Aunque la Batalla del 5 de mayo de 1862 es el episodio más conocido de la guerra contra la intervención francesa, la Batalla del 2 de abril de 1867, también llamada Toma de Puebla, fue igual de importante, aunque hoy se recuerde mucho menos.
Mientras el 5 de mayo representa la resistencia popular ante el ejército francés, el 2 de abril es la fecha en que las fuerzas republicanas retomaron la ciudad de Puebla, que era el principal punto de control imperial en el sur del país.
La operación estuvo a cargo del general Porfirio Díaz, quien planeó un ataque por varios frentes simultáneos. Al mediodía del 2 de abril de 1867, la ciudad estaba en manos republicanas. Con esa victoria, el gobierno de Benito Juárez aceleró el derrumbe del imperio que Napoleón III había impuesto en México bajo la figura de Maximiliano de Habsburgo.
La caída de Puebla fue también el paso previo al Sitio de Querétaro, donde Maximiliano fue capturado y fusilado pocas semanas después.
Con el tiempo, el 5 de mayo ganó una proyección que el 2 de abril nunca tuvo, dentro ni fuera del país. Eso ha hecho que la historia de Puebla en ese periodo se cuente, casi siempre, a partir de un solo episodio.
Sin embargo, ambas fechas, junto con el sitio de 1863, son parte de la razón por la que la ciudad lleva el nombre de Heroica Puebla de Zaragoza. Los tres momentos forman un mismo ciclo histórico, aunque no todos reciban el mismo espacio en la memoria colectiva.
A más de 150 años de distancia, el 2 de abril sigue siendo una fecha necesaria para entender cómo terminó la guerra contra la intervención francesa y cómo México recuperó su gobierno.
