En México, cada vez más personas viven solas y el fenómeno ya forma parte de la transformación demográfica del país. Los hogares unipersonales pasaron de representar 8.8% del total en 2010 a 12.4% en 2020, de acuerdo con datos del Censo de Población y Vivienda, mientras que la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid) 2023 ubicó la proporción en 14%.
El cambio no ocurre de manera aislada. También se ha reducido el tamaño promedio de los hogares: en 2023 había 38.9 millones de hogares en México, con un promedio de 3.3 integrantes, frente a los 3.5 registrados en 2020. En paralelo, los hogares de dos personas se convirtieron en los más frecuentes, al representar 22% del total.
Una transformación que viene de décadas atrás
La tendencia hacia hogares más pequeños comenzó a consolidarse desde finales del siglo pasado. Datos retomados por el Consejo Nacional de Población (Conapo) muestran que el tamaño promedio de los hogares mexicanos pasó de 4.9 integrantes en 1990 a 3.5 en 2020.
En ese mismo periodo, los hogares formados por una sola persona registraron uno de los cambios más pronunciados: pasaron de 4.9% en 1990 a 12.4% en 2020, más del doble en tres décadas.
El Infonavit, a partir de información de los censos del Inegi, también identifica esta evolución como un cambio estructural. Su análisis señala que en 2020 los hogares unipersonales alcanzaron su máximo histórico de las últimas cuatro décadas, con un incremento de 3.6 puntos porcentuales respecto de 2010.
No es solamente una cuestión de soltería
Vivir solo no necesariamente significa que una persona nunca haya tenido pareja. Detrás de los hogares unipersonales existen distintas circunstancias: emancipación de los hijos, separación o divorcio, viudez, migración por estudios o trabajo y la decisión personal de vivir de manera independiente.
La demógrafa Gabriela Rodríguez, entonces secretaria general del Conapo, explicó a partir de los datos del Censo 2020 que la formación de hogares unipersonales responde a una multiplicidad de causas, entre ellas la migración, las separaciones, la viudez, la salida de los hijos del hogar familiar y la elección personal de vivir solo.
Esto resulta relevante porque hogar unipersonal y persona soltera no son conceptos equivalentes. Una persona puede estar divorciada, viuda o separada, o simplemente vivir de manera independiente, y formar un hogar unipersonal.
Menos hijos, hogares más pequeños
Otro elemento que acompaña esta transformación es el descenso de la fecundidad.
La Enadid 2023 registró una Tasa Global de Fecundidad de 1.60 hijos por mujer, por debajo de los 2.07 registrados 2018 y de los 2.21 de 2014. Al mismo tiempo, la proporción de personas casadas disminuyó de 39.9% en 2018 a 35.9% en 2023, mientras que la unión libre aumentó de 18.1 a 19.1%.
El Conapo ha vinculado estos cambios con una transición demográfica más amplia, marcada por mayor escolaridad, incorporación de las mujeres al mercado laboral y modificaciones en las formas de convivencia familiar.
La estructura de los hogares también se ha diversificado. De acuerdo con Conapo, los hogares formados por parejas con hijos representaban 57% en 1990, pero para 2020 habían descendido a 38.9%.
El fenómeno no se distribuye igual en todo el país
La expansión de los hogares unipersonales presenta diferencias importantes entre entidades.
En 2023, Colima y Baja California Sur registraron los porcentajes más altos, con 19.4% cada uno, seguidos por Ciudad de México, con 18.6%; Baja California, con 17.7%, y Quintana Roo, con 17%.
La concentración en entidades urbanas o con alta movilidad poblacional permite observar que la vivienda individual también está relacionada con procesos de migración, movilidad laboral, independencia económica y concentración de población en ciudades.
Ya desde el análisis histórico del Inegi sobre los hogares unipersonales se advertía que algunas entidades convertidas en polos de desarrollo registraban crecimientos particularmente elevados, fenómeno relacionado entonces con la migración hacia esas regiones.
Un reto para vivienda, economía y políticas públicas
El crecimiento de las personas que viven solas tiene consecuencias que van más allá de la composición familiar.
Un hogar de una sola persona implica una vivienda, servicios, equipamiento y gastos que recaen sobre un solo ingreso, a diferencia de un hogar donde varias personas pueden compartir los costos.
Por ello, el cambio demográfico también representa un desafío para las políticas de vivienda, movilidad, servicios públicos, cuidados y seguridad social. La CEPAL ha señalado que la estructura y composición de los hogares son relevantes para comprender la distribución de recursos, el ahorro y las condiciones económicas de las familias, por lo que las políticas públicas requieren considerar esta diversidad.
El propio Inegi define al hogar como la persona o grupo de personas que comparte una vivienda, independientemente de que exista o no parentesco entre ellas. Bajo esa definición, vivir solo constituye una forma de hogar plenamente reconocida estadísticamente, no una anomalía dentro de la estructura social.
La familia mexicana está cambiando
Los datos muestran que el crecimiento de los hogares unipersonales forma parte de una transformación más amplia: familias más pequeñas, menor fecundidad, mayor diversidad en las formas de convivencia y una población que envejece.
En 2023, las personas de 60 años y más representaban 14.7% de la población, mientras que el porcentaje de hogares unipersonales alcanzó 14 por ciento.
Así, vivir solo ya no puede entenderse únicamente como una decisión individual. Es también el resultado de cambios demográficos, económicos y sociales acumulados durante décadas.
México no está dejando atrás a la familia; está modificando la manera en que sus habitantes la forman, la viven y, cada vez con mayor frecuencia, la manera en que habitan una vivienda por cuenta propia.
