Viernes en los escalones de la Casa Club de La Vista, el fraccionamiento más exclusivo de la Puebla levítica.
Dos camarógrafo de Reporte Índigo, que venían de haber filmado la entrevista que quien esto escribe le hizo a Javier Lozano Alarcón, candidato del PAN al Senado por Puebla, preguntaron por un buen lugar para comer mole y cemitas en el centro de la ciudad.
Pensé en el famoso restaurante de la 3 y les empecé a explicar cómo llegar en corto tiempo.
De pronto, una señora cincuentona de short morado, blusa roja y chancletas pidió la palabra mientras esperaba su camioneta Suburban.
Se dio un diálogo singular.
-Perdonen que me meta. ¿Quieren comer buen mole y otros antojitos?
-Sí –respondió uno de los camarógrafos.
-¿Por qué no van a la Casa de los Muñecos del Complejo Universitario? Es aquí cerquita. Pasando el Tec de Monterrey. Se los digo porque ahorita el centro está imposible. Todo el “naquerío” está ahí en un mitin de campaña.
Segundos después los camarógrafos de Índigo agradecieron la información y la señora subió a la Suburban sin darle las gracias al valet parking.
La escena fue elocuente, no sólo por los shorts y las chancletas, sino por la palabra “naquerío”.
Y más: el desdén, el desprecio marcado con el que la pronunció.
Así lo dijo: como si le molestara que el “naquerío” ocupara, sin el permiso de los vecinos de La Vista, el centro de la ciudad.
Y peor: para hacer un mitin de campaña.
Es claro que el “naquerío” no va a los mítines del PAN.
O sí.
Pero no en la ciudad de Puebla.
El “naquerío” al que se refería la culta dama de La Vista tenía más que ver con los que abarrotan los actos de Andrés Manuel López obrador.
Y aunque no lo dijo, estaba en el ambiente que al decir “naquerío” daba por sentado un lugar común desde 2006: el “naquerío” es un peligro para México.
Las cultas damas, en efecto –sobre todo las que usan chancletas y las combinan con shorts morados-, tienden a ver el movimiento lopezobradorista con los ojos de un racismo y clasismo desmedidos.
Para ellas, oh sí, todos los lopezobradoristas son “nacos”.
Faltaba más: sus sirvientas, sus chóferes, sus valets, todos van a votar por López Obrador.
En consecuencia: ellas jamás votarían por alguien que es capaz de convertirlos en iguales de los desiguales.
Viva la diferencia.
Por eso, y porque sus shorts morados nunca combinarán con las patas renegridas de sus chachas, el “naquerío” debe estar en sus cuartitos de servicios, en los patios segregados, en los mítines del Centro Histórico.
No podía ser de otra manera.
El PRI Poblano con los Reflejos de Bartlett. En política, el que marca la agenda marca la pauta.
Churchill, por ejemplo, dejó un legado singular marcado por sus puros y su whisky de malta.
Fox, su sedicente “par”, rompió su escaso legado con la facilidad de quien mata a una víbora prieta.
Uno seguirá en la historia universal.
El otro terminará en el basurero.
En Puebla, hay que decirlo, el PRI se ha visto más lento en reflejos que Manuel Bartlett, y eso le ha pegado a su agenda.
Los errores son constantes.
Y sonantes.
Un ejemplo sencillo:
Mañana, a las 10:30, estará en una rueda de prensa de Nueva Alianza Nabor Ojeda, el dirigente de la CNC que apoyó en el 2010 con Rafael Moreno Valle.
A las 14 horas, estará en una rueda de prensa del PRI un representante de Heladio Ramírez, el otro líder de la CNC.
Lo que hace la mano, hace la tras.
