La visita del gobernador Alejandro Armenta Mier a Tehuacán, hace unos días, no fue ninguna casualidad.
Tampoco solo una gira política.
Fue una intervención en toda regla.
Un manotazo en la mesa.
Y es que llegó un momento en el que el Ayuntamiento tehuacanero no solo no corrigió el desorden heredado por Pedro Tepole, sino que lo profundizó.
Bajo la gestión del impresentable Alejandro Barroso Chávez, la crisis escaló: denuncias empresariales, presión sistemática y un desinterés y una incapacidad evidentes para contener los conflictos sociales y políticos.
Un valemadrismo institucional municipal que debería ser todo un escándalo.
El punto de quiebre no es menor.
Durante su visita, ocurrida días antes de Semana Santa, el propio gobernador reconoció públicamente la existencia de empresarios extorsionados y fijó una postura: el estado interviene para poner fin.
Llamó a las y los empresarios a denunciar el delito de corrupción y extorsión en el municipio, ya que su gobierno –subrayó– no será tapadera de ningún funcionario.
Y puntualizó que quien cometa dicha acción será sancionado contundentemente; para ello incluso anunció que se establecerá una mesa permanente de atención a través del fiscal especializado en Combate a la Corrupción, Rubén Alberto Curiel Tejeda.
¿Así o más evidente el caos en que el edil tiene sumido a Tehuacán?
Ya el conflicto ha dejado de ser local y se convirtió en asunto de poder estatal.
Cómo estará el lodazal, y de qué nivel será la molestia de Alejandro Armenta con Alejandro Barroso, que en el comunicado oficial del Gobierno del estado que dio cuenta de las actividades del gobernador en Tehuacán, el alcalde de Morena ni siquiera fue mencionado.
Extorsiones protegidas desde el poder municipal, desabasto de agua, delincuencia desbordada…
En ese contexto, el papel de la empresa Colorado Ecoterra es central.
No como actor circunstancial, sino como factor de presión legítima.
Una empresa que decidió no someterse a los mecanismos de control informal, que enfrentó a los cacicazgos locales y que denunció antes de que el estado tomara cartas en el asunto.
Aquí conté el problema:
El contraste es claro: mientras unos acudieron a lo institucional, otros optaron por bloqueos y cierre de calles.
Pero eso no es protesta, es presión y hasta chantaje.
El estado llegó tarde, pero llegó con determinación.
Y cuando interviene, no equilibra: redefine.
A esto se suma una señal inequívoca: los recientes nombramientos del gobernador.
Armenta Mier ha mostrado mano dura y ha dejado muy claro que en Tehuacán no habrá espacio para actores que generen ruido.
El mensaje de fondo es contundente: Barroso está políticamente borrado.
Es un estorbo, un bulto que solo contamina y hace daño.
La actual presidenta de Morena, Olga Romero Garci-Crespo, aparece al centro de la escena como posicionamiento claro.
¿Será ella la candidata?
Eso está por verse.
Depende muchos factores.
Pero algo es cierto: Tehuacán entra en una etapa de reconfiguración donde solo un perfil con legitimidad podrá unificar a la sociedad y al empresariado.
El proyecto de reelección de Barroso no es un sueño guajiro: es un insulto al gobernador, a Morena, al pueblo tehuacanero…
¿O alguien todavía lo duda?
