A continuación, le dejo un extracto de mi participación en el conversatorio al que fui invitado en el Instituto de Ciencias y Humanidades de la BUAP:
Por diferentes circunstancias, en los últimos días leí un interesantísimo libro que me obsequió Carlos Rocha titulado “Frente al poder. Trump, Bezos y el Washington Post” escrito por quien fuera su director, Martin Baron, uno de los periodistas vivos más reconocidos del orbe.
Casi inmediatamente después de terminarlo –o diría más bien de disfrutarlo por las historias y conflictos que cuenta sobre su estancia en uno de los mejores periódicos del mundo, el que detonó el célebre escándalo del Watergate que provocó la dimisión del presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, en agosto de 1974– comencé a leer otro libro que me regaló por mi cumpleaños Flora Molina.
Este texto escrito por el docente e investigador del Colegio de México, Carlos Bravo Regidor, reúne 14 entrevistas a distintos intelectuales y pensadores sobre la democracia, el populismo de izquierda y de derecha, y los viejos y nuevos fascismos en países de América, Asia y Europa.
“Mar de dudas. Conversaciones para navegar en el desconcierto”, del que apenas he leído un par de capítulos, y que es motivo de un seminario abierto coordinado por José Ramón López Rubí y Víctor Reynoso en la librería Profética, aborda los riesgos que hoy enfrenta la democracia y cómo los regímenes populistas y neofascistas buscan silenciar y terminar con la prensa libre e independiente.
Hago esta introducción para aclarar que las reflexiones que aquí expondré están influenciadas por estas lecturas, ampliamente recomendables.
Mi primer apunte en esta mesa de discusión convocada por el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la BUAP, uno de los pocos espacios de debate y reflexión que subsisten en nuestra máxima casa de estudios, es el siguiente: sin prensa libre e independiente no puede haber democracia, y sin democracia tampoco puede haber prensa independiente.
En otras palabras, sin periodistas y medios de comunicación que ejerzan a plenitud la libertad de expresión y el derecho a informar, y se conviertan en el instrumento de la sociedad para que los políticos y gobernantes rindan cuentas de sus acciones y de los recursos públicos que manejan, no puede existir un sistema democrático verdadero.
Podríamos clasificar ese sistema de semi competitivo, de partido hegemónico o de partido predominante, en la tipología clásica de Giovanni Sartori; de populista de izquierda o populista de derecha, de fascista o neofascista, de dictablanda o dictadura, mas no como democrático.
Para ningún observador político pasa inadvertido que la democracia liberal, republicana y constitucional atraviesa por una crisis y severos cuestionamientos como forma de vida y como forma de gobierno, y que los sistemas democráticos muestran desviaciones por métodos y prácticas viciadas de la que se han valido caudillos, populistas y fascistas encubiertos para ganar elecciones por voto universal, directo y secreto, como Andrés Manuel López Obrador en México, o por la vía indirecta a través de representantes ciudadanos, como Donald Trump en los Estados Unidos.
Un defecto de la democracia es que puede degenerar en populismo hasta el punto de aquella sea casi irreconocible, cuando el gobernante surgido de un proceso electoral se asume y se proclama como la voz del pueblo bueno y sabio, como la única mayoría que vale y cuenta porque todas las mayorías previas son espurias o fraudulentas, y como el líder que encarna al verdadero pueblo por encima de la Constitución, los otros poderes y las instituciones.
Si bien en México ha habido alternancia en la presidencia, en el Congreso y en la mayoría de las gubernaturas estatales, lo cierto es que nuestro sistema democrático, lejos de consolidarse, está experimentando retrocesos y el populismo está apropiándose de él.
Son varias las causas, pero para no perderme del propósito de esta mesa de debate, insisto en que los populistas vienen ganando terreno, imponiendo su narrativa y debilitando a los contrapesos reales y formales, por la ausencia de una prensa libre, independiente y no subordinada a las pautas y convenios publicitarios del gobierno.
Los medios de comunicación no hemos encontrado un modelo de negocio exitoso que tenga como sustento la información noticiosa, su análisis e interpretación, y que logre cubrir sus gastos, coberturas e investigaciones con los fondos de sus audiencias y suscriptores.
El gran reto continúa siendo convertirnos en canales de comunicación confiables entre la sociedad y sus gobernantes y viceversa, en garantes de los principios y valores democráticos como la libertad, la igualdad, la justicia, el pluralismo, la tolerancia y la participación en la toma de decisiones.
En los ojos, oídos y voz de los ciudadanos para que haya elecciones libres, periódicas y competitivas, respeto al Estado de derecho, división de poderes, rendición de cuentas y transparencia, protección a las minorías y respeto a los derechos humanos.
Los periodistas tendríamos que ser la red de seguridad de la democracia y el dique contra el populismo que amenaza y vulnera sus principios, valores, instituciones, métodos y formas.
No por nada los populistas atacan a los medios y periodistas críticos, los demandan, difaman, desprestigian y les declaran la guerra.
Eso explica por qué presidentes tan aparentemente disímbolos en su origen e ideología, pero populistas, unos de extrema derecha como Donald Trump y otros de izquierda como Andrés Manuel López Obrador —y sus adláteres en los estados gobernados por Morena— no se cansan de repetir que están en guerra con los medios de comunicación, de buscar la forma de someterlos, y de identificar a estos y a los periodistas que no se les subordinan, como el partido de la oposición.
Frente a esta embestida, los medios y periodistas deberíamos hacer nuestras las palabras del que fuera director del Washington Post, Martin Baron, en el sentido de que nosotros, a diferencia de ellos, no estamos en guerra, sino haciendo nuestro trabajo, es decir reporteando, investigando, verificando y publicando aquellos asuntos que los ciudadanos quieren conocer para vivir mejor, para evaluar el desempeño de quienes nos dirigen y gobiernan y para que construir ciudadanía y dejar de ser súbditos que callan y obedecen.
Tareas y responsabilidades muy demandantes, pero que nos recuerdan que el periodismo, el buen periodismo, no es para los pobres de espíritu.
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DICIPA se perfila a ganar licitación de pruebas de laboratorio en el ISSSTEP
Una licitación para contratar el servicio integral de laboratorio y análisis clínicos para el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado de Puebla (ISSSTEP) parece tener dedicatoria para una de las empresas participantes: DICIPA S.A. de C.V.
La presunción se basa en el acta de la junta de aclaraciones de la licitación pública nacional GEP-SPFA-LPN-016-012/2026 celebrada ayer martes en las instalaciones de la Dirección de Adquisiciones de Bienes y Servicios de la Secretaría de Planeación, Finanzas y Administración.
En la sesión interviene el representante de Grupo Clínico de la Hoz & Crystal y el de DICIPA, haciendo preguntas y planteamientos parecidos, pero que tuvieron respuestas muy diferentes.
El primero solicita a la convocante se permita integrar las pruebas 45 Cromosoma Philadelphia y PCR para tuberculosis al anexo 3 pruebas especiales, por tratarse de pruebas de baja demanda y la repuesta de la autoridad fue que tal propuesta no se aceptaba, por lo que invitaban a la empresa a apegarse a los requisitos de la licitación.
El de DICIPA, en la pregunta 43 también solicita que la prueba de somatomedina C, dada su baja productividad, sea procesada por un laboratorio de referencia con el compromiso del licitante de absorber el costo adicional.
Aquí la repuesta de la autoridad fue positiva, aceptando la propuesta sin limitarla a los demás participantes de la licitación.
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Regidora reclama transparencia, pero a su gestión la ASF le observó 216 mdp
Quien fuera directora de Egresos en la gestión municipal del priista Lorenzo Rivera Nava, Mónica Cano es actualmente regidora de Chignahuapan en el gobierno del morenista Juan Rivera Trejo.
Es regidora de Movimiento Ciudadano y desde su posición viene exigiendo transparencia al actual ayuntamiento, lo que no está mal, sólo que la administración anterior, de la cual formó parte en un puesto clave para la salida de dinero, tiene observaciones de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) por 216.3 millones de pesos.
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