Hay que reconocerlo. Donald Trump tiene suerte. Bastante suerte, de hecho. Ha salido ileso de un tercer atentado en menos de dos años. No es el único mandatario que la ha podido contar, pero es bastante notorio que los intentos por acabar con su vida empiezan a ser, no solo recurrentes, sino llamativamente frecuentes.
Otro susto. El reciente tiroteo, del pasado sábado 25 de abril, en las inmediaciones del hotel Hilton de Washington D. C., cerró con saldo blanco y solo quedó en un susto. Afortunadamente. Un profesor, de 31 años, Cole Tomas Allen, desarrollador de videojuegos e ingeniero, que trabajaba en un instituto educativo en la localidad de Torrance, California, casi cambia el rumbo de Norteamérica.
Condecorado como maestro del mes, en diciembre de 2024, Tomas decidió trastocar su vida y entró en el lobby del mencionado hotel, armado con una escopeta, una pistola, cuchillos y dagas, irrumpiendo en la gala de corresponsales de la Casa Blanca y poniendo, con el alma en vilo, a todos los asistentes. Tras un breve intercambio de disparos, en segundos fue reducido por los agentes del servicio secreto.
No era el primero. De hecho, el bautismo de fuego de Donald Trump fue en julio de 2024, cuando un tirador solitario, apostado en un techo a escasos centenares de metros desde donde hablaba el futuro presidente, arrancó de un balazo algunos centímetros de la oreja derecha del candidato Trump. En pleno mitin de la campaña presidencial. Esto sucedió en Butler, Pensilvania.
Igual que la foto del Che Guevara –inmortalizada por Korda– en los años 1960, se convirtió en emblema de la lucha contra el imperialismo, la foto de Doug Mills, con la bala destrozando la oreja de Trump, pasó a los anales sagrados del movimiento MAGA (Make America Great Again). La policía arrestó al tirador.
El segundo intento de acabar con la vida de Trump fue en septiembre de 2024, en el campo de golf del presidente, en West Palm, Florida, cuando un hombre fue descubierto con un rifle de mira telescópica, presto para accionar el gatillo. También fue reducido.
De haber conseguido el profesor Cole su objetivo, Trump hubiera sido el quinto presidente de Estados Unidos –en ejercicio– que hubiera perdido la vida. Cómo no recordar los magnicidios del carismático y luchador contra la esclavitud, Abraham Lincoln en 1865, James Garfield en 1881, William McKinley en 1901, y el luchador por las libertades cívicas, John F. Kennedy, en 1965.
Donald Trump ha sido el único presidente en ejercicio que ha sobrevivido a un atentado –habiendo sido herido–, junto con el también republicano Ronald Reagan en 1981.
La pregunta que todo el mundo se hace es saber si este atentado será el último. Porque en este tema surgen dos grandes interrogantes. La primera es ¿por qué el nivel de seguridad que protege al presidente del país más poderoso del mundo, los Estados Unidos de América, es tan deficiente?
Y la segunda es saber hasta qué punto la sociedad estadounidense está dividida y polarizada que muchos de sus ciudadanos, incluso votantes de Trump y seguidores del movimiento MAGA, empiezan a querer derribar al líder del Ejecutivo.
Se avecinan áreas enormes de oportunidad para el señor Trump en los siguientes meses. Sobre todo si quiere salir bien parado de las elecciones de medio término de noviembre 2026.
Dr. Oscar Tendero García, catedrático de Historia y de Geopolítica internacional. Conferencista. Asesor.
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