En México, no todos los jóvenes que no estudian ni tienen un empleo están “sin hacer nada”. Detrás de las estadísticas de quienes no están en educación, empleo o capacitación hay realidades distintas: jóvenes que buscan trabajo, personas que dejaron los estudios, quienes enfrentan dificultades para incorporarse al mercado laboral y, de manera muy marcada, mujeres que realizan tareas domésticas y de cuidado sin remuneración.
El indicador internacional utilizado para medir este fenómeno es conocido como NEET —jóvenes que no están empleados, estudiando ni en formación—, mientras que en México se popularizó el término “ninis”.
Los datos más recientes de la OCDE muestran que México mantiene una proporción elevada de jóvenes en esta situación, particularmente entre las mujeres. En 2024, 15.8% de los jóvenes de 15 a 29 años estaban en condición de NEET y fuera de la fuerza laboral, mientras que 2.4% se encontraba desempleado.
El problema, sin embargo, no se distribuye de la misma manera entre hombres y mujeres.
El rostro femenino de los “ninis”
La brecha de género es uno de los datos más contundentes.
De acuerdo con la OCDE, en 2024 25.7% de las mujeres mexicanas de 15 a 29 años estaban fuera del empleo, la educación o la capacitación y además fuera de la fuerza laboral. Entre los hombres, la proporción de inactividad en esta condición fue mucho menor.
El contraste se vuelve todavía más evidente entre los jóvenes de 18 a 24 años. En ese grupo, 28.1% de las mujeres estaban fuera del empleo y la educación o capacitación, frente a sólo 9.1% de los hombres. La diferencia no puede explicarse simplemente como una falta de interés por estudiar o trabajar.
La propia OCDE advierte que las diferencias en la participación de los jóvenes pueden estar relacionadas con responsabilidades familiares y factores culturales, además de las condiciones del mercado laboral y el acceso a la educación.
Cuidar también es trabajar, aunque no tenga sueldo
Los datos del Inegi ayudan a entender qué puede estar detrás de una parte de esa brecha. La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 mide actividades que normalmente quedan fuera de las estadísticas tradicionales de empleo: trabajo doméstico, cuidado de niñas y niños, atención a personas enfermas o con discapacidad y otras labores no remuneradas.
Y ahí aparece una diferencia importante.
En 2024, las mujeres dedicaron en promedio 18.2 horas semanales al cuidado de niñas y niños de 0 a 5 años, frente a 8.8 horas de los hombres. En el cuidado de personas con alguna enfermedad o discapacidad, las mujeres dedicaron 12.8 horas semanales, frente a 7.5 de los hombres.
Cuando se incluyen los llamados cuidados pasivos —estar al pendiente de otra persona mientras se realiza simultáneamente otra actividad—, la diferencia aumenta todavía más.
Para las niñas y niños de 0 a 5 años, las mujeres dedicaron 33.4 horas semanales, frente a 14.8 horas de los hombres.
Esto significa que una joven puede aparecer estadísticamente como alguien que no estudia ni trabaja, aun cuando dedique una parte importante de su tiempo a sostener las actividades de su hogar.
México tiene una de las mayores brechas de género
La situación mexicana destaca frente a otros países.
En 2023, según datos de la OCDE para el G20, 8.5% de los hombres mexicanos de 15 a 29 años estaban en condición NEET, frente a 29% de las mujeres. La brecha de más de 20 puntos porcentuales colocó a México entre los países del grupo con mayores diferencias entre hombres y mujeres.
La OCDE señala que las mujeres jóvenes enfrentan obstáculos adicionales para incorporarse al mercado laboral y acceder a empleos de calidad.
No es un fenómeno exclusivamente mexicano. A escala internacional, la OIT mantiene el indicador NEET como una medida relevante para conocer cuántos jóvenes quedan fuera simultáneamente del empleo y de los sistemas educativos o de capacitación. El organismo considera reducir esta proporción una prioridad dentro de las metas internacionales de empleo juvenil.
El problema empieza también en la educación
La salida del sistema educativo es otro elemento central.
En México, la OCDE reportó que sólo 59.8% de los jóvenes de 15 a 19 años estaban matriculados en educación en 2023, una de las tasas más bajas entre los países y economías comparadas por el organismo.
La transición entre la escuela y el trabajo tampoco es sencilla.
El paso de estudiar a conseguir un empleo depende de factores como la duración de los estudios, las habilidades adquiridas, las condiciones de la economía y la capacidad del mercado laboral para absorber a los nuevos trabajadores. La OCDE advierte que los jóvenes pueden quedar fuera tanto de la escuela como del empleo cuando existen pocas oportunidades laborales, desajustes entre las habilidades y las necesidades de las empresas o empleos precarios.
En otras palabras, el fenómeno no se reduce a una decisión individual.
Los jóvenes mexicanos son una población enorme
El tamaño de esta generación también explica por qué el tema importa para el futuro económico del país.
En el primer trimestre de 2025, México tenía 30.4 millones de personas de entre 15 y 29 años, equivalentes a 23.3% de la población nacional, según Inegi.
Se trata de una población que se encuentra precisamente en una etapa decisiva: terminar la educación, adquirir experiencia laboral, conseguir ingresos propios y comenzar a construir un patrimonio.
Cuando una parte de esa generación permanece durante largos periodos fuera de la escuela y del empleo, las consecuencias pueden extenderse más allá de esos años.
La OCDE advierte que estar fuera tanto del trabajo como de la educación puede reflejar barreras estructurales para entrar al mercado laboral o continuar los estudios.
No todos los “ninis” están desempleados
Aquí está una de las diferencias más importantes que suelen perderse cuando se utiliza el término “nini”.
Un joven desempleado está buscando trabajo y no ha conseguido uno. En cambio, una persona clasificada como NEET puede encontrarse fuera de la fuerza laboral y no estar buscando empleo activamente.
La OCDE separa precisamente ambos grupos. En México, para los jóvenes de 15 a 29 años, el componente de inactividad es mucho mayor que el de desempleo: 15.8% frente a 2.4% en 2024.
Por eso, decir simplemente que todos esos jóvenes “no quieren trabajar” sería una conclusión que los datos no respaldan.
¿Qué pasa con quienes sí quieren trabajar?
La otra cara del fenómeno está en los jóvenes que buscan incorporarse al mercado laboral y encuentran obstáculos.
La informalidad, los salarios bajos, la falta de experiencia y la distancia entre las habilidades adquiridas en la escuela y las necesidades de las empresas pueden dificultar la transición.
La OCDE señala que los mercados laborales divididos —con empleos estables y bien pagados para algunos trabajadores y puestos precarios y de bajos salarios para otros— pueden aumentar el riesgo de que los jóvenes queden fuera tanto del empleo como de la educación.
En México, además, la propia OCDE identifica que 23.4% de los jóvenes de 25 a 29 años estaban fuera del empleo y la educación o capacitación en 2024, una de las proporciones más altas entre los países comparados.
La cifra resulta relevante porque se trata de jóvenes que ya están en una etapa en la que, en muchos casos, deberían estar consolidando su trayectoria laboral.
Un fenómeno que no es nuevo
El término “nini” lleva años formando parte del debate público mexicano.
La OCDE ya había documentado tasas elevadas entre los jóvenes mexicanos. En sus análisis anteriores, el organismo encontró que México se encontraba entre los países de la OCDE con mayores proporciones de jóvenes que no estudiaban, trabajaban ni estaban en formación.
Pero las cifras también muestran una evolución.
Un análisis de la OCDE sobre los países del G20 encontró que la tasa NEET de México disminuyó 2.8 puntos porcentuales entre 2019 y 2024, aunque la brecha entre hombres y mujeres continúa siendo muy amplia.
Es decir, el problema no permanece exactamente igual que hace una década, pero tampoco ha desaparecido.
El desafío: que estudiar y trabajar sean opciones reales
México enfrenta así un problema que combina educación, empleo y desigualdad de género.
Las cifras muestran que una parte de los jóvenes queda fuera de las aulas y del mercado laboral, pero también que la explicación cambia radicalmente según quién sea la persona.
Para algunos puede tratarse de desempleo; para otros, de abandono escolar; para otros, de dificultades para encontrar un trabajo adecuado. Y para muchas mujeres jóvenes, las responsabilidades domésticas y de cuidado tienen un peso determinante.
Por eso, más que preguntar por qué los jóvenes “no estudian ni trabajan”, los datos obligan a plantear una pregunta más amplia:
¿Qué obstáculos están impidiendo que una parte de la generación joven pueda estudiar, capacitarse, incorporarse a un empleo y construir una vida económica independiente?
La respuesta pasa por mejorar la permanencia escolar, facilitar la transición hacia el empleo, generar trabajos de calidad y reconocer que el trabajo doméstico y de cuidados también consume tiempo y limita oportunidades, especialmente para las mujeres.
Con 30.4 millones de jóvenes de 15 a 29 años, lo que ocurra con esta generación no es un asunto menor: es una pieza central del futuro laboral y económico de México.
