En el marco del Día Mundial de la Salud, las cifras revelan una realidad cruda: en México, la salud no es solo un derecho, sino un privilegio determinado por la cuenta bancaria. Mientras en países desarrollados el Estado absorbe la mayoría de los costos, en Puebla y el resto del país, las familias destinan hasta el doble de sus ingresos para enfrentar enfermedades, perpetuando un ciclo de pobreza y mortalidad.
Este 7 de abril, bajo el lema internacional de promover el derecho universal a la salud sin estigmas, México llega a la cita con una herida abierta: el gradiente socioeconómico de la salud. Este fenómeno describe cómo, a medida que bajan los ingresos de una persona, empeora drásticamente su estado de salud y disminuye su esperanza de vida. No es una coincidencia biológica, es una consecuencia económica.
La realidad en Puebla: informalidad y carencias
De acuerdo con los reportes más recientes del Inegi (ENOE al cierre de 2025) y las mediciones de El Consejo Nacional de Evaluacion de la Politica de Desarrollo Social (Coneval), el estado de Puebla enfrenta desafíos estructurales que agudizan este gradiente:
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Brecha de seguridad social: En Puebla, la tasa de informalidad laboral se mantiene en niveles críticos, alcanzando al 70.2% de la población ocupada. Esto significa que aproximadamente 2.2 millones de trabajadores en la entidad carecen de acceso directo a instituciones como el IMSS o el ISSSTE, dependiendo totalmente del sistema para población abierta.
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Carencia de Servicios: Según la última infografía de Pobreza Multidimensional del Coneval para el estado, el 47.3% de los poblanos presenta carencia por acceso a servicios de salud, una cifra que supera por 13.1 puntos porcentuales el promedio nacional.
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Presupuesto bajo presión: Para este ejercicio fiscal 2026, el análisis del CIEP (Centro de Investigación Económica y Presupuestaria) advierte que, aunque el presupuesto nominal en salud subió, el gasto público total en México se estanca en el 2.6% del PIB, muy lejos del 6% sugerido internacionalmente. Además, se ha documentado un recorte neto de mil 819 millones de pesos en el esquema de atención para personas sin seguridad social (IMSS-Bienestar) a nivel nacional respecto a años previos.
Comparativa: el “gasto de bolsillo” que empobrece
La diferencia entre nacer en una economía industrializada y una en desarrollo como la de México radica en quién paga la cuenta cuando alguien enferma.
| Indicador | Países Desarrollados (Promedio OCDE) | México (Datos 2025-2026) |
| Gasto de Bolsillo | Aproximadamente 20% del gasto total. | Más del 41% (el doble del promedio). |
| Presupuesto Público (% PIB) | Recomendado: 6.0%. | Real: 2.6% a 5.2% (incluyendo trabajo no remunerado). |
| Carencia de Acceso | Residual / Universal. | 39% de la población (44 millones de personas). |
| Esperanza de Vida | 81 – 84 años. | 75 – 76 años. |
En países como Noruega o Japón, un ciudadano gasta entre 4 mil y 6 mil dólares anuales en salud (PPA), pero la gran mayoría proviene de impuestos o seguros universales. En México, aunque el gasto per cápita es menor (entre 2 mil y 4 mil dólares), el impacto es devastador porque casi la mitad sale directamente del bolsillo familiar para pagar consultas privadas, laboratorios y fármacos que el sector público no surte.
El gradiente: por qué los pobres enferman más
El gradiente socioeconómico no solo implica no poder pagar un hospital. Implica que las personas con menores ingresos en Puebla:
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Viven en entornos insalubres: Menor acceso a agua potable y saneamiento.
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Tienen trabajos de mayor riesgo: Exposición a químicos, esfuerzo físico extremo y falta de equipo de protección.
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Estrés crónico: La incertidumbre financiera genera niveles altos de cortisol, derivando en hipertensión y diabetes a edades más tempranas.
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Diagnóstico tardío: Por falta de dinero para el transporte o la consulta, una enfermedad tratable se convierte en una emergencia mortal.
“En 2026, una persona con seguridad social en México recibe hasta 2.3 veces más recursos públicos para su salud que alguien atendido en el sistema para población abierta”, señala el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP).
La salud en Puebla y en México sigue siendo el espejo de la desigualdad. Mientras el gasto de bolsillo continúe duplicando los estándares internacionales, el gradiente socioeconómico seguirá dictando que la pobreza es, en sí misma, una enfermedad crónica. La urgencia para este 2026 no es solo médica, sino fiscal: cerrar la brecha de financiamiento para que el código postal no defina la fecha de defunción.
