La polémica Nayeli Salvatori Bojalil se declaró diputada local independiente y se apartó de la bancada de Morena, luego de que en las últimas dos semanas protagonizó un escándalo mayúsculo por sus expresiones agresivas y discriminatorias contra la población de la tercera edad. En redes sociales hubo una reacción negativa sobre esa decisión y lo que más abundó fue una ola de cuestionamientos tales como decir: “Primero daña al partido –de Regeneración Nacional– y luego lo abandona sintiéndose ofendida”.
Ante esta situación es necesario preguntarse: en el fondo de todo este asunto, ¿quién o quiénes son los verdaderos responsables de este escándalo que escaló en el ámbito de la opinión pública nacional?
Si se hace un análisis sereno, sin duda hay dos personajes centrales que son los directamente responsables del episodio protagonizado por las diputadas Nayeli Salvatori y Graciela Palomares Ramírez, y ellos son: Olga Lucía Romero Gracía-Crespo y Mario Delgado Carrillo, en su calidad de dirigentes de Morena.
El problema final que sale a flote es la manera en que Morena está eligiendo candidatos a cargos de elección popular.
Atrás hay un cuestionamiento que ha venido escalando en los últimos ocho años y ha provocado un fuerte malestar entre las bases del movimiento obradorista, el cual es: a la hora de elegir abanderados se privilegian intereses político y económicos de los dirigentes de Morena, se venden las candidaturas o se selecciona a personajes ajenos a la 4T, como es una larga lista de políticos que cambiaron “la camiseta” del PRI por la de Morena.
Nay Salvatori mucho antes de incursionar en la política partidista ya era famosa por su lenguaje agresivo y discriminatorio, en su fase de locutora de radio y de influencer.
Mientras que Grace Palomares, a su corta edad, ya ha recorrido todos los partidos políticos posibles. Inició en el PRI controlado por el exgobernador Mario Marín Torres. Luego saltó al Partido Verde Ecologista de México, donde se hizo diputada federal para posteriormente regresar al tricolor y terminar su gestión legislativa en Nueva Alianza. Antes de entrar a Morena, pasó también por las filas de Movimiento Ciudadano.
Ambas mujeres nunca tuvieron ni militancia ni identidad con la 4T. Fácilmente podían ser candidatas de cualquier partido político.
Su principal atributo es su alta popularidad, sobre todo de Salvatori, en el universo de las redes sociales.
En el caso de Nayeli Salvatori se sabe que, en 2024, pudo saltar de una diputación federal a una curul en el Congreso de Puebla, por una negociación que hubo directamente con Mario Delgado Carrillo, que en ese entonces era el presidente nacional de Morena.
A nivel local, Olga Lucía Romero Garci-Crespo, en su calidad de presidenta estatal de Morena, no tuvo la capacidad de advertir que ambas mujeres, pese a su popularidad y experiencia política, no tienen ningún rasgo de identidad con la 4T.
En su labor de legisladoras locales, antes de que saltara ese escándalo en el que acusan a la gente de la tercera edad de “apestar a baúl”, ya tenían actitudes contrarias a lo que se pregona en el ideario del movimiento obradorista.
Lo que ha pasado con ambas legisladoras no es un hecho aislado, es un problema recurrente en Morena: el dar candidaturas a personajes que no entienden ni comparten los principios del movimiento que fundó el expresidente Andrés Manuel López Obrador.
Ahí están los casos de Héctor Alonso Granados, en Puebla, o de Cuauhtémoc Blanco, en el ámbito nacional, que pese a ser personajes con un lenguaje violento hacia las mujeres obtuvieron cargos en Morena, pese a que es un partido que se define defensor de los derechos de género.
