Aunque todavía hay un largo plazo de hasta seis meses para tomar la mejor decisión, en el PAN es sombrío el panorama para encontrar un candidato fuerte a la alcaldía de la ciudad de Puebla, que es “la cereza del pastel” en el proceso electoral que se avecina. Las confrontaciones y divisiones internas del partido complican el camino para alcanzar el consenso en torno a una figura que compita contra la 4T. Al mismo tiempo, la mayor parte de los aspirantes –que han manifestado un posible interés de buscar la postulación– no gozan de un buen nivel de popularidad que les permita enfrentar a Morena, un partido que ya está en una campaña desde hace varios meses.
Dicha situación es un reflejo claro del fracaso del relanzamiento del PAN que impulsó hace siete meses Jorge Romero Herrera, el presidente nacional del partido de la derecha, pues con el cambio de imagen y de los estatutos internos de esta fuerza política se supone que se llevaría al panismo a abrirse a los candidatos ciudadanos que, aunque no tengan alguna trayectoria en el albiazul, se les impulsaría por ser garantía de triunfos electorales.
Hasta ahora, en el firmamento del municipio de Puebla no se percibe que pudiera aparecer un candidato externo con suficiente popularidad, arrojo y manejo político para recuperar los índices de votación del PAN y, sobre todo, que aproveche el desgaste de poder y escándalos que enfrentan un número importante de gobernantes surgidos de las filas de la 4T.
Ese proceso de apertura ha sido tan malogrado que, hasta ahora, en la mayoría de los municipios importantes del estado de Puebla, incluida la capital, los nombres de quienes tienen posibilidades de ser candidatos, en su mayoría, son panistas que pertenecen a las corrientes tradicionales de esta fuerza política. Es decir, no hay nada nuevo en el camino. El proceso de “ciudadanización” no cuajó.
Para el caso de la ciudad de Puebla hay una situación inédita y relevante, que es el hecho de que por primera vez solo son mujeres las que estarían, por ahora, interesadas en la nominación para competir por el gobierno de la Angelópolis.
Es destacado este aspecto por los rasgos misóginos que siguen presentes en el Partido Acción Nacional.
Son cinco, las mujeres que están en la lista de aspirantes, cuatro son militantes panistas y una es expriista.
Todas han sido legisladoras en algún momento, pero ninguna de ellas proviene del llamado espacio “ciudadano”, que se supone es la puerta para atraer votos de electores ajenos al PAN.
Ellas son: Genoveva Huerta Villegas y Liliana Ortiz, quienes son diputadas federales; la legisladora local Susana Riestra Piña; así como Mónica Rodríguez Della Vecchia, quien fue parte de la anterior bancada panista en el Congreso del estado, y Blanca Alcalá Ruiz, exmilitantes priista con una extensa carrera política, que incluye haber sido la primera alcaldesa de la ciudad de Puebla.
De los cinco nombres, a excepción de Blanca Alcalá Ruiz, el resto –por ahora– sus nombres no aparecen bien posicionados en las encuestas que han estado midiendo los índices de popularidad de quienes podrían figurar en las boletas electorales del próximo año.
Sin duda alguna, de esa quinteta quien tendría que ser la candidata es Blanca Alcalá por varias razones, entre ellas una cerrera única que la ha llevado a ser diputada –en los ámbitos local y federal–, senadora, embajadora, dirigente partidista y alcaldesa de la capital.
De los últimos 10 ediles que ha tenido la ciudad de Puebla, el nombre de Blanca Alcalá siempre aparece entre los tres mejor valorados. Su gestión se destacó por buenos niveles de aceptación ciudadana, por no enfrentar escándalos de corrupción y por haber sido la primera en imprimir una visión de género al gobierno de la capital.
Lo que no ayuda para nada es que, por su pasado priista de tres décadas, no es bien vista por las fuerzas tradicionales del PAN y en general por la derecha poblana. Eso dificultaría el sumar a todas las facciones panistas en torno a su posible postulación.
A lo anterior se debe agregar el poco interés que Alcalá ha mostrado por volver a competir. Ingresó al PAN como activista externa para construir alianzas electorales, pero no se le ve el más mínimo ánimo para volver a pelear la alcaldía de Puebla.
No se sabe si ese comportamiento obedece a que no quiere arriesgarse a perder otra vez una contienda electoral –luego de que fue derrotada en la lucha por la gubernatura en 2016– o porque sabe de la complejidad que implica ser aceptada por la militancia panista, que suele ser excluyente y clasista.
En cambio, la propuesta del Yunque, que es la organización de extrema derecha que controla a gran parte del PAN, es Liliana Ortiz Pérez, la esposa del exalcalde Eduardo Rivera Pérez.
Ortiz tiene a su favor una imagen fresca y que tiene mucha identidad con los grupos tradicionales del PAN. El problema que enfrenta es que su esposo, Eduardo Rivera, está confrontado con la mitad del partido, como resultado de que en el proceso electoral de 2024 –en el cual fracasó como candidato a la gubernatura del estado– fue excluyente con la mayor parte de las corrientes internas del albiazul. Una actitud que no le acaban de perdonar.
Susana Riestra Piña es una legisladora dinámica, con buena presencia y con un desempeño mediático aceptable. No le ayuda que su hermano Mario Riestra es presidente estatal del PAN y, entonces, ante los ojos de muchos panistas, su postulación se apreciaría como “un proyecto familiar” y no como resultado de la búsqueda de una candidata fuerte para la capital.
Genoveva Huerta Villegas y Mónica Rodríguez Della Vecchia tienen una fuerte identidad panista y son de las pocas voces críticas hacia la 4T. Su principal dificultad –por ahora– es que sus nombres no crecen en los índices de intención del voto.
