Diógenes El Cínico
Jesús Ramos

Diógenes El Cínico

Cuanta desgracia y todavía se niegan a obligar el cubrebocas

Cuanta desgracia y todavía se niegan a obligar el cubrebocas

Por el maldito bicho la cosa vuelve a ponerse fea otra vez. Más contagios, más muertos, más indiferencia para guardar sana distancia y más normalidad de la que debiera.

Y atrapados por toda esta desgracia de salud, quiebras de negocios, desempleo, bajas ventas, relaciones rotas y menos ingresos, un titipuchal de gente que se niega a usar cubrebocas.

Increíble pero todavía hay personas que sigue creyendo que el virus no existe y que fue invento del gobierno. O bien, que si mueren bien muertos y ya ni modo, valentía mexicana a la José Alfredo Jiménez: “La vida no vale nada”.

El punto es la alta probabilidad de contagio que pueden extender los que se resisten al uso de la mascarilla y, por supuesto, el latente riesgo de llevarlo al núcleo familiar y a las personas cercanas.

Diciembre puede resultar el mes más trágico de la pandemia si las autoridades no toman ¡ya! medidas acertadas y los mexicanos no reaccionan.

Joe Biden pidió a los estadounidenses que utilicen cien días el cubrebocas, a partir del 20 de enero, fecha que inicia su mandato, para demostrar que la pandemia se reducirá considerablemente, algo que los científicos han sostenido desde el principio de esta pesadilla.

La Organización Mundial de la Salud ya lo había dicho antes, incluso, el director del Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos, Robert Redfield, habría advertido al necio de Trump que si se hubiese utilizado mascarilla masivamente la pandemia se habría controlado en su país.

La feliz noticia de que la vacuna comienza a aplicarse en algunos países del mundo no es para cantar victoria ni para fiarse. México tardará todavía buen tiempo en aplicarla de manera masiva.

El sistema de salud mexicano padece serias carencias que le atrasarán respecto a otras naciones en la labor de inmunización y mientras eso no ocurra el cubrebocas marca la diferencia entre vivir y morir.

Obligar a la gente a usarlo tendría que ser una razón de emergencia sanitaria impuesta por el estado, sin embargo, éste continúa apelando a la voluntad del pueblo y una buena parte del pueblo por ser un llamado a misa poco le importa cumplirlo.

México es de los países que peor ha administrado la pandemia a nivel global, el que menos pruebas ha realizado, el que arroja la mayor cantidad de bajas en el sector salud y el que menos dinero ha gastado en la adquisición anticipada de vacunas.

Y a pesar de todo ese cúmulo de errores, sigue negándose a imponer el uso obligatorio del cubrebocas. Los gobiernos estatales, entre ellos el de Puebla, considera antidemocrática e impositiva la medida, sin embargo, de haberlo hecho, el número de fallecidos y contagiados no sería tan elevado.

Las políticas públicas y estrategias adoptadas por el gobierno federal para enfrentar el virus fueron bastante malas, costaron tres veces más el número oficial de fallecidos y contagiados. Y en la misma negligencia incurrieron estados como Puebla y la mayoría.

Contar muertos e infectados no fue, no es y no será suficiente, se necesitan verdaderos estadistas que adopten medidas drásticas (no políticas) en situaciones graves, porque con ellas pudieron salvarse abuelos, padres, hijos, amigos y conocidos que desafortunadamente ya no están.

El estadista asume la responsabilidad y toma decisiones oportunas por impopulares que sean, Merkel y Jacinta Arden son buenos ejemplos; el político, disfraza la rentabilidad electoral con pretextos democráticos y de libertades individuales para no perder simpatizantes.

Para México, el saldo de muertos en esta pandemia es mayor por ser segundo caso.

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