La combinación del fenómeno meteorológico de El Niño con el estrés hídrico estructural ha convertido la disponibilidad de agua potable en un factor que impacta tanto a la economía de los hogares como a las finanzas públicas. De acuerdo con información oficial del Inegi, la ENIGH y la Conagua, además de las variaciones en las lluvias, la infraestructura deteriorada y las deficiencias en la distribución agravan el problema.
Uno de los principales efectos se refleja en el gasto de las familias. Aunque la mayoría de las viviendas cuenta con acceso a agua entubada, la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) indica que 33.5% de los hogares, equivalente a más de 11.5 millones de viviendas, no recibe suministro diario, situación que obliga a muchas personas a depender del tandeo o enfrentar periodos de desabasto.
Ante esta situación, numerosas familias recurren a la contratación de pipas de agua o a la compra de agua embotellada, lo que representa un gasto adicional. De acuerdo con los datos presentados, los hogares con menores ingresos pueden destinar hasta 10% de sus percepciones mensuales para garantizar el acceso al agua, mientras que quienes tienen mayor capacidad económica cuentan con infraestructura como cisternas y sistemas de filtración.
Fugas e infraestructura generan pérdidas millonarias
La problemática también representa un reto para los organismos operadores y los gobiernos locales. La Conagua estima que cerca del 40% del agua potable destinada al abastecimiento público se pierde por fugas en redes de distribución con infraestructura deteriorada.
Por su parte, las Cuentas Económicas y Ecológicas del Inegi señalan que el costo económico asociado al agotamiento del agua subterránea y a la degradación del recurso superficial ascendió a 102 mil 029.4 millones de pesos, equivalente al 0.32% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional en un ejercicio fiscal.
En cuanto al uso del recurso, la Conagua reporta que el 76% del volumen concesionado para uso consuntivo corresponde al sector agrícola, mientras que 14.9% se destina al abastecimiento público y 4.6% a la industria autoabastecida.
Las cifras oficiales indican que la disponibilidad de agua enfrenta presiones derivadas tanto de factores climáticos como de las condiciones de infraestructura y gestión, lo que plantea la necesidad de fortalecer las inversiones en rehabilitación de redes y saneamiento.
