A Puerta Cerrada
Por: Jorge Rodríguez
Tratar de escudriñar desde ahora lo que ocurrirá en el PAN y sus partidos aliados en torno a la sucesión de gobernador de 2018 puede enfrentar un error de origen y por tanto conducir a la construcción de teorías y escenarios equivocados.
Hasta el momento, observadores y analistas del fenómeno sucesorio han caído en la elaboración de prospectivas desde el contexto político vigente al día de hoy, donde no existe más voz que la del gobernador Rafael Moreno Valle para tomar las decisiones trascendentes en el panismo del estado.
Pensar que las condiciones de ahora serán las mismas que en 2018, y que por ello tocará a Moreno Valle elegir de nueva cuenta al abanderado del PAN para contender por Casa Puebla en ese año, sería un desacierto.
De febrero de 2017 a diciembre de 2018 habrá un mandatario diferente a Moreno Valle, uno que estará en plenas facultades políticas para influir, más que ningún otro personaje, en la definición de aquel a quien entregará las llaves de gobierno al final de su corta administración.
Ese gobernador (hoy electo) es José Antonio Gali Fayad.
Luego entonces, valorar la sucesión de Gali sin tomar en cuenta a Gali puede ser la mayor falla de estos días.
Lo mismo que armar una lista de aspirantes con base en el morenovallismo como grupo hegemónico del poder.
El Ejecutivo que se va deja personajes encarrilados y con altas probabilidades de participación en la contienda interna del PAN que habrá de celebrarse, de manera extraoficial e informal, durante todo el 2017.
Ahí están en primera fila Martha Erika Alonso, Jorge Aguilar Chedraui y más recientemente el presidente municipal sustituto Luis Banck Serrato.
Pero eso no significa que las bendiciones recibidas en el sexenio que se termina vayan a tener idéntica repercusión en el gobierno que está por comenzar.
Es cierto que el próximo mandatario dispondrá de muy poco tiempo para crear de la nada un perfil propio y competitivo que termine por convertirse en su carta personal para contender por la gubernatura.
Poco menos de año y medio, a partir de su arribo al poder en febrero, puede no ser tiempo suficiente para ello.
No obstante, mal se haría en pensar que no lo intentará y en dar por sentado que no lo conseguirá.
La celebración de acuerdos personales con Moreno Valle, previa a la competencia electoral del pasado 5 de junio, y la probada relación de amistad que mantiene con él, no impedirán que Gali Fayad asuma el rol de máximo jerarca político del estado una vez que ocupe la residencia oficial de Los Fuertes.
Eso lo llevará a manejar los hilos de su sucesión en cuanto asomen los tiempos.
Que gane o pierda la disputa constitucional será otra historia.
Pero antes que eso se planteará conducir el proceso interno dentro de los partidos que han estado sumados a su causa.
Por eso es que tratar de descifrar la identidad del futuro abanderado del PAN, partido que postuló a ‘Tony’ Gali en 2013 y en 2016, desde la óptica del morenovallismo, puede resultar ocioso.
Moreno Valle ha comentado ‘en corto’ que se mantendrá al margen de la sucesión de 2018 en Puebla, y que ésa le tocará a Gali.
Habrá que escucharlo con seriedad.
El autor de esta columna tomará un receso vacacional; estará de vuelta en la segunda quincena de agosto.
@jorgerdzc
https://www.elsoldepuebla.com.mx/columna/la-sucesion-de-2018-en-el-pan-pasara-por-tg
