El brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) alcanzó este domingo mil 916 personas fallecidas y 4 mil 209 casos confirmados, de acuerdo con la actualización de las autoridades sanitarias congoleñas.
La epidemia, declarada oficialmente el 15 de mayo de 2026, comenzó en la provincia de Ituri, en el noreste del país, y posteriormente se extendió a otras zonas. Los nuevos registros colocan al actual brote como el segundo más grande de ébola documentado en el mundo, únicamente por detrás de la epidemia que afectó a África Occidental entre 2014 y 2016.
Con los datos más recientes, la tasa de letalidad ronda el 45.5%, mientras que Ituri continúa concentrando la mayor parte de los contagios. El virus también ha alcanzado otras provincias, entre ellas Kivu del Norte, Kivu del Sur, Alto Uele y Tshopo.
Un brote que avanza a una velocidad inusual
La velocidad de propagación es uno de los principales motivos de preocupación para las autoridades sanitarias.
Un análisis de Reuters señala que el virus pudo haber estado circulando desde enero de 2026, meses antes de que el brote fuera declarado oficialmente. Durante ese periodo se habrían registrado cientos de casos sospechosos que no fueron identificados inicialmente como ébola.
La situación ha complicado las labores de vigilancia epidemiológica. Una proporción elevada de los nuevos contagios se produce fuera de las cadenas de transmisión conocidas, lo que dificulta que los equipos sanitarios puedan localizar y monitorear a las personas que estuvieron en contacto con pacientes infectados.
Jean Kaseya, director general de los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades (Africa CDC), advirtió que entre 60 y 70 por ciento de los nuevos casos estarían relacionados con transmisión comunitaria, según reportes de AP.
La cepa Bundibugyo complica la respuesta
El brote actual es provocado por el virus de Bundibugyo, una especie del virus del Ébola identificada por primera vez en Uganda en 2007.
La OMS y los CDC han señalado que esta cepa ha provocado brotes anteriores en Uganda y la RDC, pero presenta un desafío adicional en la epidemia actual debido a que no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico autorizado para la enfermedad causada por este virus. La atención médica se basa principalmente en cuidados de soporte y manejo de las complicaciones.
La OMS declaró el brote como emergencia de salud pública de importancia internacional en mayo, cuando los primeros reportes confirmados mostraban ya una rápida expansión en Ituri. En aquel momento se habían confirmado apenas ocho casos mediante laboratorio, además de cientos de casos sospechosos.
Conflicto y falta de personal dificultan contenerlo
La respuesta sanitaria enfrenta además problemas estructurales. La región afectada se encuentra marcada por conflictos armados, desplazamientos de población y una infraestructura sanitaria limitada, factores que dificultan el acceso de los equipos médicos a determinadas comunidades.
A esto se suma la falta de personal. AP reportó que trabajadores sanitarios han protagonizado protestas y paros por salarios pendientes, mientras las organizaciones humanitarias advierten que los recursos disponibles son insuficientes para hacer frente al ritmo de transmisión.
La OMS ha llamado a reforzar la respuesta, mejorar la detección temprana y fortalecer la confianza de las comunidades para que las personas busquen atención médica y colaboren con los equipos de vigilancia.
Un riesgo que trasciende las zonas afectadas
La movilidad de la población también representa un desafío. Los casos registrados fuera de las principales zonas del brote han obligado a incrementar la vigilancia en otras regiones y países vecinos.
De acuerdo con los CDC, el ébola se transmite principalmente mediante el contacto directo con fluidos corporales de personas infectadas, especialmente durante las etapas avanzadas de la enfermedad y después de la muerte. El periodo de incubación puede oscilar entre dos y 21 días.
Mientras continúan los esfuerzos para contener la epidemia, las autoridades congoleñas enfrentan una carrera contra el tiempo: más de 4,200 casos confirmados y cerca de 1,900 muertes convierten al brote en uno de los mayores desafíos sanitarios registrados en el continente africano en los últimos años.
