Diógenes El Cínico
Jesús Ramos

Diógenes El Cínico

¡Señor, sí señor!

¡Señor, sí señor!

—¡¡Ella es la presidenta municipal constitucional de la ciudad de Puebla y la dejan entrar!! —tronó el militar de rango frunciendo el ceño. Acostumbrado a que le obedecieran sin chistar le hizo sentir rabia que dudaran de su autoridad, y la rabia le provocó un amargo vacío en la boca del estómago.

El ambiente se puso tenso. En unos minutos sería inaugurada la nueva delegación de la cancillería mexicana en Puebla en la planta alta del centro comercial San Francisco.

—Usted si puede pasar mi general, pero tenemos órdenes de que ella no pasa —justificó el cadenero—. Lo siento, no está en la lista —volvió a revisarla a sabiendas de que no la encontraría.

Alguien había condicionado que si iba ella no iba él.

Los mirones centraron su atención en la escena que pronosticaba ponerse tan fea como la noche más obscura.

—¡Vuelvo a repetirles a ti y a todos ustedes! ¡¡Ella es la presidenta municipal constitucional de la ciudad de Puebla y me hacen favor de quitarse de la valla ahora mismo!! —miró furioso al empleado del gobierno del estado que seguía obstruyendo la entrada con dos compañeros suyos.

Marcelo Ebrard que caminaba a zancada corta hacia el presídium detuvo el paso. Observó serio lo que ocurría. Nadie se lo platicó. “Tenemos órdenes de que ella no pasa”, logró escuchar.

La terna de militares que acompañaba al comandante de la 25 zona militar flanqueó al jefe. Esperaban abrirle paso con la sutileza y prestancia que ellos saben hacerlo si la orden se giraba.

Carlos Alfonso, director general de delegaciones de la Secretaría de Relaciones Exteriores, pidió a Ebrard permiso para intervenir, pero el presidenciable instruyó paciencia deteniéndolo del hombro, quería calar la cobardía del cadenero y su gente. O el tamaño de su estupidez.

—Es por temas de Covid mi general —justificó tartamudeando su miedo el de saco azul y camisa blanca sin corbata.

—¡Quítate! ¡¡¡Quítate pero ya!!!

El hombre miró a los militares que se le habían emparejado, retrajo lo más que pudo las nalgas, bajó la cabeza y se quitó.

Caballeroso el general Gerardo Mérida extendió el brazo a Claudia Rivera y ella se sujetó a él. Marcelo aguardó para saludarles y lamentar lo ocurrido.

Carlos Alfonso explicó al militar de rango y a la alcaldesa que las invitaciones como los accesos habían corrido por cuenta de la autoridad estatal.

—¿Te invitaron? —preguntó Ebrard.

—No —contestó Claudia sonriente.

El canciller meneó la cabeza de un extremo al otro.

—Deja. Lo voy a platicar en México.

 De lo ocurrido después en el evento oficial y del carnaval de selfis con el canciller se supo todo. El amor y la paz, como en las bellísimas películas clásicas de Walter Disney, se impuso a la venganza, al rencor y al odio. 

Lo que Diógenes dice, su lámpara ilumina

*Maribel García será otra vez la tesorera de Eduardo Rivera Pérez en el ayuntamiento de Puebla… **Bernardo Arrubarrena estará al frente de la Secretaría de Administración para ponerle música a las adjudicaciones directas y licitaciones… ***Y Augusta Díaz de Rivera despachará como secretaria general… ****Gustavo Vargas, alcalde de Huauchinango, operará para Marcelo Ebrard la sierra norte… *****Néstor Camarillo todavía les debe un resto de 2,500 pesos a los 56 delegados del PRI que trabajaron para el partido en las elecciones pasadas. Ser mala paga es una fama que muy pocos están dispuestos a cultivar. 

 

 

 

 

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