La abogada Idamis Pastor Betancourt llegó a la Fiscalía de Puebla con algo que pocos funcionarios pueden presumir al asumir un cargo de esa naturaleza: confianza política.
Pero la autonomía tiene efectos curiosos. Da poder, reflectores y, algunas veces, aspiraciones.
Y quizá ahí comenzó el problema.
Mientras la fiscal comenzó a ganar exposición pública, dentro de la institución se acumularon cuestionamientos: movimientos internos, investigaciones controvertidas, operativos polémicos y decisiones que terminaron haciendo más ruido político que resultados en procuración de justicia.
Fredy Erazo Juárez ya estaba dentro cuando ocurrieron algunos de esos episodios.
Pero una cosa es formar parte de una estructura y otra muy distinta, dirigirla.
La conducción de la Fiscalía, sus prioridades y las decisiones de mayor peso seguían teniendo una responsable institucional: Idamis Pastor.
Uno de los casos que más ruido provocó fue el relacionado con Estela Romero Bringas.
El burdo despliegue realizado contra una mujer de avanzada edad y delicado estado de salud generó protestas, cuestionamientos y acusaciones sobre posibles influencias políticas alrededor del conflicto. Entre los nombres que aparecieron públicamente estuvo el de Olga Romero Garci-Crespo, dirigente –de papel– de Morena en Puebla.
Si existió o no tráfico de influencias tendrá que demostrarse con pruebas.
Pero políticamente el episodio exhibió algo distinto: una Fiscalía capaz de movilizar recursos y fuerza pública en asuntos cuya proporcionalidad comenzó a ser cuestionada.
Y todo eso ocurrió bajo la administración de Idamis Pastor.
Fredy Erazo ya estaba ahí, sí.
Pero todavía no era el hombre que hoy parece ser dentro de la institución.
Con el paso de los meses su peso comenzó a crecer.
Llegaron perfiles distintos, se modificaron equilibrios y comenzaron a conocerse problemas internos que durante mucho tiempo habían permanecido lejos de los reflectores.
La Fiscalía empezó entonces a mostrar dos realidades.
Una titular con el nombramiento.
Y un funcionario que, poco a poco, comenzó a concentrar mayor operación.
La percepción llegó a tal grado que el fiscal en Investigación de Delitos de Alta Incidencia tuvo que negar públicamente cualquier confrontación con Idamis Pastor y recordar que existía una buena relación personal entre ambos.
Puede ser.
Pero las instituciones no se miden por amistades.
Se miden por quién toma decisiones, quién conserva margen de maniobra, quién mantiene la confianza de quien ahí los puso: 01, y hacia dónde se mueve realmente el poder.
Y ahí es donde la fotografía comienza a cambiar.
Idamis mantiene la titularidad.
Y Fredy aumenta presencia, operación y peso interno.
No significa necesariamente que exista una ruptura.
Ni siquiera un choque de trenes.
Significa que el equilibrio –¡ay!, ese pilar de todo en la vida, pero sobre todo en la política–, ya no parece ser el mismo.
De hecho, ahora mismo, como a finales del año pasado, vuelven a circular fuertes versiones sobre nuevos movimientos dentro de la Fiscalía y sobre el futuro político de algunos de sus protagonistas.
La iniciativa presentada hace unos días por el diputado local Elpidio Díaz Escobar (del partido Fuerza por México), que busca reformar el artículo 16 de la Ley Orgánica de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla para modificar el método de designación de un encargado de despacho o fiscal suplente ante la ausencia del titular de la institución, no parece ser producto de la casualidad.
Quienes saben, los usualmente bien enterados, dicen que lleva jiribilla, pues, entre otras cosas, prepara el terreno.
La verdad es que solo 01 lo sabe; hoy todo solo puede llevarnos a los turbios –pero felices– caminos de la especulación.
Mientras eso ocurre o no ocurre, la institución tendrá que responder por una etapa marcada por operativos cuestionados, decisiones polémicas y prácticas que todavía necesitan explicación.
Fredy Erazo no llegó después de todo aquello.
Ya estaba ahí.
Pero tampoco era quien llevaba las riendas.
Hoy parece tener muchas más.
Y cuando dentro de una entidad tan importante como la Fiscalía el poder comienza a cambiar de manos antes que los nombramientos, normalmente el último en enterarse no es quien llega.
Es quien todavía cree que sigue mandando.
