¿Estamos construyendo destinos o solamente anunciándolos?
Hay una pregunta que debería hacerse cada vez que Puebla anuncia una nueva ruta turística, una campaña internacional, una participación en una feria o una experiencia para visitantes: ¿qué ocurre después del anuncio?
Porque promocionar Puebla es relativamente sencillo. Lo verdaderamente difícil es conseguir que el visitante llegue, se sienta seguro, encuentre una experiencia que cumpla lo prometido, permanezca más tiempo, gaste en las comunidades, regrese y recomiende el destino.
Y ahí es donde conviene mirar con mayor atención el trabajo de la Secretaría de Desarrollo Turístico que encabeza Carla López-Malo Villalón. No para convertir la crítica en un juicio personal, sino para hacer una pregunta mucho más importante: ¿la estrategia turística del estado está consiguiendo transformar promoción en resultados?
Cuando un destino deja de sentirse seguro
El caso de Cuetzalan debería obligarnos a revisar algo que durante años se ha repetido en el discurso turístico: la seguridad es responsabilidad de muchas instituciones, pero la experiencia del visitante termina siendo una sola.
Después de la tragedia ocurrida en la gruta de Chichicazapa, en la que cuatro integrantes de una familia perdieron la vida, la propia secretaria reconoció que Puebla no contaba con guías certificados para recorridos de este tipo.
Posteriormente -pero como dicen por ahí “una vez el niño ahogado, tapan el pozo”-, la dependencia anunció trabajos para identificar y certificar a quienes realizan turismo de naturaleza y aventura.
La pregunta incómoda no es por qué Turismo no evitó un accidente que involucra muchas responsabilidades.La pregunta es otra: ¿cuánto sabemos realmente de los productos turísticos que estamos promocionando?
Puede haber más visitantes, pero lo importante es conocer cuánto gastaron, cuánto tiempo permanecieron, qué recursos consumieron, cuánto ingreso quedó en la economía local y qué costos trasladaron a los habitantes.
Si una ruta, gruta, sendero o experiencia forma parte de la oferta turística de Puebla, ¿quién verifica que tenga operadores capacitados?, ¿qué protocolos existen?, ¿qué información recibe el visitante?, ¿qué ocurre cuando las condiciones climáticas representan un riesgo?
Promocionar una experiencia también implica conocer sus límites.
Una ruta no termina en el anuncio
Puebla presume una enorme diversidad de productos turísticos: pueblos mágicos, gastronomía, zonas arqueológicas, naturaleza, mezcal, turismo comunitario y rutas culturales.
Pero una ruta turística no existe porque aparezca en un boletín.Existe cuando puede recorrerse.
Cuando hay transporte. Cuando hay señalización. Cuando existen prestadores capacitados. Cuando el visitante sabe cuánto cuesta, cuánto dura, qué incluye y qué riesgos enfrenta. Cuando encuentra dónde comer, dónde dormir y qué hacer después.
Y, sobre todo, cuando puede llegar y regresar con seguridad.
Esto cobra todavía más relevancia cuando la propia Secretaría ha colocado la seguridad y la diversificación entre sus prioridades.
Cuetzalan, Yohualichan, Cantona, las rutas del mezcal o los Pueblos Mágicos no necesitan únicamente promoción.
Necesitan coordinación entre Turismo, Seguridad, Infraestructura, municipios y prestadores de servicios. Porque el turismo depende de que muchas cosas funcionen al mismo tiempo.
