Juan Carlos Mondragón, dirigente estatal que se prepara a entregar sus trastos a Pablo Rodríguez Regordosa y luego exiliarse para evitar la furia de Moreno Valle, esquivó rendir cuentas a su militancia del papel que jugó en la derrota de su partido que apenas pudo ganar cuatro diputaciones federales y una senaduría de primera minoría. Atestado de argumentos peregrinos, su artículo publicado ayer en Milenio Puebla es un monumento a la reticencia: Mondragón se explaya en las causas exógenas de la debacle pero es incapaz de un ápice de autocrítica. Esa que tanto le hace falta al PAN para entender qué hicieron mal.
El dirigente, específicamente, se niega ahondar en el cortocircuito entre el gobernador y su partido. O en otras palabras: porque la dirigencia de forma —y también de facto, léase el Yunque— escamotea a Moreno Valle lo que cualquier régimen democrático le da a su líder: un partido en el poder.
Dice Mondragón que en su sesudo análisis que “En el estado, el triunfo del PRI se debió a su coalición con el Partido Verde Ecologista y por supuesto a que su candidato llevaba seis años de hacer campaña. El avance de la izquierda fue gracias a su alianza con los partidos pequeños con los que compitió y al trabajo que AMLO hizo a lo largo de doce años. La derrota del PAN que es en lo que me enfocaré, fue multifactorial y la inercia nacional me parece arrastró a la local. Culpar a alguien o a algo en específico del descalabro sería irresponsable.
”El desgaste natural de doce años en el gobierno federal; la incapacidad que como partido tuvimos en comunicar de manera correcta los grandes avances que se han alcanzado; un proceso interno que si bien podemos presumir al ser el único partido que eligió a su candidata por la vía democrática, nos llevó a tener menos tiempo para posicionarla; una campaña mal organizada; mensaje difuso que no logró captar el voto de los jóvenes y que no logró hacer de las buenas propuestas que se tenían, una oferta verdaderamente atractiva para el electorado; una imagen en gráfico y en spots televisivos desafortunadas durante el inicio; la falta de propaganda; la falta de apoyo de muchos liderazgos del partido; y hay que decirlo también, las divisiones internas, nos llevaron a la derrota. Por todo lo anterior, Acción Nacional en esta ocasión fue incapaz de convencer al voto volátil que nos había acompañado en las elecciones federales del 2000 y 2006”.
Algo de razón tiene el dirigente panista: en una elección presidencial los factores de la campaña nacional terminan arrastrando al resto de los candidatos para bien o para mal. Pero tampoco pueden obviarse los factores locales de la derrota. Y el principal es el corto circuito entre la dirigencia estatal del partido y su principal líder, el gobernador Moreno Valle. Y como extensión, el nulo entendimiento entre la administración estatal y la municipal encabezada por Eduardo Rivera. Los factores locales existen. Y pesan.
El tiempo no tiene retorno y poco importa ya lo que la cabeza dura entienda o no de Mondragón sobre cómo debe funcionar la relación entre el gobernador y su partido. Lo importante es que la militancia y los cuadros distinguidos del PAN entiendan el destino que les espera en 2013 si el hígado vuelve a dominar a la política: una derrota apabullante en presidencias municipales. Debilitamiento de la fracción panista en el Congreso del estado. Y sobre todo, pavimentarle al PRI el camino de regreso a Casa Puebla.
Mondragón olvidó la lección 1 de ciencia política sobre partidos políticos: se trata de maquinarias electorales cuyo único objetivo es ganar elecciones que les permiten obtener puestos de gobierno. Los partidos no quieren moralizar la vida pública ni educar a los ciudadanos en valores. Un partido político nace para obtener votos y ganar posiciones de poder. Y si no, no es un partido político.
El PRI de Peña Nieto, con siete meses en el poder, vendrá con todo para recuperar el Congreso local y la mayoría de las alcaldías, especialmente la de Puebla capital. Ya sea Enrique Doger, Agüera o Pepe Chedraui, el tricolor volverá a contar con el apoyo de las delegaciones y el gobierno federal. La aplanadora, otra vez.
Contra esa aplanadora luchará el morenovallismo en 2013. Y sin un partido unificado poco podrá hacer. E incluso, es posible que ni siquiera baste y por tanto se busque reeditar la coalición de Compromiso por Puebla, más el partido que lleva ese nombre. Eric Cotoñeto desestimó que PRD y PAN puedan ir juntos el próximo año, pero su opinión es poco valiosa porque la decisión la tomarán los amos del Sol Azteca, es decir, “Los Chuchos”.
Para fortuna del PAN y del morenovallismo la bilis de Mondragón ya no alcanzará las decisiones del 2013, y Lalo Rivera estará tan limitado que poco margen tendrá para opinar. Llegó la hora de eliminar ese dogma de que “más vale perder con un candidato del Yunque que ganar con un morenovallista”. Para ganar tienen a uno de los 4 fantásticos. Y para perder, por puro ejemplo tiene perfiles estilo Pablo Montiel o Lolis Gabiño, quien ayer se separó del Comité Estatal. ¡Ah pa´candidatitos!
