Dos de los colectivos feministas más radicales de la entidad, el Bloque Negro Feminista de Puebla y el Frente Radical Feminista, confirmaron que no participarán ni convocarán actividades en la marcha del Día Internacional de la Mujer este 8 de marzo. La decisión se da en medio de la convocatoria de la megamarcha “Latido Común”, organizada por otras colectivas y que partirá del Gallito en Paseo Bravo rumbo a la Fiscalía General del Estado.
El Bloque Negro Feminista informó que, tras un proceso interno de reorganización, no marchará ni respaldará ninguna movilización este 8M. En un comunicado, explicó que la convocatoria de “Latido Común” “no es feminista, separatista ni abolicionista”, al incluir a organizaciones “queeristas” y personas trans, lo que consideran una apropiación del movimiento con “intereses políticos”. Por ello, no recomiendan asistir y anunciaron otras actividades propias que darán a conocer en los próximos días.
Por su parte, el Frente Radical Feminista —que en años anteriores organizaba la marcha principal y la tradicional “Mercadita Feminista”— anunció con “profunda pena y tristeza” que tampoco realizará ninguna actividad este año. Las razones: riesgos a la integridad física de sus integrantes derivados de agresiones previas por parte de autoridades y personas externas, además de la falta de garantías de seguridad y cuidados a la salud. No obstante, mantendrán redes de monitoreo y apoyo para quienes sí asistan a las manifestaciones.
¿Qué son y qué buscan estos colectivos?
El Bloque Negro Feminista de Puebla es un grupo que adopta la táctica del black bloc (vestimenta negra y anonimato) para realizar “acción directa” en las protestas. Se identifica con el feminismo radical separatista y abolicionista: defiende espacios exclusivos para mujeres (cis), rechaza la inclusión trans en el movimiento y exige el fin de la prostitución. Su principal demanda es justicia ante los feminicidios y la violencia machista, presionando al Estado mediante protestas disruptivas.
El Frente Radical Feminista es una colectiva histórica en Puebla que ha liderado las movilizaciones del 8M. También se adhiere al feminismo radical y ha enfocado su trabajo en la denuncia de violencias de género, acompañamiento a víctimas y exigencias de políticas públicas efectivas contra la impunidad. Organizó durante años la “Mercadita Feminista”, un espacio de economía solidaria y visibilización previo al 8M.
Ambas agrupaciones buscan transformar estructuralmente la sociedad patriarcal, priorizando la autonomía de las mujeres y criticando lo que consideran “dilución” del feminismo por corrientes inclusivas o institucionalizadas.
¿Por qué han sido señaladas en marchas anteriores?
En ediciones previas del 8M en Puebla (notablemente 2021 y 2022), contingentes identificados con el Bloque Negro y el Frente Radical fueron señalados por acciones directas como pintas en fachadas del Congreso del Estado, quema de puertas, rompimiento de vidrios de autos y faroles, y colocación de vallas en fuentes públicas. Medios y autoridades los acusaron de “vandalismo”, mientras las colectivas defendieron estas prácticas como legítimas formas de protesta ante la inacción estatal frente a los feminicidios. Frases como “Pintaremos lo que tengamos que pintar hasta que nos dejen de matar” resumieron su postura.
Estas acciones generaron divisiones internas en el movimiento feminista poblano y críticas por parte de sectores que prefieren manifestaciones pacíficas o simbólicas. Este año, la ausencia de ambos colectivos perfila a la marcha “Latido Común” como un espacio más inclusivo y pacífico, según han destacado otras organizadoras.
Las colectivas reiteraron su compromiso con la lucha feminista desde otros frentes y llamaron a las mujeres a continuar exigiendo “justicia, seguridad y vida digna”.
La ausencia del Bloque Negro Feminista de Puebla y del Frente Radical Feminista en la marcha “Latido Común” del 8M 2026 podría marcar positivamente el evento en varios aspectos, según el tono predominante en la cobertura mediática reciente y las percepciones que circulan en medios locales.
Para bien (perspectiva mayoritaria en reportes actuales):
- Marcha más pacífica y simbólica: varios medios ya la perfilan explícitamente como “una marcha feminista pacífica”. La salida de colectivos asociados históricamente a acciones directas (pintas masivas, quema de puertas, rompimiento de vidrios en el Congreso y otros edificios en ediciones pasadas como 2021-2022) reduce el riesgo de confrontaciones o daños al patrimonio urbano. Esto facilita una cobertura más positiva por parte de autoridades y prensa, y podría atraer a participantes que en años anteriores evitaban las movilizaciones por temor a escaladas de violencia o detenciones
- Mayor inclusión y unidad aparente: la convocatoria “Latido Común” enfatiza la participación de mujeres trans, personas con discapacidad y pueblos originarios, lo que choca con las posturas separatistas y TERF (trans-excluyentes) de los colectivos ausentes. Sin ellos, el evento se presenta como más amplio, interseccional y menos polarizado ideológicamente, lo que podría fortalecer la imagen de un movimiento feminista más cohesionado y accesible para sectores diversos
- Menor tensión con autoridades: el despliegue de seguridad anunciado (más de mil 300 elementos de la SSP) se enfoca en resguardo y prevención de desmanes. Sin los contingentes radicales, es probable que el operativo sea percibido como más preventivo que reactivo, sin el ruido de incidentes mayores
Para mal (perspectivas críticas o minoritarias):
- Pérdida de radicalidad y presión real: algunos comentarios en redes y colectivos afines señalan que el Bloque Negro “nos protege” o representa la vanguardia confrontacional ante la impunidad en feminicidios. Su ausencia podría hacer que la marcha se perciba como más “institucionalizada”, simbólica o “light”, sin la fuerza disruptiva que obliga al Estado a responder con mayor urgencia
- División visible del feminismo local: la decisión resalta fracturas profundas (separatismo vs. inclusión trans/queer, acción directa vs. protesta pacífica), lo que podría debilitar la percepción de unidad y fuerza colectiva. Para algunas feministas radicales, esto equivale a una “apropiación” o dilución del 8M.
En balance, la marcha de este 2026 marcará más para bien en términos inmediatos: se espera una movilización más tranquila, inclusiva y con mejor recepción pública/medios/autoridades, lo que podría traducirse en mayor participación y visibilidad positiva de las demandas centrales (justicia por feminicidios, políticas efectivas contra la violencia de género). Sin embargo, a mediano plazo, la ausencia de voces radicales podría restar presión estructural al sistema, dejando la sensación de que el movimiento “se suavizó” sin resolver las causas profundas de la violencia machista en Puebla.
La marcha “Latido Común” mantiene su convocatoria para el 8 de marzo a las 16:00 horas desde el Gallito


