Hoy más que nunca el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) debe definir cuál será su papel en la sociedad mexicana porque luce como un organismo debilitado ante la reforma educativa.
Más allá de la caída de Elba Esther Gordillo, el SNTE y su líder Juan Díaz de la Torre lucen extraviados ante un nuevo escenario.
Por una parte, los líderes del SNTE tratan de comportarse como aliados del presidente de México, Enrique Peña Nieto, y asumen que el sindicato apoyará la reforma educativa.
Pero es evidente que sus liderazgos no están respaldados por miles de maestros que de la nada se sumaron a la protesta de la Coordinadora
Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Es decir, mientras Juan Díaz a nivel nacional asume una postura de que no pasa nada con la reforma educativa, la CNTE demostró que tiene la capacidad de movilización para paralizar la actividad del Distrito Federal y otras entidades como Oaxaca y Guerrero.
En Puebla, los líderes locales de las secciones 23 y 51 del SNTE, Emilio Salgado Néstor y Jorge Luis Barrera de la Rosa, han demostrado su falta de capacidad y miedo por definir una postura clara.
En la entidad es evidente que la CNTE ha retomado fuerza gracias a la timorata postura de los líderes magisteriales poblanos porque ni apoyan a los maestros que hacen paro, ni dan la razón totalmente a las autoridades por las sanciones impuestas a los maestros.
Emilio Salgado Néstor y Jorge Luis Barrera de la Rosa juegan a pasar desapercibos en un momento crucial para el magisterio y eso genera peligrosos vacíos de representatividad para el SNTE.
Los líderes formales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no se han percatado que su futuro está en riesgo por su indefinición.
No pueden estar todo el tiempo tratando de quedar bien con las autoridades y con sus agremiados cuando de por medio están marchas, protestas, paro de labores y por otro lado están las fuertes sanciones del gobierno del estado de Puebla.
Si Emilio Salgado Néstor y Jorge Luis Barrera de la Rosa se mantienen
en el camino de la pasividad pronto enfrentarán un descontrol muy grande en la base magisterial.
Con los maestros y sus intereses no se juega en México porque sus privilegios inmerecidos son defendidos con sudor y sangre, en las calles y lejos de las aulas.
