Justo hace un año, en la tarde del 22 de julio, uno de los países más tolerantes del planeta vería interrumpida su calma y muchos de sus habitantes sus planes para el verano, cuando el extremista Anders Behring Breivik hiciera explotar un coche-bomba frente a las oficinas del primer ministro noruego, Jens Stoltenberg, y dos horas después atacara un campamento de jóvenes en la isla de Utøya.
Con un programa de conmemoraciones nacionales, que incluyen colocación de ofrendas florales en los lugares de los hechos, memoriales en la catedral de la capital y un concierto por la noche, serán recordados los ataques terroristas en Oslo, capital de Noruega, y la isla de Utøya.
Las calles del centro de Oslo lucen tranquilas, la zona de edificios gubernamentales aún está en reparación, la isla de Utøya no es sede de un campamento este verano y los sobrevivientes del doble atentado se encuentran en recuperación.
“Todos reaccionamos con incredulidad, claro, porque Noruega es un país pacífico y nada parecido que devastara la ciudad había ocurrido después de la segunda Guerra Mundial”, recuerda en entrevista con Excélsior, Rolf Gunar Bjerkebaek, ciudadano noruego que se encontraba en Oslo durante los ataques.
Bjerkebaek relata que cerca de las tres de la tarde una explosión se hizo escuchar en el centro de la capital: “pensé que era un trueno porque era un día de lluvia, pero minutos después me marcó un amigo que se encontraba cerca de la zona de gobierno y muy dramático me dijo ‘escuchaste eso, mi edificio acaba de temblar eso fue una bomba’, supe entonces que había ocurrido algo serio (…) fui a la televisión y no me despegué de ella en todo el día”.
Contrario a Bjerkebaek, Harald Foster se encontraba de paso por uno de los edificios que resultaron dañados por la explosión del coche-bomba. Este hombre, que tuvo que ser sometido a una cirugía para que su maxilar fuera reacomodada y perdió 80% de su visión, asegura que está de vuelta en su trabajo y trata de llevar su vida lo más normal posible, a pesar de las secuelas físicas y emocionales que el accidente le dejó.
En un mensaje publicado por el periódico Aftenposten, dirigido a Breivik, aseguró: “Usted no me pudo matar. Estaré de vuelta al 100% y voy a trabajar por valores muy diferentes a los que usted representa”.
Para la misma edición especial del diario noruego, dedicada a testimonios de los sobrevivientes, habla la mujer cuya foto dio la vuelta al mundo por mostrar su rostro ensangrentado y una astilla de considerable tamaño incrustada en su cráneo, Line Nersnaes.
