Desde la fundación de La Constancia Mexicana en 1835 a orillas del río Atoyac, la primera fábrica textil mecanizada del país impulsada por Esteban de Antuñano, la industria textil ha sido uno de los ejes centrales del desarrollo económico poblano. Lo que comenzó como un polo pionero de industrialización en México durante el siglo XIX, con apoyo del Banco de Avío, se consolidó como el sector dominante de la entidad por más de un siglo, generando empleo masivo, atrayendo inversión y sustituyendo importaciones en una época en la que el país apenas despertaba a la modernidad fabril. Hoy, pese a desafíos globales, mantiene su vigencia como generador de miles de empleos y contribuyente clave a la economía estatal.
La tradición textilera de Puebla se remonta incluso a la época colonial, con obrajes que aprovechaban la destreza artesanal local y el agua del Atoyac. En el Porfiriato, el sector experimentó un auge sin precedentes, con decenas de fábricas que posicionaron a la entidad como referente nacional junto a Tlaxcala y Veracruz. Durante más de 100 años, hasta la década de 1960, la textil fue la rama hegemónica de la industria de transformación en Puebla, superando en importancia a otros sectores y sentando las bases para la diversificación posterior hacia la automotriz y la metalmecánica.
En la actualidad, el sector sigue siendo un pilar estratégico. Según datos de la Secretaría de Desarrollo Económico y Trabajo (Sedetra) de Puebla correspondientes a 2025, la entidad ocupa el segundo lugar nacional en producción textil, con un valor de 11 mil 525 millones de pesos. El ramo cuenta con 13 mil 379 unidades económicas que generan 89 mil 448 empleos directos y registró exportaciones por 355.8 millones de dólares solo en el tercer trimestre de 2025.
La actividad se concentra principalmente en municipios con fuerte vocación industrial: Tehuacán (epicentro de la confección y maquila de mezclilla y denim, proveedor de marcas globales como Levi’s, Tommy Hilfiger, Calvin Klein y Gap), Ajalpan, Teziutlán, San Martín Texmelucan, Huejotzingo (donde opera el Parque Ciudad Textil) y la capital poblana, además de zonas aledañas al corredor histórico del Atoyac.
Estas regiones albergan el grueso de las empresas del Clúster I-TexCom y de la Cámara de la Industria Textil de Puebla y Tlaxcala, que en conjunto con Tlaxcala representan alrededor de 140 mil empleos en la zona.
Sin embargo, el sector enfrenta retos estructurales que amenazan su recuperación. En 2025 se registró el cierre de aproximadamente 400 empresas textiles y de confección en Puebla, principalmente por la competencia desleal de importaciones asiáticas, especialmente de China, que ingresan a precios subvaluados y afectan la rentabilidad local. Los municipios más golpeados fueron Tehuacán, Ajalpan, Teziutlán y San Martín Texmelucan, donde cada cierre implicó la pérdida de entre 10 y hasta 3 mil empleos, según estimaciones de la Sedetra. La capacidad operativa del sector ha caído por debajo del 65% en algunos subsectores, y persisten altos niveles de informalidad laboral.
Ante este panorama, empresarios y autoridades coinciden en la necesidad de una reconversión. El presidente del Clúster I-TexCom, Agustín Mendoza Retif, ha impulsado para 2026 la producción integral de prendas, desde la fabricación de tela hasta el producto terminado, la eliminación de intermediarios y la realización de exposiciones trimestrales como la Exhibición Internacional Textil (Exintex) para fortalecer canales de comercialización. El Gobierno estatal, a través del secretario Víctor Gabriel Chedraui, ha destacado que “la industria textil forma parte de la identidad productiva de Puebla y representa uno de los pilares del desarrollo económico estatal”, con raíces que se mantienen vigentes gracias a su competitividad en mercados nacionales e internacionales.
Expertos señalan oportunidades en el nearshoring, la integración de tecnología y el aprovechamiento del T-MEC para elevar el valor agregado. Mientras Puebla celebra eventos como Exintex 2026, con más de 800 stands y participantes de 22 países, la industria textil no solo evoca su legado histórico, sino que se reinventa como generadora de empleo digno y motor de crecimiento regional. Su futuro dependerá de la capacidad de enfrentar la competencia global con innovación y políticas de protección efectiva, manteniendo el papel protagónico que ha tenido desde hace casi dos siglos en el desarrollo de Puebla.
