Esa es la pregunta que toda la Puebla política e informada se hace últimamente.
Y es que todo parece indicar que la fortuna –esa diosa veleidosa y muchas veces inesperada– le ha cambiado de un día para el otro.
Tanto que hasta ya le sonríe.
¿Por qué?
Es sencillo: el inminente arribo de Ariadna Montiel Reyes a la dirigencia nacional de Morena lo fortalece sobremanera.
Y no solo eso: lo mete de lleno, ahora sí, a la carrera por la candidatura a la Presidencia Municipal de Puebla.
Una carrera en la que, hay que decirlo, solo ha dado pasos en falso, cometido errores y titubeado, fiel a su conocido estilo, reflejo de lo que se puede denominar: su sangre pesada.
Operadora política excepcional, lopezobradorista consumada, Ariadna Montiel ha sido su jefa durante mucho tiempo en la Secretaría del Bienestar federal, que ha dejado para sustituir a la incolora e insonora Luisa María Alcalde Luján al frente del partido.
La nueva dirigente de Morena aprecia a Rodrigo Abdala de forma especial y lo tiene por funcionario eficaz y comprometido con el régimen.
Sabe que el delegado federal de los Programas para el Desarrollo en el estado de Puebla es uno de los fundadores de la 4T y que eso lo distingue de otros que llegaron cuando ya el movimiento de Andrés Manuel López Obrador había probado de las mieles del poder.
No estoy diciendo que la llegada de Ariadna Montiel al CEN del partido guinda signifique que Abdala vaya a ser el candidato, ni mucho menos.
Simplemente que ahora sí el aspirante –apenas hace unos días se destapó– tiene una aliada de peso en el epicentro de las decisiones y una aliada con información de primera mano que, si bien debe mostrar neutralidad, es humana y, como tal, tiene preferencias y empatías, así como animadversiones.
Rodrigo Abdala Dartigues, sobrino político del exgobernador Manuel Bartlett Díaz, es todo un caso.
En el pasado reciente ha intentado ser candidato a la gubernatura y a la alcaldía de Puebla, sin éxito.
Y honestamente todo el “círculo rojo poblano” se pregunta no solo cómo es que no lo ha logrado, sino por qué diablos no ha crecido –como político y en las encuestas acreditadas– si lleva años al mando de los programas de Bienestar del Gobierno federal en el estado.
Porque qué mejor plataforma que esa para posicionarse y superar a sus competidores.
Conozco a varios y varias aspirantes que matarían por tener acceso a los padrones de beneficiarios de los programas de Bienestar, por manejar o administrar los millones y millones de pesos destinados a los pobres de este país y por tener contacto directo con la base electoral de Morena.
Abdala goza de ello, desde hace años, pero como diría mi abuelita: ni fu ni fa.
Sin duda la designación de Ariadna Montiel en la dirigencia de Morena es una excelente noticia para él y motivo de su repentina felicidad.
No obstante, eso no es ni será suficiente para alcanzar su objetivo.
Rodrigo Abdala debe cambiar urgentemente de estrategia –o de estrategas.
De nada le sirven las encuestas “patito” que manda a hacer y publicar para difundir un posicionamiento que sencillamente no corresponde con la realidad: su realidad.
Por supuesto que no está ni cerca de ese “segundo lugar” y publicitarlo no le ayuda, ni se ayuda.
Tampoco esa extraña forma de comunicar, donde luce como pedante, sobrado y acartonado –por decirlo con mucha decencia.
ffffff
Abdala debe reenfocarse, si es que de verdad quiere competir, y entender que además de lo de su querida jefa, se le ha abierto una gran ventana de oportunidad.
Y se le abrió sin querer queriendo luego de que el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, se bajó de una contienda a la que realmente nunca se subió.
Es decir, el gobernador realmente se ha quedado sin carta masculina (lo de Raymundo Atanacio es un pésimo chiste) para disputar al alcalde José Chedraui Budib la candidatura si es que Morena decide que para Puebla capital debe ser candidato y no candidata.
“Es tiempo de mujeres”, ha dicho insistentemente Alejandro Armenta Mier, rodeado de sus tres cartas: Laura Artemisa García Chávez, Gabriela Sánchez Saavedra y Celina Peña Guzmán.
Pero realmente no hay certeza del género.
Ello depende de muchos –y a veces muy extraños– factores nacionales y locales.
En Rodrigo Abdala, en nadie más, está convertirse en esa carta masculina del gobernador poblano.
Para lo que se ofrezca, si es que se ofrece.
Para estar ahí, por si acaso.
Luce difícil, sí, pero en política nada es imposible.
No se olvide lo que dice aquella célebre máxima de José Ortega y Gasset:
“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”.
