En San Pedro Cholula todavía no hay convocatoria, proceso ni candidaturas. Pero eso nunca ha impedido que en la política poblana aparezcan quienes ya conocen el resultado, el método, los adversarios y hasta dónde será la cena de celebración.
En Cholula, además, la política tiene algo de genealogía. Siempre aparece alguien dispuesto a demostrar que su familia llegó primero, que conoce mejor las campanas, que acumula más generaciones enterradas en el panteón y que, por alguna misteriosa disposición del derecho consuetudinario cholulteca, eso le concede más derechos políticos que al vecino.
Casi falta solicitar árbol genealógico antes de entregar la constancia de residencia.
Por eso resulta interesante lo que empieza a ocurrir alrededor de María de la Barreda Angon.
El nombre de la diputada local aparece cada vez con mayor frecuencia cuando se habla del futuro de San Pedro. Que será, que no será; que alguien la impulsa, que alguien pretende frenarla; que ya existe una decisión y hasta quienes aseguran conocer el resultado de encuestas que todavía ni terminan de levantarse.
Calma. Pero tampoco la pierdan de vista.
Porque mientras algunos pretenden repartir certificados de cholultequidad ancestral, María tiene algo que no se fabrica seis meses antes de una elección: historia en el territorio.
Creció en Jesús Tlatempa, estudió en San Pedro Cholula, ha desarrollado ahí su vida y actualmente reside en Santiago Mixquitla.
Y no es solamente domicilio.
Su paso por la presidencia honoraria del Patronato del DIF municipal, durante el gobierno de Paola Angón, su madre, la llevó a recorrer comunidades, entrar en contacto con familias y conocer esa otra Cholula que casi nunca aparece en la fotografía turística: la de los barrios, las necesidades cotidianas, las mujeres, los adultos mayores y las redes comunitarias.
Ahí puede estar uno de sus principales activos: cercanía.
Después vinieron otras responsabilidades y otros territorios. Y eso, lejos de descholultequizarla –si semejante verbo existe–, le permitió ampliar relaciones, experiencia y conocimiento político.
Así que cuando comiencen las encuestas de verdad habrá que observar algo más interesante que los trascendidos: qué tanto la conocen, qué positivos conserva, cuánto puede crecer y, sobre todo, qué capacidad tiene para convertir arraigo y cercanía en intención de voto.
Porque una cosa es aparecer en la conversación. Y otra empezar a aparecer en los números.
Luego aparecerá, inevitablemente, el apellido.
Y con él, su progenitora.
Es natural. La política tiene memoria. Lo que resulta más complicado es convertir el parentesco en una especie de cuenta pública hereditaria.
Nadie escoge a su familia. Si se pudiera, probablemente habría políticos poblanos haciendo fila desde las cinco de la mañana en el Registro Civil para solicitar cambio de padres, hermanos, primos y, en algunos casos, hasta de compadres. Conozco varios casos.
María no puede cobrar políticamente los aciertos de su madre. Tampoco tendría que pagar automáticamente por sus errores.
Cada quien con su historia.
Y enfrente tampoco tendría necesariamente que aparecer una enemiga.
Algunos parecen empeñados en escribir desde ahora una batalla inevitable entre María de la Barreda y la alcaldesa Tonantzin Fernández. Quizá porque una sucesión civilizada vende menos periódicos que una guerra.
Pero no necesariamente tiene que ocurrir así.
Tonantzin enfrenta una circunstancia bastante diferente. Gobernar desgasta, y su administración comienza a cargar tanto con ese desgaste como con decisiones propias que deberá explicar y defender.
Tiene todavía tiempo para corregir, recomponer y entregar resultados. También para bajarle a su soberbia.
No necesita que María la ataque para tener problemas. Y María tampoco necesita atacar a Tonantzin para construir una alternativa.
Esa diferencia puede terminar siendo mucho más importante de lo que hoy parece.
Porque mientras una tendrá que defender lo realizado desde el gobierno municipal, la otra podría construir desde el arraigo, la cercanía y su propia trayectoria una propuesta diferente, sin necesidad de convertir San Pedro en un campo de batalla.
Incluso podría suceder algo bastante menos emocionante para quienes viven del pleito: que hubiera entendimiento político.
Que llegado el momento, Tonantzin, quien no está precisamente en los afectos de 01, encontrara una ruta para continuar su carrera y seguir sumando dentro del proyecto de transformación desde otro espacio –¿por qué no nuevamente el Congreso?– mientras otra candidatura pudiera ampliar acuerdos, recuperar sectores distantes y construir una mayoría más amplia en San Pedro Cholula.
¿Imposible?
Por favor.
En la política poblana hemos visto matrimonios bastante más extraños.
Y quizá San Pedro lo agradecería.
Porque estamos hablando de Cholula, una de las ciudades milenarias fundamentales para comprender la historia del valle. Una comunidad construida alrededor de barrios, templos, mayordomías, tradiciones y formas de organización que han sobrevivido conquistas, guerras, revoluciones y una cantidad bastante respetable de pésimos presidentes municipales.
Pero cuidado con contemplarla solamente desde la pirámide.
La Cholula contemporánea ya no cabe en la postal.
Forma parte de una zona metropolitana en expansión. Ahí conviven barrios ancestrales con nuevos desarrollos; comunidades tradicionales con habitantes recién llegados; crecimiento económico con presión inmobiliaria; además de problemas de movilidad, seguridad, servicios públicos, agua y ordenamiento territorial.
El próximo gobierno tendrá que entender simultáneamente la Cholula milenaria y la Cholula metropolitana.
Y eso exige bastante más que ganar una elección.
Requiere construir acuerdos suficientemente amplios para gobernar después de contar los votos. Alejar confrontaciones innecesarias, incorporar sectores y comprender que destrozar políticamente al adversario puede proporcionar una bonita noche electoral, pero deja tres años bastante incómodos para administrar el municipio.
Y hablando precisamente de Cholula, quizá todos deberían moderar sus impulsos bélicos.
Porque si algo no necesita esta ciudad rumbo a 2027 es otra matanza de Cholula.
Con la de 1519 basta.
Que haya competencia. Que contrasten trayectorias. Que lleguen las encuestas. Que cada quien enseñe sus cartas cuando corresponda y que la ciudadanía termine resolviendo.
Tonantzin todavía tiene tiempo para gobernar, corregir y recomponer.
María tiene tiempo para seguir construyendo cercanía, arraigo y positivos.
Y quienes ya comenzaron a repartir candidaturas pueden seguir haciéndolo. Es gratis.
Lo único cierto es que 2027, que hasta hace poco parecía lejano, ya comienza a asomarse por la esquina.
Entonces veremos quién creció, quién corrigió, quién fue capaz de construir acuerdos y quién confundió el ruido de los trascendidos con respaldo ciudadano.
Hasta entonces, entre tantos nombres que comienzan a circular alrededor de la ciudad milenaria, conviene apuntar uno en la libreta.
No pierdan de vista a María de la Barreda Angon.
