No es una ruptura; son, sí, los primeros desencuentros y, en esencia, el inicio de una larga y cruenta batalla por el 2027, preámbulo del crucial y definitorio 2030, que efectivamente podría devenir en un rompimiento definitivo al interior de Morena Puebla.
Aunque para muchos es “el elefante en medio de la sala”, la verdad es que la relación entre Alejandro Armenta Mier y José Chedraui Budib no pasa por su mejor momento.
De aquella luna de miel que tanto se presumió porque –según la narrativa– “por fin el gobernador y el alcalde capitalino en funciones se llevarían bien”, poco o nada queda.
En los últimos días, como ha quedado plenamente registrado, Alejandro Armenta ha lanzado no pocos dardos envenenados a José Chedraui, cuestionando su trabajo y desempeño al frente del municipio más importante del estado.
El pasado 24 de mayo, el jefe del Ejecutivo, durante una rueda de prensa, demostró que su pecho no es bodega y dijo:
“Nosotros estamos haciendo las obras, ponemos el material y ellos no nos ponen ni un trabajador. Entonces, no es correcto. Por eso le digo a Pepe, con mucho respeto: ‘Ayúdanos más, porque estamos ayudando a tu gobierno y yo no veo reciprocidad’. Y cuando quieras hacemos cuentas”.
Y agregó:
“No hay pleito, Porque si no al rato: ‘¡Ruptura!’. No, yo me llevo muy bien, es un tipazo Pepe, es un gran amigo, pero pasión, necesitamos pasión por servir”.
Ahí no paró todo.
Durante la pasada Semana Santa, Alejandro Armenta volvió al tema, con gesto duro y puño apretado, desde uno de los helicópteros del estado que utilizó para sobrevolar Puebla capital y la Zona Metropolitana.
Aunque habló en plural, todo mundo entendió a quién iba dirigido el mensaje.
“Si yo veo alcaldes que no están trabajando, me pongo a trabajar… Y claro, la carga de la molestia (ciudadana) me la llevo yo. Porque no es competencia de un gobierno del estado, pavimentar calles. No es competencia de un Estado, bachear; sin embargo, somos los que más baches hemos tapado en Puebla capital y 5 mil calles estamos arreglando en 33 avenidas… Los alcaldes deben entender que su tarea implica salir a las calles”, señaló.
Remató al hacer un llamado a los presidentes municipales a “no desaparecerse”, dando a entender que Chedraui se fue de vacaciones en los días santos.
Dicho mensaje fue amplificado en redes sociales para que llegara al destinatario.
Una semana antes, también en una rueda de prensa, Armenta Mier había soltado de plano:
“Si no quieren trabajar, no se inscriban a elecciones… Nadie se tiene que molestar. Yo no me molesto porque me digan que haga mi trabajo. Yo quería ser gobernador, asumo la responsabilidad de ser gobernador. ¿Les molesta que les digan que barran las entradas y salidas de su ciudad? Entonces, cuando vengan las campañas, no se inscriban. Si les molesta hacer su trabajo, ¿para que participan como candidatos?”
Y es que, en efecto, todo debe enmarcarse en el 2027, la lucha tribal al interior de un Morena perredizado y la puja por la candidatura por el municipio de Puebla, que no está siendo ni será un día de campo.
Con todo y sus negativos, José Chedraui sigue liderando las encuestas.
Y con los plazos (tan ajustados), el método (precisamente las encuestas) y las restricciones (se prohíbe la promoción en anuncios espectaculares y bardas) que impuso el Consejo Nacional de Morena para quienes quieren ser candidatas y candidatos, la situación luce muy cuesta arriba para las cartas del gobernador.
Ha quedado claro –por si alguien aún lo dudaba– que el edil capitalino no es la carta con que el mandatario pretende jugar el 2027.
¡Mucho menos el 2030, para la sucesión en el Gobierno estatal!
Y alguien debe “bajarlo” –políticamente hablando– de la carrera, empezando por las encuestas.
Porque las encuestas, gusten o no, serán las que manden, como mandaron en 2024, cuando se determinó al candidato a la gubernatura.
A partir de hoy, cualquier pretexto –y el edil ciertamente ha dado no pocos pretextos– será bueno para reforzar el discurso que se elabora desde las alturas –literalmente– del poder en Puebla.
El gran problema es que una ruptura interna, alimentada por un desigual pleito a navajazo limpio entre el gobernador y el alcalde capitalino –una película mil veces vista por las poblanas y los poblanos–, podría causar un efecto dominó y extenderse por todo el estado, especialmente en aquellos municipios donde tampoco priva la armonía al interior de Morena.
El verdadero conflicto es que ¡le están haciendo la campaña a la oposición!
Y es que en el caso de que, con todo en contra, José Chedraui lograra la candidatura para buscar la reelección, bastará que el PAN o el PRI o Movimiento Ciudadano se pongan un poquito creativos y hagan spots a partir de las declaraciones de Alejandro Armenta contra José Chedraui para exhibir lo bien que se llevan en Morena y lo que opina un gobernador de Morena sobre un alcalde de Morena.
La narrativa Kramer vs. Kramer es sencilla: tan malos son para gobernar que hasta entre ellos se lo dicen a la cara. ¿Así vas a votar por él?
En realidad, y esto también se pierde de vista, le están pegando a la marca –por cierto, cada vez más desprestigiada.
Y están facilitando muchas cosas sobre todo a los panistas, que, divertidos, sonrientes y comiendo palomitas, observan cómo se confirma que Morena es el peor enemigo de Morena y que saben que mientras más divididos y enfrentados lleguen los morenistas a las urnas, más posibilidades tendrán ellos de recuperar la joya de la corona en 2027: la Presidencia Municipal de Puebla.
