Amigo lector, el próximo 5 de junio se estrenará la película “México 86”, obra coescrita por Gabriel Ripstein y Daniel Krauze, dirigida por Gabriel Ripstein y con la producción y actuación de Diego Luna.
Esta columna no es un “spoiler” a la película porque no la he visto, pero la historia sí la conozco de viva voz por unos de los protagonistas de la misma.
La película gira sobre tres ejes principalmente por lo que nos han dejado ver en los tráileres.
La elección de la sede del Mundial del 86.
El desarrollo de la justa mundialista que tuvo tres grandes ganadores Argentina, Maradona y México como país y la afición.
Y, por último, el castigo que sufrieron la Femexfut y el fútbol mexicano de no participar en justas internacionales oficiales por un periodo de 2 años (marginándonos del Mundial Juvenil 89, Juegos Olímpicos 88 y el Mundial de Italia 90).
En esta entrega abordaremos los puntos primero y tercero.
Le daré un preámbulo que muy pocos conocen sobre el Mundial de “Colombia 86”, el mundial que nunca fue…
La FIFA le otorgó la sede a Colombia en 1974, fue una de las primeras acciones desarrolladas por la gestión de João Havelange, quien recientemente había sido electo presidente de la FIFA.
Su campaña por la presidencia giró en obtener los votos de las federaciones y confederaciones pequeñas y que por siempre fueron marginadas por Europa de las decisiones y de los grandes eventos.
Por eso mismo, lo primero que hizo fue entregarle la sede del 86 a un país latinoamericano que encajaba perfectamente en el estereotipo de las federaciones que lo llevaron a la Presidencia de FIFA.
En ese entonces, el presidente de Colombia era Alfonso López Michelsen y el presidente de la Federación Colombiana de fútbol era Alfonso Senior Quevedo.
Ambos compartían la visión del escaparate mundial que sería para Colombia como país la vitrina del Mundial y el motor de desarrollo económico que puede ser una justa mundialista y, sobre todo, el desarrollo del fútbol colombiano.
Tan grandes era sus expectativas que para la clasificación del Mundial de España 82 contrataron al doctor Carlos Salvador Bilardo con miras a que fuera el técnico de dos ciclos mundialistas, el de España 82 y el de Colombia 86.
Bilardo había llegado al fútbol colombiano vía el Deportivo Cali en el periodo 1976-1979.
Equipo al que llevó a disputar la final de la Copa Libertadores de 1978 ante Boca Juniors, que lamentablemente perdió.
Su paso por el fútbol colombiano sentó las bases del profesionalismo y disciplina táctica que permitieron el surgimiento de la brillante generación colombiana de finales de los 80 y principios de los 90, encabezados por el “Pibe” Valderrama y René Higuita, con la dirección técnica de Francisco Maturana.
De ese tamaño eran las expectativas de Colombia a finales de los 70 para su mundial del 86.
Imagínese, amigo lector, los colombianos tenían ya al futuro técnico campeón del Mundial 86.
No andaban tan errados sus dirigentes, desgraciadamente dar una sede con tanta anticipación (12 años) no es bueno, ya que en ese periodo las personas, el entorno y las circunstancias cambian.
Para el 82, el presidente del país era Belisario Betancur y el presidente de la Federación Colombiana era León Londoño Tamayo, quienes no compartían la idea original de los que consiguieron la sede en el 74.
Aparte que las condiciones que FIFA requería de un país para organizar un mundial eran mucho más altas que las del 74, por evolución propia de la justa y de los negocios alrededor de una Copa del Mundo, la cual estaba en plena “evolución y ebullición”.
Imagínese, amigo lector, que la FIFA requería estadios con una capacidad mínima de 40 mil espectadores para la fase de grupos.
60 mil para las sedes de fases eliminatorias y 80 mil para el partido inaugural y final.
Colombia no contaba con esa infraestructura, y si a eso le sumamos su tan complicada orografía, propia del país para poder contar con vías de comunicación terrestre y aéreas eficientes.
Y lo más complicado, la escalada de violencia por su lucha contra el narcotráfico.
Era imposible poder ser un país sede de una Copa del Mundo.
Como preámbulo, podemos decir que Havelange llegó a la Presidencia de FIFA en el 74, su primer Mundial bajo su mandato y dirección fue Argentina 78.
Un Mundial muy complicado de gestionar y difícil de hacerlo rentable, porque en el poder estaba la Junta Militar del general Videla y eso ponía en jaque todo.
Ahí aprendió Havelange que nunca más estaría bajo las órdenes o condiciones de ningún gobierno y mucho menos de militares.
Las condiciones las pondría la FIFA y ningún gobierno por muy poderoso que fuera le marcarían las condiciones.
En este Mundial del 78 Havelange hizo que Adidas y Coca-Cola fueran sus dos principales sponsors y con quienes llevaría al cielo las finanzas de la FIFA.
El Mundial de España 82 fue un éxito tanto en lo deportivo y, sobre todo, en lo económico. La única sombra que hubo fue por un partido en la fase de grupos entre Alemania vs. Austria, el cual se le conoce como la “desgracia de Gijón”, donde ambas selecciones pactaron un resultado 1-0 favorable a Alemania que le daba la clasificación a la siguiente ronda a ambas selecciones.
Esta mancha existió, pero no fue tan escandalosa como el 6-0 de Argentina a Perú en el Mundial del 78.
Esos dos marcadores mostraban que la FIFA no era un “dechado de pureza” en sus acciones y mucho menos en su proceder económico y hasta deportivo.
Para llegar a ser el ente internacional exitoso que es hoy, la FIFA tenía permitido hacer todo y de todo con tal de maximizar sus ganancias.
Ahora sí, después de este preámbulo, entramos a la parte medular de esta columna, donde le platicaré los acontecimientos que la película de Netflix presentará a manera de sátira y con tintes cómicos.
Es una historia de ficción que está inspirada en un contexto político y social de los años 80 en México y el mundo.
En esa década empezaban los años de oro del capitalismo salvaje, donde Estados Unidos era su máximo y mejor exponente.
Desde 1981 era un secreto a voces que Colombia renunciaría a ser sede mundialista.
Que FIFA veía con preocupación que el éxito económico y desarrollo que se había alcanzado en España 82 tuviera un retroceso con Colombia 86.
Por lo mismo, todos estaban a la expectativa y había dos hombres de negocios que asistían a la final de España 82 con sus familias y antes de acudir al estadio pasaron a comer a Casa Lucio en Madrid, Emilio Azcárraga Milmo y Guillermo Cañedo, y en medio de uno “huevos rotos” y una “gambas al ajillo”, Azcárraga le dio instrucciones a Cañedo que en cuanto Colombia renunciara a ser sede, México debería de levantar la mano ante Havelange para ser considerados como la mejor sede alterna para el Mundial del 86.
Ojo, amigo lector, (le dijo a Cañedo) “levantar la mano ante Havelange”, tal cual.
El buscar la mayoría de los 24 votos de los miembros del Consejo de FIFA era secundario. Tenían que hacerlo primero ante el voto del “gran elector”, João Havelange.
Y así fue “se fueron con todo y por todo”, esa era la instrucción del “Tigre” Azcárraga.
Guillermo Cañedo, un genio empresarial que se movía mejor que nadie las altas esferas políticas y empresariales de México y Latinoamérica.
Un hombre agradable, refinado, elegante, creíble de grandes ideas y una espectacular capacidad de negociación.
Para esto era necesario un Dream Team, y vaya que lo conjuntaron.
Justino Compeán, Oscar Gutiérrez, Rafael del Castillo, Rómulo O’Farril, Emilio Diez Barroso y hasta Fernando Schwartz lo conjuntaban, pura gente de prestigio y probada capacidad y lealtad.
Primeramente, a los más importantes hombres de negocios y directores de corporativos en México les llegó una invitación muy elegante y persuasiva que los invitaba a un desayuno en el penthouse del edificio sede de la Cámara de Comercio en Polanco, firmada por Guillermo Cañedo de la Bárcena.
Los medios de comunicación también fueron convocados.
La expectativa que se generó fue enorme, tan fue así que la asistencia superó la capacidad del lugar por mucho.
Se tuvo que improvisar en el acomodo de las mesas y sillas para poder sentar a todos los asistentes.
Tuvieron que pedir apoyo a restaurantes vecinos para cubrir el déficit en los alimentos del banquete.
El encargado de coordinar este evento fue Justino Compeán, hombre recién llegado a las filas de Televisa por recomendación de su suegro (en segundas nupcias), Rómulo O’Farril.
Volviendo al desayuno, en este evento se hizo público el interés de la Femexfut por pedir la sede del Mundial del 86, para lo cual necesitaban el apoyo incondicional y vasto de la iniciativa privada para organizar la fiesta mundialista.
Y junto con el apoyo incondicional del presidente Miguel de la Madrid Hurtado y de todos los niveles de gobierno, el Dream Team se puso a la tarea de visitar una a una las 24 federaciones que componen el Consejo de la FIFA para explicar lo que México tenía y ofrecía como sede.
Todo se hizo en tiempo y forma, y ya solo esperaba llegar a la llamada “batalla de Estocolmo” en el hotel Sheraton de esa ciudad en Suecia.
Donde se reunía el Consejo de la FIFA para desarrollar su congreso y elegir entre las tres candidaturas de los países de América del Norte que se pronunciaron para ser sedes: Canadá, Estados Unidos y México (Brasil se postuló de inicio, pero a los pocos días retiró su candidatura).
En esta “batalla” se iba luchar con todo y también se recurriría a todo lo habido y por haber con tal de obtener la sede.
Canadá era el rival más débil de los tres.
Ya que no contaban con todos los estadios requeridos, solo ofrecían nueve y basaban todo en su experiencia de haber sido sedes de los Juegos Olímpicos de Montreal 76.
Estados Unidos ofrecían estadios que eran utilizados para béisbol y fútbol americano, pero ninguno era diseñado para el lucimiento y disfrute de un partido de fútbol soccer.
Los norteamericanos tenían como líder de su delegación al especialista en negociación en la figura de Henry Kissinger, flamante político, exsecretario de Estado de su país y un hombre con todas las relaciones políticas a nivel mundial, también llevaban de asesores a los exjugadores Pelé y Franz Beckenbauer (campeones del mundo y leyendas en mundiales) como siempre alguien diría “los norteamericanos comprando historia” al llevar a estas dos celebridades en su delegación.
México acudía con su Dream Team, pero principalmente llevaban la amistad incondicional de João Havelange con Azcárraga y Cañedo (quien quería que el Mundial se realizara en México) por sobre cualquier situación, para lo cual ya tenía todo preparado para que eso sucediera.
Aunque todos lo desconocían.
La noche anterior a la votación casi nadie durmió, ya que México y Canadá se empezaron a dar cuenta que los votos que tenían asegurados estaban cambiando hacia los Estados Unidos.
Cañedo y su Dream Team se dieron cuenta de que Estados Unidos se había movido vía sus relaciones políticas a nivel gobiernos y estaban persuadiendo a los presidentes y/o secretarios de Estado para que influyeran en sus federativos.
Ante ese poder político, México no tenía mucho que hacer y tuvo que recurrir a técnicas un poco más simples pero ingeniosas.
La primera acción fue modificar las carpetas de evaluación que se analizarían el día de la votación.
Para lo cual tuvieron que convencer al alemán Hermann Neuberger (presidente del Comité de Evaluación) de incluir una nota acerca de que de los estadios de Estados Unidos, ninguno había sido evaluado por este comité, porque la Federación norteamericana los había postulado de manera “tardía” y, por lo mismo, se desconocía sus condiciones y qué tan funcionales serían.
Neuberger, por orden de Havelange y en la madrugada, y con los recursos de esa época, añadieron esa nota.
El Dream Team ya sabía para ese momento que Suecia y Egipto ya habían cambiado su voto, y Guatemala estaba bajo una presión muy fuerte de una trasnacional con sede en Atlanta.
Y así por el estilo, cuatro países más estaban bajo acoso del gobierno y de los capitales norteamericanos.
Al amanecer, los nervios estaban a flor de piel, ya que el momento de la verdad se acercaba; las carpetas (ya modificadas) fueron entregadas a cada una de las federaciones para ser evaluadas junto con la presentación que cada país tendría de 20 minutos para presentar su candidatura.
FIFA asignó el orden de presentación de la siguiente manera: Canadá, México y Estados Unidos.
Se acordó también que las tres delegaciones estarían fuera del salón mientras los otras sedes estuvieran presentándose.
Todos estuvieron de acuerdo de realizarlo así.
Por lo que con esto, cada participante desconocía lo que sus contrincantes presentarían y pudieran cambiar su propuesta ante lo que los otros ofrecerían.
La delegación de los Estados Unidos se retiró del hotel sede y salieron para despejarse la mente y preparase para su presentación.
Canadá hizo su presentación ocupando sus 20 minutos reglamentarios.
México continúa de inmediato con su presentación, la cual consistió en unas diapositivas donde mostraban dos cosas básicamente: “la pasión del pueblo mexicano por el fútbol” y “la experiencia previa como comité organizador y de las autoridades por haber sido sede del Mundial México 70”.
Cabe aclarar una cosa: a “consejo” del propio João Havelange a Guillermo Cañedo, se le sugirió que su presentación durará 12 minutos.
Que no necesitaban más para presentarse.
México cumplió a cabalidad ese consejo y terminó ocho minutos antes su presentación.
Mientras tanto, afuera del hotel un grupo de manifestantes italianos se arremolinaban para encarar a Kissinger por el asesinato del ex primer ministro italiano Aldo Moro y que le atribuían a la Administración Carter la “no protección” al político y una supuesta amenaza-advertencia de Kissinger a Moro sobre que su vida corría peligro.
Ese grupo de manifestantes cubrieron tanto la entrada principal como la posterior y eso entorpeció la entrada de Kissinger y su comitiva.
La seguridad del hotel les abrió paso y pudieron entrar y conducirse al salón del Consejo de FIFA.
Al llegar, mayúscula sería su sorpresa al enterarse que su tiempo de exposición estaba corriendo y solo les quedaban 10 minutos.
Kissinger se inconformó con Havelange, pero este último, con voz enérgica, le hizo saber que el poder de “las barras y las estrellas” en un Consejo de FIFA desaparece.
La FIFA no es de jurisdicción de ningún país ni gobierno.
Kissinger y su delegación quedaron desconcertados y su presentación de menos de 10 minutos fue un desastre.
Hasta aquí la información que una persona protagonista de esa “epopeya” me platicó es similar a la serie de Netflix de Diego Luna.
Lo que sigue es diferente, aunque el resultado en ambas es el mismo…
México, país sede del Mundial de 1986…
Empezaré por lo que la serie comenta, ellos describen que la Delegación Mexicana en un receso cambió el orden de cómo se sentaban los miembros del Consejo (habitualmente por orden alfabético) y ahora lo pusieron a manera de que en primera instancia votarán los votos seguros para México y de esta manera en una votación que se tornaba de manera abrumadora fuera influyendo en los que no votaban aún, lo hicieran por México, ante la mayoría que iba alcanzando. Como un efecto dominó.
Al final, la votación fue una decisión unánime por México…
La otra versión que a un servidor me confió uno de los protagonistas de ese Dream Team me habla de que esa elección la ganó el gran elector de la FIFA…
Sí, adivinó usted, amigo lector, el mismísimo “jefe de jefes” (dirían los Tigres del Norte), João Havelange…
Según me dice, la noche previa, Guillermo Cañedo le dijo a Havelange “estamos muertos”, los norteamericanos ya nos quitaron votos por presiones políticas, a lo que Havelange le dijo “quédate tranquilo, ustedes hagan lo suyo y lo demás déjamelo a mí”.
Y así fue, todo transcurrió como la serie lo dice hasta llegar al momento de la votación…
Ahí, Havelange preguntó a todos si habían leído y analizado el reporte preparado por la Comisión Evaluadora que les habían entregado.
A lo que todos respondieron que sí.
Acto seguido, les preguntó si alguno tenía reparos u observaciones sobre lo leído.
A lo que nadie respondió nada…
Inmediatamente volvió a formular la misma pregunta.
Al no responder nada nadie…
Havelange, con voz enérgica y firme dijo…
“Al no haber ninguna objeción al análisis realizado por este Consejo, y ante lo escrito en este análisis, se aprueba de manera unánime. Y, por consiguiente, México, al reunir las mayores condiciones por sobre las otras sedes, es elegido para ser sede del Campeonato del Mundo de 1986”.
Para Havelange ese silencio fue la contundente votación unánime a favor de la candidatura de México.
Los miembros del Consejo se miraban sorprendidos y atónitos ante la contundencia de Havelange.
Un representante del fútbol africano tibiamente pregunto si así era la votación.
A lo que Havelange, enojado, golpeó la mesa y con voz más potente y amenazadora dijo: “ya que nadie objetó nada del informe, y en el informe México es el mejor evaluado. México es la sede del próximo Mundial”.
Y pasaron al siguiente punto de la orden del día de la Asamblea.
¿Con que versión se queda usted, amigo lector…?
¿Con la “democracia simulada” o con la “dictadura perfecta”…?
Yo, con la segunda, ¿y usted…?
Al final, el desenlace y el ganador es el mismo.
Al término de esa asamblea, Justino Compeán llevaba unas minibotellas de tequila que había metido en su equipaje y “brindaron” por el éxito de la candidatura de México todos en el Consejo, menos Estados Unidos y Canadá.
Esa misma noche, Kissinger se acercó a Havelange y a Cañedo, y al primero le confío que “había manejado la política internacional de Estados Unidos durante muchos años, incluida la guerra de los seis días entre árabes e israelíes. Hoy cometí errores que un diplomático de mi nivel no puede cometer, y por eso fracasamos. Debería de haber consultado con usted antes que nadie sobre si los Estados Unidos podrían ser sedes de un Mundial, para que usted nos tuviera en consideración como una posible sede.
“A lo cual rectifico y pongo a su consideración que los Estados Unidos puedan ser considerados como sede para el próximo Mundial que se lleve a cabo en nuestro continente y también pedirle que el señor Guillermo Cañedo sea asesor personal de nuestra Federación para organizar dicho mundial…”
A lo que Havelange le contestó que no habría ningún problema, y así fue…
Ocho años después, en 1994, los Estados Unidos fueron la sede de la Copa del Mundo.
Havelange confiaba tanto en la dupla Azcárraga-Cañedo y en su equipo de gestión que les cedió a “manos libres” la organización y ejecución del Mundial México 86 a cambio de tener asegurada una rentabilidad mayor en un 20% a la obtenida en España 82, que fue de 25 millones de dólares, a lo que la FIFA aceptó y el Mundial 86 fue un éxito rotundo.
La amistad y la relación de negocios entre Azcárraga y Havelange se entrelazó más que nunca.
Tanto éxito y cercanía que el Dream Team sentía tener fue la causa de su fracaso y debacle del fútbol mexicano.
Ya que la soberbia y prepotencia los llevó a no aceptar el castigo que en 1988 la Concacaf le había impuesto a la Selección Juvenil y a los directivos de ese entonces, encabezados por Rafael del Castillo (hay que aclarar que todos eran desechables, incluyendo a del Castillo) aunque ellos se sentían ya como empleados de “Angora” e “intocables”, por decirlo de una manera.
Para los directivos era una inhabilitación de por vida.
Realmente ese punto fue el que más le dolió a este grupo de “empleados” (ya que ese castigo había sido impuesto por Joaquín Soria Terrazas, mandamás de la Concacaf, de origen mexicano y con quien Rafael del Castillo tenía una enemistad y rivalidad muy fuerte).
Por eso acudieron muy sobrados a FIFA a “tumbar” el castigo que les habían impuesto por sus trampas en el registro de jugadores en torneos oficiales de FIFA.
Mayúscula sería su sorpresa que, ante su actitud altanera, soberbia y de nulo arrepentimiento, la FIFA no solo ratifico el castigo, sino que lo amplió a la Selección Olímpica y a la Mayor para no ir al Mundial de Italia 90.
La gente de poder como Havelange siempre tiene la última palabra. Y si palabra no se discute. Mucho menos se apela.
Primero se acepta y después se pide clemencia.
“Y así como espera tu agradecimiento en la bonanza espera tu disciplina y subordinación ante los errores”.
Y Azcárraga y Cañedo entendieron que lo que la mano derecha te dio a ganar en el 86, la mano izquierda te alinea y castiga en el 90…
No podían ganar todas…
El liderazgo y la autoridad de Havelange quedaría en entredicho.
Lo aceptaron y la amistad y los negocios continuaron.
Hasta aquí termino con este relato sobre la “batalla en Estocolmo”.
La película pinta para ser muy entretenida del nivel del “Club de Cuervos” o la saga de “El Presidente”, sobre el FIFA Gate sudamericano de Amazon.
Lo único que me deja en duda es al parecer la forma en que presentan a Hugo Sánchez, “ridiculizándolo”, esperemos que no sea así.
Ya que si eso es así, es una falta de respeto al Pentapichichi y al más grande futbolista que ha dado este país.
No imagino ridiculizando a Babe Ruth o a Michael Jordan en alguna película norteamericana. Por el contrario, ellos siempre exaltan a sus figuras y a los más grandes los convierten en héroes.
Esperemos que no sea así, ya que si eso hicieron estarían atentando contra Hugo Sánchez y contra el fútbol mexicano.
Y ninguno de los dos lo merece.
El que Hugo se haya “acalambrado” en Monterrey después de una batalla de más de 120 minutos con un calor y una humedad infernal no es para degradarlo.
Ese partido lo perdió toda la Selección completa y todos son responsables directos, no solo Hugo.
Roberto Baggio, con toda su grandeza, falló el penal decisivo en la final del 94 ante Brasil y no por eso es el responsable del fracaso de su selección.
Solo el que llega a esas instancias sabe lo que es estar ahí.
Ojalá no te hayas equivocado, Diego Luna, ya que si lo hiciste tú mismo te estarías degradando y pasarías de ser Diego Luna a ser “dieguito luna”.
“Con la vara que midas… serás medido”.
Nosotros, como siempre, seguiremos en línea.
Hasta la próxima.
Sígueme en redes:
X: @pepehanan
X: @enlineadeportiv
Instagram: @pepehanan
Tiktok: @pepehanan1
Threads: @pepehanan
Facebook: pepehanan
YouTube: enlineadeportiva
