Llama mucho la atención que, en fechas recientes, los dirigentes estatales de Morena cada vez adaptan más sus mensajes al viejo lenguaje del PRI, mediante la utilización de términos que en su momentos significaron las peores prácticas antidemocráticas del priismo. Tales como decir que la oposición acabará siendo exterminada.
Ejemplo claro ocurrió esta semana, durante una de las conferencias oficiales del partido Regeneración Nacional, en donde se definió que Morena el próximo año va a ganar “el carro completo”, que es una de las expresiones más clásicas del autoritarismo priista. Esto al vaticinar que los candidatos morenistas van a arrasar con las 26 diputaciones locales, las 16 diputaciones federales y el grueso de los 217 ayuntamientos del estado de Puebla que el próximo año se van a renovar.
Por si fuera poco, en esa misma rueda de prensa, los dirigentes morenistas se atrevieron a decir que el PAN poblano el próximo año va a desaparecer, que va a perder su registro como partido en el estado, pese a que es una fuerza política que en la última contienda ganó más de un millón de votos, equivalente al 32% de los sufragios que llegaron a las urnas.
Tales expresiones salieron de las bocas de Olga Lucía Romero Garci-Crespo y de Alfonso Bermúdez, en su calidad de presidenta estatal y representante de Morena ante los órganos electorales, respectivamente.
Se podría suponer que ambos directivos morenistas acaban exhibiendo su ignorancia sobre lo que significan esas expresiones, pero el problema no se reduce solo a eso, pues desde hace mucho tiempos los encargados de conducir al partido Regeneración Nacional no son capaces de hablar, de exponer, lo que significa el proyecto de transformación de la 4T.
Todo se reduce a hablar desde una lógica de ganar el poder político y derrotar, o mejor dicho, exterminar a la oposición.
Alguien les tendría que explicar a Romero y Bermúdez que Andrés Manuel López Obrador, el fundador de Morena, desde que empezó a recorrer el país en los años 90 del siglo pasado centraba su lucha política en acabar con
lo que significaba e implicaba que el PRI en cada proceso electoral obtuviera “el carro completo”.
La expresión del “carro completo” surgió en el último tercio de la dictadura de Porfirio Díaz y se utilizaba para identificar el poder que adquirían los hacendados porfiristas que acababan controlando todo lo que había en cada una de las regiones del país, como era la producción agrícola, los cargos electorales, el comercio, los bancos y los servicios públicos.
Cuando un hacendado tenía el poder y la simpatía de Porfirio Díaz, se decía: “ya tiene el carro completo”.
Es en el movimiento maderista donde se plantea, por primera vez, que era necesario acabar con “el carro completo” del porfirismo, que siempre se quedaba con todos los cargos que estaban en juego en cada elección.
Años más tarde, después del triunfo de la Revolución y la caída del porfiriato, el PRI acabó apropiándose de la figura del “carro completo”, que no era otra cosa que la hegemonía absoluta que ejerció hasta finales del siglo XX, a nivel nacional, y en varias regiones del país hasta la primera década de la actual centuria.
“Carro completo” significaba que de todas las posiciones que estaban en juego en un proceso electoral, el tricolor las ganaba todas, “por las buenas o por las malas”. O, como decía el panista Felipe Calderón: “haiga sido como haiga sido”, en relación a su triunfo fraudulento en la elección presidencial de 2006.
Para lograr “el carro completo” en el PRI había tres vías fundamentales: el acarreo masivo de votantes el día de la elección, ocupar todos los espacios propagandísticos en una contienda política y volcar el uso de los recursos públicos a favor de los candidatos priistas.
Implicaba siempre desplegar un discurso de amenazas, de advertencias, de que la oposición iba a desaparecer o ser exterminada. Situación que llevaba a que el PRI nunca reconocía un triunfo de sus rivales. Dicho de otra manera el tricolor sofocaba la pluralidad y la democracia de México.
El obradorismo surgió de Tabasco para todo el país como un movimiento que luchaba contra ese modelo de hegemonía priista.
Y ahora resulta que los dirigentes estatales de Morena se sienten orgullosos de hablar al estilo del PRI primitivo. El que había antes de la llegada de la democracia a México.
