Las últimas encuestas levantadas en la capital y la Zona Metropolitana de Puebla apuntan a que, si en este mes de junio de 2026 fueran las elecciones, Morena ganaría con una ventaja que varía de los siete y hasta 25 puntos frente a su principal rival, que es el PAN. Mientras que el PRI se desmorona y crece Movimiento Ciudadano de manera modesta. Sin embargo, falta exactamente un año para los próximos comicios y hay varios factores que, si no se atienden a tiempo, podrían cambiar radicalmente el espejismo que se está creando de que la 4T es invencible.
Según los sondeos más recientes, Morena tiene índices de intención del voto que oscilan entre el 35 y hasta el 43%. En el caso del PAN, sus variaciones se ubican entre el 15 y hasta el 28%. Y el PRI, va del 4% y hasta un máximo de 12 puntos .
Lo que ahora están reflejando los estudios demoscópicos –en esta etapa previa a la lucha electoral de 2027– es la ausencia de una oposición fuerte, crítica y dinámica. No hay liderazgos ni contrapesos que se generen desde el PAN o de Movimiento Ciudadano.
Mientras que el PRI está borrado de la competencia electoral y camina hacia su posible desaparición.
Lo que es necesario tomar en cuenta es: los factores que podrían inyectarle un alto grado de vulnerabilidad a Morena y sus aliados son generados dentro de la misma 4T y no por la oposición.
O en su defecto por la prensa, las redes sociales y la “guerra sucia” que se detona desde los frentes antiobradoristas, que no siempre están asociados a partidos políticos y muchas de esas campañas están llegando desde el extranjero.
Para sustentar lo anterior, es necesario recordar el escenario de la elección intermedia de 2021. En esa ocasión, las encuestas en la ciudad de Puebla, en municipios como San Andrés y San Pedro Cholula, Cuautlancingo, Coronango y la mayor parte de las alcaldías de la capital del país, le daban una amplia ventaja a la 4T y al final, se acabó imponiendo el PAN, en mayor medida, y en menor medida, el PRI.
Cuatro factores vulnerables
Un primer elemento que no se está atendiendo en la 4T, que ya estuvo presente en 2021, es que al grueso de la población no le gusta la reelección. Algunos sondeos indican que entre 6 y 7 de cada 10 electores no les agrada que repita en el cargo el gobernante que está concluyendo su gestión. O que el sucesor sea un pariente.
El problema actual es que casi todos los ediles surgidos de la 4T y que están a la mitad de su primer gobierno, ya están pensando en la reelección, sin atender las debilidades de sus gestiones y el rechazo ciudadano a que repitan las autoridades municipales.
Sin contar que ignoran el llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo a respetar el principio de sufragio efectivo, no reelección.
Peor aún, varios de los alcaldes morenistas, petistas y del PVEM que quieren reelegirse están envueltos en escándalos de corrupción, ineficiencia en la atención a servicios públicos o que sus gestiones pasan totalmente inadvertidas, como son los casos de Alejandro Barroso Chávez en Tehuacán o Eliseo Morales Rosales en Izúcar de Matamoros.
O también los que han estado metidos en escándalos mediáticos, como es el caso de Juan Rivera de Chignahuapan y Carlos Barragán Amador en Xicotepec de Juárez.
Un segundo factor es la postulación de malos candidatos. Sobre todo, por la vía de los partidos aliados como el PT, Fuerza por México y el PVEM, que se rigen por intereses de grupo y nunca miden el impacto negativo de los aspirantes que nominan.
El ejemplo más notorio es el empresario Juan Lira Maldonado, alias “El Moco”, quien está detenido desde febrero pasado acusado de homicidio, lavado de dinero y robo de combustible. Este personaje fue postulado por Fuerza por México –la organización de Pedro Haces Barba– como candidato a alcalde de Chignahuapan y al final no se le dejó gobernar porque se anuló la elección, pese a que ganó las votaciones.
En la 4T nunca hubo la más mínima reacción a ese escándalo. Por el contrario, Morena le transfirió de manera ilegal un número importante de votos a Fuerza por México para que no perdiera el registro como partido político estatal.
No es un problema menor el asunto de que están llegando a la 4T cuadros con un historial negativo.
En muchos municipios ya están “formados” destacadas figuras del PRI y del PAN, incluidos algunos morenovallistas, que están listos para “la metamorfosis” de convertirse en parte de la 4T, debido a que es la vía segura para ganar diputaciones o alcaldías.
El cuestionamiento, dentro del universo morenista, es que no se advierte que el seguir abriendo las puertas a los cuadros del PRI y el PAN, lo que se hace es que la 4T absorba el desprestigio del llamado PRIAN.
El tercer factor son las confrontaciones internas. En mucho provocadas por la falta de capacidad de la dirigencia estatal de Morena, encabezada por Olga Lucía Romero Garci-Crespo, de frenar a los cuadros morenistas que, aunque parezca absurdo, se dedican a atacar a los gobiernos municipales morenistas.
Ahí está el caso de Acatlán de Osorio en donde los regidores de Morena están en contra de la alcaldesa morenista Guadalupe Lucero Bárcenas, a la que acusan de corrupción y desvío de recursos públicos. Y viceversa, la edil acusa a los miembros del Cabildo de estar coludidos con el crimen organizado.
Otro elemento muy importante es que hay un voto anti-4T que, no siempre es captado por las encuestas, que se ubica en las clases medias altas, que es un sector que no se guía por lo que hacen o no hacen los partidos de oposición, sino por las campañas mediáticas contra el movimiento obradorista.
Es un voto que, si baja el índice de participación de los electores afines a la 4T, puede acabar siendo “el fiel de la balanza” para que pierda Morena y sus aliados.
Eso pasó hace cinco años, pese a que las encuestas decían que Morena iba a arrasar.
