En mi columna del lunes 26 de noviembre escribí unas líneas que terminaron por confirmarse en el primer mensaje del presidente Enrique Peña Nieto: la urgente, inmediata, necesaria hechura de un par de reformas: la Fiscal y la Energética.
Y es que para que los ambiciosos proyectos anunciados el 1 de diciembre se cumplan son necesarios infinitos recursos económicos, recursos que sólo podrán multiplicarse si el gobierno abre las puertas del capital privado a Pemex -como ya ocurre disimuladamente- y pone en marcha una auténtica Reforma Hacendaria que no termine en miscelánea o tendajón.
Son previsibles las protestas de los diversos organizaciones sociales que cotidianamente se oponen al incremento del IVA, única medida real aunque dolorosa que le daría dinero fresco al gobierno.
También es previsible la indignada queja del indignado senador Manuel Bartlett, arduo defensor de la soberanía energética.
Cierto: habrá manifestaciones encendidas, desplegados, gritos furiosos, pero si la administración Peña termina por ceder, como lo hicieron sus antecesores en la Presidencia, se habrá perdido una gran oportunidad de sacar al país del bache en el que estamos.
Es claro que el denominado Pacto por México firmado este domingo tiene en la mira, entre otras cosas, la aprobación consensada de las reformas.
Y en esto ya están trabajando el Presidente, los gobernadores, los partidos políticos y las bancadas legislativas.
Remito al lector a las líneas que escribí una semana atrás, cuando aseguré que antes que los comicios en Puebla Enrique Peña Nieto tenía otras prioridades.
Vea el lector:
Quienes creen que el primer pensamiento de Enrique Peña Nieto a la hora de rendir protesta como Presidente de México será el de las elecciones poblanas en 2013 están rotundamente equivocados.
Tampoco pensará en ese tema cuando viaje a Palacio Nacional en su Lincoln negro blindado, equivalente local de “La Bestia” de Obama.
En su primer mensaje –oh, decepción- no estarán presentes esos comicios.
Menos aún en la salutación del Campo Marte.
Impensable en la primera noche en Los pinos.
El tema surgirá en forma al regreso de las vacaciones de Navidad y Fin de Año.
Será entonces cuando alguien lo comente y éste tome la forma de una burbuja de jabón: se elevará por unos segundos y, ¡plop!, estallará en el aire.
Hay asuntos verdaderamente importantes para el 2013.
Los dos claves: las reformas Fiscal y Energética.
Reformas que han estado durmiendo el Sueño de los Justos durante sexenios enteros.
Reformas postergadas necesaria e innecesariamente.
El Presidente (electo) Peña Nieto sabe que PEMEX es la parte toral de su sexenio.
Si fracasa la empresa, pierde todo.
Si la empresa triunfa, gana todo.
No hay medias tintas.
Y para ello requiere la Reforma Energética.
En la agenda del próximo Gobierno las prioridades para el primer año son, pues, las dos reformas.
Reformas que sólo tendrán vida con el voto indispensable de la bancada panista.
PRI y PAN juntos otra vez, pero ahora en la zona más profunda de la encrucijada nacional.
Las primeras pláticas ya se dieron.
Hay promesas de marchar del brazo.
Codo con codo.
Cueste lo que cueste.
Y la idea es que dichas reformas sean votadas en los primeros meses de 2013.
Antes de los comicios poblanos.
En política, ya se sabe, los acuerdos son sagrados.
Y el año electoral no escapa a esos acuerdos.
Al contrario: será parte de ellos.
Una de las primeras apuestas electorales del Presidente Peña Nieto será la de ir sembrando el campo para que florezca en el 2015, cuando se renovará la Cámara de Diputados.
Una mayoría legislativa abrumadora es la meta para entonces.
Ésa es la elección clave.
La inercia del PRI en Puebla es el mejor ejemplo del franco desinterés que hay sobre el tema.
Y es que mientras el gobernador Rafael Moreno Valle mueve sus fichas abrumadoramente, los priistas poblanos se solazan en el mar de las ambigüedades y los buenos deseos.
Y así no se ganan las elecciones.
Es clarísimo: los comicios poblanos pasarán por los acuerdos de las reformas Fiscal y Energética.
Lo que salga de ahí marcará los derroteros.
Todo Cambia Para que Todo Siga Igual. El mismo día que salió publicada esta columna hubo movimientos en el PRI estatal: Pablo Fernández del Campo sustituyó a Fernando Morales Martínez en la dirigencia estatal del partidazo.
¿Qué pasó a partir de entonces?
Nada.
Ni una señal.
Ni una clave.
Y es que todo mundo esperaba un personaje realmente fuerte (un ex gobernador con carácter) que le hiciera contrapeso al gobernador Rafael Moreno Valle.
Del tamaño del capital político de Pablo es el interés que hay en Los Pinos en esta trama.
No podría ser de otra manera: las prioridades son las prioridades.
El Grupo Real de Poder. La dupla Videgaray-Lozoya lleva mano en las dos reformas.
Amigos de mucho tiempo, se entienden a la perfección: como dos jugadores de tenis en una final de dobles.
En ese sentido se moverán en la cancha.
Entendiendo hasta los silencios.
