Una enorme curiosidad, al grado del morbo, desató la fiesta por los 90 años de vida de Manuel Bartlett Díaz. Algunos columnistas afanosos estuvieron buscando –sin éxito– el sitio de la reunión. Mientras que varios personajes de la política local se preguntaban el por qué no fueron invitados, convocados a la comida que sirvió de reencuentro del exmandatario con varios de quienes fueron sus más cercanos colaboradores en el Poder Ejecutivo que, según sus propias palabras, eran “unos chamaquitos” cuando él ocupó la posición de ser el gobernador 107 en la historia del estado de Puebla.
La fiesta se acabó convirtiendo en un acontecimiento político en torno a Manuel Bartlett, no solamente porque reunió a distintos personajes de los ámbitos nacional y local que, al paso de los años, lo siguen admirando y estimando, sino porque se dieron algunos encuentros y convivencias que, en otro escenario, no se habrían podido generar.
Los encuentros
Hubo un par de abrazos entre dos actores centrales de la comida que mostraron afecto y respeto, que magnetizaron la atención de los presentes, pues hace tres décadas verlos juntos de esa manera hubiera sido un episodio inimaginable, casi imposible que pudiera ocurrir. En esa época eran dos personajes que eran ideológicamente antagonistas, que protagonizaron una larga lista de confrontaciones electorales que salpicaron el terreno de la política nacional.
Ellos fueron Francisco Fraile García y Manuel Bartlett Díaz. El primero fue el líder histórico del PAN, cuando este partido era una potente fuerza opositora al priismo poblano. El segundo fue el único gobernador, en la época del presidente Ernesto Zedillo, que convocó a frenar en México “el avance de la derecha”, en un momento que el PRI daba un radical viraje al neoliberalismo y encontraba semejanzas con el panismo.
Las miradas de los invitados también se ciñeron entre otros dos asistentes al convivio y todo mundo estuvo atento a sus gestos, miradas e intercambio de palabras. Sus diferencias han marcado el rumbo de la 4T en los tres últimos años.
Ellos son los primos Alejandro Armenta Mier e Ignacio Mier Velazco. Al inicio hubo saludos fríos. En otros momentos intercambiaron sonrisas. Al final hubo una plática entre el gobernador poblano y el líder de los senadores morenistas, respectivamente. Una conversación de la que todos los asistentes hubieran querido saber qué se dijeron.
Ahí mismo –en la fiesta de cumpleaños– convivieron dos políticos protagonistas de finales del siglo XX: Melquiades Morales y José Luis Flores Hernández. Ambos pelearon en las urnas por la candidatura del PRI al gobierno de Puebla en 1998, la única vez que el tricolor practicó la democracia interna. Por cierto, eso ocurrió para definir al sucesor de Manuel Bartlett Díaz.
Ahora Melquiades Morales es uno de los exgobernadores más populares de la vida del estado. Un hombre con carácter afable y formas amables de conversar. José Luis Flores es un ejemplo de congruencia: es de los escasos priista que no desertaron a la 4T o el PAN.
“Eran unos chamaquitos”
Un caluroso sábado obligó a varios de los invitados a despojarse de sacos y corbatas, a darle un toque informal a la comida ocurrida en la casa del abogado Carlos Meza Viveros, uno de los hombres más leales a Manuel Bartlett. Fue su secretario de Gobernación, ha sido su operador electoral; su abogado en muchas batallas políticas y judiciales; el encargado de litigar los asuntos internacionales de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) cuando “don Manuel” fue el titular de la paraestatal en el gobierno obradorista.
El propio Bartlett definió el tono de la comida: “es para disfrutar”, no para hablar de asuntos complicados, de política, de la nueva guerra de Estados Unidos en el Medio Oriente que, unas horas antes, había estallado.
Y así ocurrió. La comida fue en tono casual, sin discursos, ni presentaciones. En medio de tacos de sesos, chalupas, cemitas “al verdadero estilo poblano”, cochinita pibil, mole negro y pipián. Mezcal y whisky, cervezas frías y un pastel de pistache, con cubierta de chocolate, que cortó “don Manuel” haciendo un esfuerzo de no perder la línea recta que trazó con un cuchillo cebollero.
Si hubo un tema que se platicó en todas las mesas es que, a sus 90 años, Bartlett tiene una figura erguida, que no denota cansancio físico. Es un hombre que conversó con todos, recordó sucesos de cuando fue el segundo hombre fuerte en el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, de muchas cosas que ocurrieron en su gobierno de Puebla y de lo que recientemente vivió en la CFE.
“¿Qué dices de esta pachanga que te organizamos?”, le preguntó con teléfono en mano uno de los convocantes al convivio.
Vestido con su clásica combinación de traje y camisa azul claros, Bartlett respondió: “no podría estar más feliz, que estar con mis amigos… así como los ves, los conocí chiquitos, chamaquitos, ahora se han convertido en políticos de primera, a nivel nacional y estatal… todos los amigos con lo que trabajé acá están, me da mucha felicidad, llegar a esta reunión es un privilegio, aquí están mis amigos”, para después extender sus brazos hacia sus costados y tomar de las manos a Alejandro Armenta Mier e Ignacio Mier Velazco.
Un diagnóstico cierto: un cambio profundo que provocó Bartlett al llegar a Puebla para ser gobernador –en la última década del siglo XX– es que creó una nueva clase política que se distanció, en esa época, de un priismo añejo que era controlado, entre otros, por caciques regionales y octogenarios líderes de centrales obreras.
Hasta la fecha, la actividad política recae en muchos actores que fueron parte del llamado “bartlismo”.
“Nos confrontamos muy sabroso”
La reunión tenía un toque muy “bartlista”; ahí estaban personajes claves de esa época: Juan Antonio Badillo, quien fue titular de la SEP; el ambientalista Francisco Castillo; Raúl Torres Salmerón, quien fue el encargado de la relación prensa-gobierno; la alcaldesa de Huaquechula, Isabel Merlo Talavera; uno de los principales operadores políticos, Joe Hernández Corona; el líder agrario y experto en agua Alberto Jiménez Merino; el especialista en educación Luis G. Benavides, así como muchos excolaboradores de la CFE, que eran los más jóvenes del encuentro.
Ya avanzada la comida, apareció otro personaje clave del periodo “bartlista”, pero no por pertenecer a esa corriente, sino por ser el más agudo opositor: era Francisco Fraile García, vestido de pantalón de mezclilla y chamarra de piel negra, llevando en las manos un regalo con una envoltura, al parecer, con tema de superhéroes de la pantalla grande, de los Avengers.
Llegó a saludar, mostrándose un poco tímido, sabedor que pisaba un terreno de muchos personajes de la 4T y que él, aunque ya renunció a las filas del PAN, sigue siendo un referente del panismo poblano.
De inmediato se fundió en un abrazo con Bartlett y un grito surgió entre los invitados: “¡que se olviden ya los rencores!”
Fraile se instaló, junto con su esposa, en una mesa cercana a la principal. Apenas pasaron unos minutos y le pidieron que se pasara al lado de Bartlett, que se ubicara al frente y a la derecha del exmandatario. Ahí le cambió el semblante. Se sintió más relajado y abierto a hablar del pasado que vivió con el exgobernador.
Surgió una pregunta incisiva, frente a la cámara de un teléfono: “¿ya le perdonaste todo al licenciado Bartlett?”, a lo que Fraile contestó de inmediato en medio de risas: “no tengo que perdonarle nada… pregúntale a él, porque yo fui el latoso”.
Y luego rememoró, frente a la mirada atenta de Bartlett que lo veía de frente: “sí nos confrontamos muy sabroso”.
Pero después atajó: “… pero al final de cuentas, como lo he dicho… si con la política no terminamos siendo amigos, no hubo política, hubo guerra… aquí hubo amistad y comprensión entre unos y otros”.
Al cabo de hora y media, ya más relajados, de pie, en medio de un círculo de invitados, con Manuel Bartlett al centro, Fraile hizo una larga, divertida y detallada narración de las trampas electorales del PRI, y también del PAN, en la época dominante del priismo poblano.
Un Bartlett atento le recomendó: “escribe un libro con eso”.
Fue nuestro maestro: Armenta y Mier
En 2023, Alejandro Armenta e Ignacio Mier fueron las figuras centrales por la disputa de la candidatura de Morena a la gubernatura de Puebla.
Ante la opinión pública esa confrontación entre primos continúa, aunque ahora con menor intensidad. Ellos dicen que no, que solo está presente en la imaginación de los periodistas.
Recién iniciaba la comida, llegó el gobernador Alejandro Armenta Mier. Iba solo. Entró a la reunión sin acompañantes ni guardaespaldas. Minutos más tarde arribó Ignacio Mier, acompañado de su hijo Ignacio Mier Bañuelos, exedil de Tecamachalco.
Al principio el saludo fue frío y distante. Por cierto, ambos iban de negro, de los pies a la cabeza, como si se hubieran uniformado. Cada uno se puso a un costado de Bartlett en dos momentos diferentes.
Poco a poco el ambiente se hizo más cordial. Al momento de la despedida de Armenta, varios acompañaron al gobernador, pero al final solo se quedaron conversando y caminando hacia la salida el gobernador y los dos Nachos Mier, padre e hijo.
Por más que muchos se acercaron a las espaldas de ellos, nadie pudo percibir el contenido de la plática. Al final hubo abrazos y risas entre ellos.
“¿De qué hablaste con el gobernador?”, le preguntó insistente este tecleador, a la que Mier Velazco respondió como el político que es: “solo intercambio de ideas… hemos coincidido en muchos lugares”, decía el líder de los senadores morenista en medio de palabras cordiales.
“Señor gobernador, unas palabras para la pachanga de los 90 años de don Manuel”, le pidieron al inicio de la comida a Alejandro Armenta, a lo que en tono amistoso respondió:
“Don Manuel para mí es un maestro… lo conocí en 1992 haciendo campaña, él para gobernador, yo para presidente municipal –de Acatzingo–… y la experiencia que tuve me ha permitido entender muchas de las razones que tienes que trabajar en el servicio público… que Dios lo bendiga, tiene muchos amigos, a sus 90 años lo vemos fuerte, lleno de energía, y es un ejemplo para nosotros por su gran sentido nacionalista a favor de la patria”.
Otro entrevistado: “senador Ignacio Mier Velazco, ¿qué tanto eres discípulo de Manuel Bartlett?”… sin pensarlo dos veces responde a bote pronto: “¡todo!”
“Lo que uno puede aprender con don Manuel es ser libre pensador, pero congruente y consistente”, remató Mier, quien ha acompañado a Manuel Bartlett primero, en la época de su gobierno como líder partidista, y después en el periodo en que ambos dejaron las filas del PRI y se volvieron figuras relevantes de la 4T.
