La idea de que Blanca Alcalá Ruiz dejó las filas del PRI para convertirse en la próxima candidata ciudadana del PAN a la alcaldía de la ciudad de Puebla parece diluirse por el momento, pues la exsenadora se ha concentrado más en tareas nacionales del partido albiazul, que en construir a nivel local un proyecto político que le permita aparecer en las boletas electorales de la contienda de 2027.
La presencia de Alcalá en el PAN a lo largo de los últimos tres meses, luego de que renunció al PRI a finales de enero pasado, ha generado dos opiniones contrarias al interior de esta fuerza política, que se expresan de la siguiente manera:
Otros actores del partido de la derecha sostienen todo lo contrario, que fue solo “una idea temporal, que se agotó muy rápido”, el suponer que la exedil de la Angelópolis –en el periodo de 2008 a 2011– podía ser una buena contendiente para enfrentar a la 4T en las urnas.
Al final, lo que se acabó valorando –dicen los detractores panistas de Blanca Alcalá– es que a la exedil “le sigue pesando la marca del PRI”, en donde militó por 45 años y esa condición, lejos de favorecerle le perjudica, pues si algo no le gusta a la militancia panista es echar mano de cuadros priistas para poder crecer electoralmente.
La segunda opinión parece tener mucho sustento, si se toma en cuenta que a principios de este año la dirigencia estatal del PAN definió que la decisión de no repetir una alianza electoral con el PRI –en los comicios intermedios del año entrante– se debe a que se han levantado sondeos entre los núcleos de militantes del albiazul y el resultado es que, de cada 10 militantes entre siete y ocho no quieren volver a competir junto con el tricolor.
El factor decisivo es que la mala imagen que acompaña al Partido Revolucionario Institucional, que es visto como la fuerza política “de la corrupción”, lejos de sumar, acaba alejando a los votantes.
Más allá de cuál de las dos opiniones acabe prevaleciendo, lo cierto es que el activismo de Blanca Alcalá dentro del PAN –por ahora– se percibe muy alejado de la idea de construir una candidatura a la alcaldía de la capital.
En las últimas semanas se han realizado tres mesas políticas organizadas por la dirigencia estatal del PAN, en las cuáles se han analizado los perfiles de una larga lista de por lo menos 10 aspirantes a la candidatura en la capital. En esos encuentros han estado, entre otros actores, los interesados en alcanzar la nominación.
Una ausencia notable en esas reuniones ha sido la de Blanca Alcalá, quien tendría que estar ya haciendo una labor de convencimiento para persuadir a “los duros” del PAN, que son aquellos no aceptan que las candidaturas se deben abrir a los ciudadanos sin militancia panista.
Tampoco se ha percibido a la exsenadora y exalcaldesa realizando trabajo de campo en el municipio de Puebla, como condición para irse posicionado en el electorado.
Es cierto que está presente en una parte importante de la población por haber sido la primera mujer en ser edil de la capital y haber dejado una buena imagen cuando concluyó su mandato. Pero también se debe tomar en cuenta que ya pasaron 15 años de cuando concluyó su mandato y las nuevas generaciones de electores no la conocen.
Se ha visto muy activa a la exalcaldesa en reuniones en Tehuacán, Atlixco y Teziutlán, entre otras ciudades, como parte de una estrategia de atraer al PAN a cuadros del PRI o de otras fuerzas políticas. Pero en la capital no se le percibe realizando esa misma labor.
Al mismo tiempo, ha sido muy notoria su presencia en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, en donde es la encargada de crear Alianzas Estratégicas a favor del proyecto electoral del albiazul, en lugar de estar buscando votos para su posible regreso a la lucha por la alcaldía de la ciudad de Puebla.
