencia de la República.
Para ello se utiliza la difusión de argumentos limitados y absurdos, que se concentran en redes sociales y que casi nunca tienen un apoyo social.
Pero al mismo tiempo, Morena se ha alejado de los movimientos sociales que sí son consistentes, que tienen una base real de activistas y generan discusiones profundas sobre problemas públicos o de causas sociales, que claman justicia y exigen frenar abusos.
La 4T debería tener la capacidad de distinguir cuáles son los movimientos reales y ponerles atención. Además de construir organizaciones de base para apoyar las causas sociales apegadas a los principios de izquierda. Pero al final, no hay el más mínimo esfuerzo de acercarse a los esfuerzos colectivos a favor de la justicia.
Ejemplos de ese desdén morenista hay muchos, como son: no atender la discusión pública de lo que implica el regreso del fracking para explotar los yacimientos de hidrocarburos, el no criticar “el coqueteo” oficial que hay con la minería a cielo abierto y el no decir nada frente las insuficientes acciones de parte de la Procuraduría Federal de Protección al Medio Ambiente.
En Puebla, en específico, los dirigentes de Morena tienen una actitud de incomprensión y de “oídos sordos” frente al debate que se ha manifestado en asuntos tales como: lo turbio e imprecisos que son los proyectos de saneamiento de los ríos Atoyac, Lerma y Tula; las críticas hacia los planes del Cablebús, del parque de residuos de San José Chiapa y de los desarrollos que ponen en riesgo los acuíferos de los volcanes.
“Un botón de muestra” de lo anterior es lo siguiente: a partir de este lunes se ha convocado –en la capital del estado– a un foro denominado: “Política Ambiental Nacional y Procesos Globales”, por parte del Colegio de México, de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, del Colegio de Puebla y de otras instancias oficiales locales.
Uno de los asuntos que se tratará en ese foro es el saneamiento de la Cuenca Alta del Atoyac. Y resulta que se invitó a todo mundo, menos a las organizaciones sociales que han denunciado y analizado la contaminación de ese río, además de criticar las estrategias para combatir la polución.
Por esa razón los ambientalistas, así como los colectivos feministas, de la diversidad sexual y de búsqueda de desaparecidos, están perdiendo toda identidad con Morena.
Las agendas legislativas de la 4T, de pronto, parecen estar dirigidas a beneficiar a los que provocan problemas de contaminación y que atentan contra los derechos ciudadanos.
En Morena se engañan sus dirigentes creyendo que todos los ciudadanos que expresan –en las encuestas– un rechazo a votar a favor del partido son parte de la derecha. Hoy en día, mucha de la gente que no se manifiesta a favor de esta expresión política son en realidad los desencantados de la 4T.
