Más allá del protocolo o la cortesía de género, resultó altamente significativo que el gobernador Rafael Moreno Valle haya sentado a su derecha –en el encuentro que ayer sostuvo con legisladores federales electos– a Blanca Alcalá Ruiz, luego del acoso que desde Casa Aguayo se ordenó en contra de la priista, el cual duró 14 meses y se frenó un par de semanas antes de la elección del 1 de julio. La respuesta a ese cambio parece radicar en algo elemental: la ex edil de Puebla es la séptima figura en el país que más votos le dio a Enrique Peña Nieto.
Alcalá llega al Senado de la República con dos características esenciales: será una de las legisladoras más cercanas a Enrique Peña Nieto, luego de que su candidatura se obtuvo porque el ex gobernador mexiquense siempre la antepuso frente a los demás priistas que buscaban esa postulación, y por ser parte del grupo de Emilio Gamboa Patrón, quien será el líder de la Cámara Alta y es quien controlara la llamada “telebancada”, que está formada por personajes ligados al dupolio televisivo.
Frente a esas nuevas circunstancias se hace suponer que el gobierno de Rafael Moreno Valle tendrá que deponer su actitud hostil que mostró desde 2011 contra la ex alcalde de la capital, que incluyó acusaciones de supuestos desfalcos a la hacienda pública del municipio de Puebla y adquisición de ostentosas propiedades inmobiliarias, que nunca se comprobaron, pues de ahora en adelante agredir a la priista puede ser interpretado como un ataque al grupo político de presidente de la República.
El poder de Blanca Alcalá se ha acrecentado no sólo porque será parte de la nueva mayoría priista en el Congreso de la Unión, sino porque está dentro de un grupo de siete figuras claves del PRI que más votos le dieron a Enrique Peña Nieto. La lista es la siguiente:
Quien encabeza la lista es el gobernador del estado de México, Eruviel Ávila, quien desató una monumental movilización el 1 de julio que generó 2 millones 977 mil 365 votos, que equivale a 15.48 por ciento de los sufragios obtenidos por Enrique Peña Nieto.
En segundo lugar está Aristóteles Sandoval, quien ganó la gubernatura de Jalisco y le dio al tricolor un millón 372 mil 463 sufragios, que equivale a 7.13 por ciento de la votación que su partido consiguió en el ámbito nacional.
Aunque perdió los comicios y fue vapuleada por la izquierda, la tlaxcalteca Beatriz Paredes Rangel se ubica en el tercer sitio, ya que como candidata al gobierno del Distrito Federal le dio a su partido 6.54 por ciento de su votación en el país, que en números redondos fue del orden un millón 250 mil sufragios.
Con números casi similares al de Beatriz Paredes se colocó en el cuarto sitio el gobernador de Veracruz, César Duarte, ya que en su estado el PRI sacó un millón 203 mil votos, que es 6.25 por ciento de la respuesta ciudadana que dio al partido tricolor.
En el quinto lugar está otro perdedor, Juan Antonio Torres Landa, quien aunque no ganó la gubernatura de Guanajuato fue un candidato altamente competitivo que le dio al PRI una alta votación en el orden de 935 mil votos, que es 4.86 por ciento de los sufragios que consiguió el aspirante presidencial.
El sexto lugar fue para Manuel Velasco Coello, quien aunque es militante del PVEM aportó a la causa de Peña Nieto 934 mil sufragios y logró ganar la gubernatura de Chiapas, y en el séptimo lugar se colocó Blanca Alcalá Ruiz, quien logró 867 mil votos y le aportó a Peña Nieto poco más de 4.45 por ciento de la votación general que obtuvo en toda la Republica Mexicana.
Los méritos de Blanca Alcalá radican en que logró sacar un mejor resultado que algunos gobernadores priistas, como Rodrigo Medina, de Nuevo León; Ivonne Ortega, de Yucatán, o Mariano González, de Tlaxcala, luego de que los dos primeros no pudieron contener al PAN y el tercero a la izquierda.
Tanto Blanca Alcalá como Beatriz Paredes destacan porque actuaban desde la oposición, sin recursos económicos suficientes, con campañas “negras” en su contra y sin tener a todo el aparato del PRI en su favor.
La ex edil de la capital no solamente tuvo que competir contra la operación de programas federales por parte del PAN, sino también contra los obstáculos que le puso la dirigencia estatal del PRI –encabezada por Fernando Morales Martínez–, que operó a favor de los intereses de Rafael Moreno Valle.
Nota: en el sitio Telenews, Noticias México, se puede encontrar una infografía con la anterior información, aunque varían algunas cifras que se consignaron en esta columna.
Barbosa, ya la dio la espalda a la izquierda
Otros hechos altamente significativos del encuentro de Moreno Valle que ayer sostuvo en Casa Puebla con los legisladores federales electos de Puebla fueron los siguientes:
Primero fue la ausencia de Manuel Bartlett, quien accederá al Senado por la vía de la representación proporcional, y dos, que sí llegó a ese encuentro Luis Miguel Barbosa Huerta, quien será parte de la Cámara Alta por haber estado en el primer lugar de la lista de plurinominales del PRD.
La actitud de Bartlett es la correcta, ya que si hubiera asistido al encuentro con Moreno Valle habría convalidado el robo que hubo contra la izquierda el pasado 1 de julio, el cual ha sido el más grande para esta expresión en toda la historia de Puebla.
Todo mundo sabe que los candidatos del Movimiento Progresista habían ganado los cuatro distritos de la capital, junto con los de Cholula, Tepeaca e Izúcar de Matamoros, y dos senadurías, pero una operación de “mapachería electoral” les arrebató dichas victorias que acabaron beneficiando al PAN, en mayor medida, y en menor al PRI.
La presencia de Luis Miguel Barbosa Huerta en el encuentro con Moreno Valle no es un acto de candidez, sino es muestra de que hay un sector del PRD que se está apresurando a negociar con el PRI y el PAN, olvidándose en poco tiempo del fraude electoral, y ya busca sacar rentabilidad de su posición opositora.
Es decir, ya echaron al traste la lucha por la limpieza de la elección del 1 de julio.
