Un clima de hostilidad, de miedo, se vive en las oficinas centrales del Colegio de Bachilleres de Puebla (Cobaep) por la actitud que desde hace un año ha mostrado una trabajadora, identificada como Azucena R., quien mantiene una confrontación constante con el demás personal, así como con alumnos y padres de familia. No es un asunto menor si se parte de que esta mujer –según las denuncias que se hicieron llegar a La Jornada de Oriente– al parecer acude a laborar con un arma de fuego y con un taser, que es un instrumento que se utiliza para hacer descargas eléctricas.
Un conflicto que ha sido solapado por una importante figura del morenovallismo: Cirilo Salas Hernández, quien durante el sexenio del finado exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas se desempeñó como secretario general de la sección 51 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y como diputado local del Partido Nueva Alianza.
Ahora ostenta el cargo de director de Planeación, Evaluación y Programación del Colegio de Bachilleres de Puebla, que es una de las áreas prioritarias de esta institución de educación media superior.
Llama mucho la atención que este personaje ocupe esta posición en un gobierno de la 4T, luego de que fue una figura clave para que el panista Rafael Moreno Valle Rosas se convirtiera en gobernador de Puebla.
Salas Hernández puso el SNTE 51 al servicio del PAN en el año 2010 y el sindicato magisterial se convirtió en una fuente de financiamiento, pero sobre todo de operación electoral, a favor del entonces aspirante opositor a la gubernatura de Puebla: Rafael Moreno Valle Rosas.
En el año 2022, cuando la 4T ya tenía el control del Poder Ejecutivo, Cirilo Salas fue despedido como trabajador de la Secretaría e Educación Pública (SEP) y en particular como maestro de primaria.
La razón que en ese entonces fundamentó la SEP es que el ex dirigente sindical cobró una doble plaza como docente y a lo largo de 33 meses, entre el 1 de enero de 2019 y septiembre de 2021, nunca se presentó a laborar. Se negó a volver estar frente a un grupo de alumnos, una vez que terminó su encomienda como diputado local.
Ahora no solo se hace cargo de la planeación en el Cobaep, sino también es responsable del control interno de la institución.
Una labor que parece no estar cumpliendo correctamente dado que no ha movido “un dedo” para frenar el conflicto que habría generado la trabajadora Azucena R., quien precisamente está asignada a la Dirección de Planeación, Evaluación y Programación del Colegio de Bachilleres de Puebla.
De acuerdo con una serie de denuncias que trabajadores del Cobaep hicieron llegar a este columnista, esta mujer casi a diario protagoniza un altercado con miembros del demás personal. Una situación que ya ha alcanzado a alumnos y padres de familia del colegio.
Los testimonios indican que siempre está inconforme con el Cobaep y se la pasa cuestionando las actividades laborales de la institución. Particularmente, se ha confrontado en varias ocasiones con el personal de seguridad de las oficinas centrales.
Es dada a gritar, ofender, lanzar frases discriminatorias y usar expresiones violentas, como el decir que ella “con tres dedos descuartiza” un cuerpo humano.
No pasaría a mayores si solo fueran expresiones verbales. El problema es que ya en varias ocasiones, al parecer, ha habido intentos de agresiones físicas.
Una situación que preocupa por la versión de que acude armada a trabajar. Condición que nadie ha podido probar si es verdad.
Lo que sí se ha constatado es que utilizaría un taser, que es un arma no letal que se emplea para inmovilizar a una persona con una descarga eléctrica.
Y también, según los denunciantes, utiliza un artefacto que lanza gas lacrimógeno.
Los afectados están recurriendo a denunciar a organismos de derechos humanos y medios de comunicación, toda vez que Cirilo Salas Hernández ignora los conflictos internos de la dirección que encabeza en el Cobaep.
