La noticia está en todos lados, medios nacionales e internacionales reportan la Masacre en Tehuitzingo. Una familia entera asesinada a sangre fría la noche del 16 de mayo en este municipio de Puebla. ¿Qué sucedió?
José Alfredo N. acabó con la vida de todos sus familiares y los trabajadores que, esa noche, tuvieron la desfortuna de dormir en aquella casa.
El joven, adicto a las drogas, mató a los primeros afuera de la casa, entró, seguramente acompañado por más, los ató de manos y terminó con sus vidas.
Todos los cuerpos tienen el tiro de gracia.
José Alfredo no distinguió edades porque se llevó también a su hermano de solo 15 años, José María; mató a sus papás Cecilio y Marcela; a sus otros dos hermanos, Gabriela, de 22 años, y Roberto, de 34.
Su hermana Gabriela, de 22 años, todavía estaba viva cuando la trasladaban al hospital, pero le habían disparado también en la cabeza, así que murió en poco tiempo.
Su hermano Roberto estaba casado con Marta, una mujer de 29 años que también fue masacrada junto con su bebé Carolina, quien apenas tenía un mes de nacida. Ella era su sobrinita.
Siete miembros de su familia y tres víctimas más, los trabajadores Efrén, José y Kevin, de solo 15 años, que estaban esa noche ahí. Dos eran mecánicos y el otro manejaba una retroexcavadora para unos trabajos que hacían en el lugar.
La historia tiene tal simpleza que es difícil comprender, porque estamos acostumbrados tal vez a ajustes de cuentas, a pelea entre bandas, a un robo y no, lamentablemente fue un tema familiar.
José Alfredo es un adicto a las drogas, su familia, la que hoy está muerta, intentó ayudarlo llevándolo a un anexo.
Este joven escapó y fue a “cobrar venganza”, mató a todos a quienes culpaba de sus adicciones y la imposibilidad de salir de ellas.
José Alfredo escapó y está libre.
Apenas sobreviven algunos familiares cercanos, la hermana de Don Cecilio, quien pide justicia.

