Hace dos décadas, México era un país muy distinto al actual. En 2005, el internet todavía no formaba parte de la vida cotidiana de la mayoría de los hogares, la escolaridad promedio era menor y millones de personas enfrentaban carencias que con el paso de los años se han reducido.
Veinte años después, los datos oficiales muestran una transformación importante, aunque desigual: México ha avanzado en educación, conectividad y reducción de la pobreza, pero persisten diferencias profundas entre regiones y grupos de población.
El cambio no puede medirse con un solo indicador. Para entender cuánto ha cambiado el país entre 2005 y 2025 es necesario observar cómo viven los mexicanos, cuánto estudian, qué acceso tienen a la tecnología y cómo ha evolucionado su situación económica.
Un país mucho más conectado
Uno de los cambios más evidentes está en la tecnología.
En 2005, el acceso a internet todavía era reducido y la computadora no formaba parte del equipamiento habitual de la mayoría de los hogares. El Conteo de Población y Vivienda de ese año ya permitía identificar la disponibilidad de computadora, televisión, refrigerador y otros bienes en las viviendas.
La realidad actual es radicalmente diferente.
De acuerdo con la Endutih 2024, 83.1% de la población mexicana de seis años o más utilizó internet durante ese año. Además, el acceso alcanzó niveles muy superiores a los registrados una década atrás: en 2015, 57.4% de las personas de seis años o más utilizaban internet; para 2025 la proporción llegó a 86.1%.
El cambio también modificó la manera en que los mexicanos trabajan, estudian, compran, se informan y se comunican.
Sin embargo, la brecha digital no ha desaparecido. En 2024, 16.9% de la población de seis años o más no utilizó internet; entre las principales razones estuvieron no saber utilizarlo, no necesitarlo o no contar con recursos económicos.
Los mexicanos estudian más
Otro cambio estructural ocurrió en la educación.
El grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más pasó de 7.5 años en 2000 a 9.7 años en 2020. Es decir, en dos décadas el promedio aumentó 2.2 años y pasó de ubicarse alrededor del primer año de secundaria a alcanzar prácticamente la secundaria terminada.
La transformación también redujo la brecha educativa entre hombres y mujeres.
En 2000, los hombres tenían un promedio de 7.7 años de escolaridad frente a 7.2 de las mujeres. Para 2020, los valores fueron de 9.8 y 9.6 años, respectivamente. La diferencia se redujo de 0.5 a 0.2 años.
Pero el avance nacional oculta diferencias importantes.
En 2020, Ciudad de México registró 11.5 años de escolaridad promedio, mientras que Chiapas alcanzó 7.8 años. Puebla se ubicó en 9.2 años.
Esto significa que México avanzó como conjunto, pero el lugar donde nace una persona todavía influye de manera importante en sus oportunidades educativas.
La pobreza: una historia con avances y retrocesos
La evolución económica es más compleja.
Coneval comenzó su actual medición multidimensional de la pobreza en 2008, por lo que no existe una comparación perfectamente equivalente entre 2005 y 2024. La metodología considera no sólo el ingreso, sino también carencias relacionadas con educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación.
Los datos disponibles permiten observar una transformación importante durante los últimos años.
Entre 2008 y 2018, el porcentaje de población en pobreza pasó de 44.4% a 41.9%. En ese mismo periodo, la pobreza extrema disminuyó de 11.0% a 7.4%.
El cambio fue más pronunciado posteriormente. De acuerdo con datos oficiales citados en el Programa Sectorial de Bienestar 2025-2030, la pobreza pasó de 41.9% en 2018 a 29.6% en 2024, una reducción de 12.3 puntos porcentuales.
La pandemia de la COVID-19 representó un freno importante. La pobreza extrema aumentó durante 2020, pero posteriormente volvió a disminuir. Para 2024 se ubicó en 5.3%, según los datos citados por el gobierno federal con base en la medición de Coneval.
El resultado muestra que México ha conseguido reducir la proporción de población en pobreza, aunque eso no significa que el problema esté resuelto.
Los ingresos también cambiaron, pero las brechas permanecen
La evolución de los ingresos de los hogares muestra otro lado de la transformación.
La Enigh 2024 reportó que un hogar mexicano tuvo un ingreso corriente promedio mensual de 25 mil 955 pesos y un gasto corriente monetario promedio de 15 mil 891 pesos. Los alimentos, bebidas y tabaco representaron 37.7% del gasto monetario, mientras que transporte y comunicaciones concentraron 19.5%.
La comparación histórica disponible en la nueva serie muestra que entre 2016 y 2024 el ingreso corriente promedio de los hogares aumentó 10.8% en términos reales, mientras que el ingreso proveniente del trabajo creció 13.2%.
Pero el crecimiento no ha beneficiado a todos por igual.
En 2024, el ingreso monetario promedio mensual de los hombres fue 4 mil 111 pesos superior al de las mujeres. Además, las personas que se consideran indígenas o hablan una lengua indígena registraron ingresos 26% menores al promedio nacional.
Es decir, el México de 2025 tiene mejores indicadores en varios rubros, pero las desigualdades económicas siguen siendo una de las principales características del país.
Las viviendas también muestran el cambio
Las condiciones materiales de los hogares han mejorado a lo largo de las décadas.
El Conteo de 2005 ya mostraba un incremento en la disponibilidad de servicios respecto a 2000. Para entonces, 96.6% de las viviendas tenía electricidad, 92.7% contaba con drenaje y 87.8% disponía de agua entubada, de acuerdo con los datos nacionales del Inegi.
En 2020, el país contaba con 35.2 millones de viviendas particulares habitadas, y el Inegi mantiene series comparables de servicios como agua entubada, drenaje y electricidad para 2000, 2005, 2010 y 2020.
El acceso a servicios básicos, por tanto, ha avanzado, aunque las diferencias regionales continúan siendo evidentes, particularmente en las zonas con mayor rezago social.
Un México más grande y distinto demográficamente
También cambió la composición de la población.
El Conteo 2005 fue levantado específicamente para identificar los cambios demográficos, económicos y sociales del país y ofrecer información comparable entre entidades y municipios.
Dos décadas después, México ronda los 132 millones de habitantes. El Banco Mundial registra una población de 131.9 millones para 2025 y una esperanza de vida de 75 años en 2024.
Esto implica que el país no sólo tiene más habitantes: también enfrenta nuevas necesidades en materia de empleo, vivienda, salud, educación, movilidad y atención a una población que envejece gradualmente.
Entonces, ¿cuánto ha cambiado México?
La respuesta está lejos de ser simplemente “mucho” o “poco”.
México de 2025 es más conectado, tiene mayor escolaridad promedio y registra una proporción de pobreza menor que hace una década. También cuenta con mejores condiciones de acceso a servicios básicos y una economía familiar cuyo ingreso promedio ha aumentado en términos reales en los años recientes.
Pero el avance ha sido desigual.
La brecha entre entidades con alta y baja escolaridad continúa; millones de personas todavía enfrentan carencias; persisten diferencias de ingreso entre hombres y mujeres y entre población indígena y el promedio nacional; y la conectividad digital, aunque masiva, todavía no es universal.
Por eso, mirar los últimos 20 años permite entender algo más importante que una lista de cifras: México sí cambió de manera profunda, pero la transformación no ocurrió al mismo ritmo para todos.
El país que en 2005 comenzaba a incorporar internet y nuevas tecnologías a la vida cotidiana llegó a 2025 con una población mayoritariamente conectada y con avances sociales significativos. El reto para los siguientes años será convertir esos avances en mayores oportunidades y una reducción más profunda de las brechas que todavía dividen al país.
