En el marco del paro nacional indefinido y las movilizaciones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), una demanda histórica se mantiene inamovible en la mesa de negociación: la abrogación de la Ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) de 2007. Esta legislación modificó de fondo el sistema de seguridad social y pensiones para los empleados públicos del país, convirtiéndose en el principal punto de fricción entre el magisterio y el Estado mexicano.
¿Qué fue la reforma de 2007 y qué cambió?
Publicada el 31 de marzo de 2007 bajo la administración del entonces presidente Felipe Calderón, la nueva Ley del ISSSTE sustituyó a la legislación vigente desde 1983. El cambio más radical se concentró en el régimen de pensiones para los trabajadores del Estado, modificando la estructura de financiamiento y las condiciones de retiro a través de dos mecanismos principales:
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De reparto solidario a cuentas individuales: Se eliminó el sistema donde las aportaciones de los trabajadores activos financiaban directamente el fondo de los jubilados (modelo solidario). En su lugar, se crearon cuentas individuales gestionadas por Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) —específicamente a través de PENSIONISSSTE u otras operadoras privadas—, donde el monto final de la pensión depende exclusivamente del ahorro acumulado por cada empleado y los rendimientos financieros generados.
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Incremento en la edad de jubilación: Se modificaron las reglas de acceso al retiro. Anteriormente, los trabajadores de la educación se jubilaban considerando únicamente los años de servicio (30 años para hombres y 28 para mujeres). Con la reforma, se estableció un incremento gradual de la edad mínima obligatoria de jubilación, fijando como meta los 65 años para hombres y 63 para mujeres.
¿Qué trabajadores fueron afectados?
La reforma dividió a la base trabajadora activa en 2007 en dos regímenes diferenciados:
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Artículo décimo transitorio: Quienes optaron por mantenerse en el sistema modificado de reparto, el cual incrementó gradualmente las edades de jubilación pero conservó el principio de pensión topada en salarios mínimos.
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Cuentas individuales: Todos los trabajadores que ingresaron al servicio del Estado a partir del 1 de abril de 2007, así como aquellos activos que decidieron migrar voluntariamente al nuevo esquema mediante la entrega de un “bono de pensión”.
Los argumentos del gobierno para impulsar la reforma
En 2007, el gobierno federal y los legisladores que aprobaron la ley argumentaron que el régimen previo de 1983 era financieramente insostenible. Los sustentos técnicos presentados señalaban que:
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Crisis demográfica: La expectativa de vida en México iba en aumento mientras la tasa de natalidad disminuía, lo que significaba que pronto habría más pensionados que trabajadores en activo para sostener el fondo común.
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Quiebra técnica: El ISSSTE enfrentaba un déficit financiero creciente que amenazaba la viabilidad de los servicios de salud y el pago futuro de las pensiones si no se modificaba estructuralmente el sistema.
¿Por qué la CNTE exige su abrogación?
Para la CNTE, la ley de 2007 representa la privatización de la seguridad social y una afectación directa a la labor docente. Sus argumentos en las movilizaciones actuales denuncian:
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Pensiones reducidas: Bajo el esquema de Afores, las tasas de reemplazo (el porcentaje del salario activo con el que se retira un trabajador) disminuyeron drásticamente en comparación con el modelo anterior.
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Precarización de la vejez docente: Al ligar la jubilación a la edad biológica (65 años) y no a los años de servicio, se obliga a los maestros de educación básica a laborar a edades avanzadas frente a grupos escolares, lo que consideran pedagógica y físicamente contraproducente.
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Pérdida del sentido social: El magisterio sostiene que la seguridad social debe ser un derecho garantizado por el Estado de forma solidaria y no un negocio financiero sujeto a las volatilidades del mercado bursátil.
El dilema actual: ¿qué implicaría revertir el modelo?
La demanda de la CNTE de regresar al régimen solidario de pensiones abre un complejo debate técnico y presupuestal. Los análisis de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) y de organismos especializados en finanzas públicas advierten las implicaciones de una reversión total:
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Presión fiscal severa: Retornar al sistema anterior obligaría al gobierno federal a asumir el costo directo del pago de pensiones con recursos del presupuesto público, en un momento donde el gasto en pensiones ya consume una porción significativa de la recaudación fiscal.
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Liquidación de cuentas: Implicaría diseñar un mecanismo legal y financiero para absorber los fondos que actualmente se encuentran depositados en las cuentas individuales de millones de trabajadores que ingresaron al servicio público en los últimos 19 años.
El conflicto se mantiene en un punto de definición política. Mientras el gobierno federal ha abierto mesas de trabajo para analizar reformas a las leyes de seguridad social, la CNTE mantiene el paro indefinido argumentando que cualquier modificación parcial es insuficiente si no se extingue por completo la estructura impuesta por la Ley del ISSSTE de 2007.
