En Tehuacán ya nadie duda: Miguel Ángel Celis, “El Animal”, está desesperado.
Y cuando un personaje de ese tamaño entra en pánico, comete el peor de los errores estratégicos: empieza a manotear, a cambiar de rumbo y a rodearse de cualquiera que le prometa un milagro.
Su más reciente movimiento es tan revelador como patético: otro cambio de defensa.
Ya no basta con un despacho, ni con dos.
Ahora su equipo legal se nutre de exfuncionarios de la Fiscalía de Veracruz y exfuncionarios de la Fiscalía de Puebla, varios con reputaciones francamente cuestionables.
El comentario que circula en los pasillos judiciales es que uno de sus nuevos abogados presume tener el “respaldo” de una magistrada.
Así, sin rubor.
Como si en pleno 2026 todavía estuviéramos en los tiempos en que la justicia se arreglaba por teléfono.
Pero los hechos son los hechos: quien cambia de abogados como cambia de camisa no lo hace por estrategia, lo hace por pánico.
Esta conducta errática no es nueva en Miguel Celis: es el mismo patrón de siempre: prepotencia, berrinche, desconfianza y la ilusión de que el dinero y la compra voluntades, todavía lo pueden salvar.
Y mientras en los tribunales su caso se hunde, en las redes sociales empieza a exhibirse lo que dentro del penal se murmura todos los días.
Ahí está la cuenta de TikTok “EL MATRACAS” (@elmatracasth), que en cuestión de días, con apenas unos cuantos videos, ya acumula miles de vistas.
El más reciente es particularmente incómodo: describe los lujos de nuestro personaje dentro de prisión.
Nada de trato igualitario: área “especial”, comida distinta, atenciones preferentes y personas que lo cuidan dentro y fuera del penal.
Un Recluso VIP en un sistema que se supone no distingue carteras.
Un tema que nuevamente exhibe la ineficiencia y la corrupción que caracteriza al (des)gobierno del alcalde morenista Alejandro Barroso Chávez.
Pero eso no es todo: siempre se puede ver a su jefe de seguridad y escoltas armados plantados en las puertas del Centro de Justicia.
El mensaje es burdo, pero claro: presencia, presión y amedrentamiento.
No es protección; es teatro de intimidación.
Una forma primitiva de decir: “sigo teniendo poder”.
Como si hiciera falta más ruido, en el radio pasillo político de Tehuacán corre otro rumor pesado: ex mandos militares vinculados al panismo habrían visitado al director del penal para “encargarle” la buena estancia de su “Animal”.
A esto se suma Omar Pérez López, el flamante delegado rural, político de medio pelo que anda presumiendo gestiones directas con el gobernador Alejandro Armenta Mier para “ayudar” a Miguel Celis.
¿Ya lo sabe su supuesta jefa, la secretaria Ana Laura Altamirano?
La pregunta es inevitable y brutal: ¿de verdad creen que todavía pueden torcerle el brazo a la justicia poblana?
Porque por más que se presuman “escoltas, visitas, encargos, influencias, abogados milagro”, lo único que queda claro es esto: Miguel Celis no actúa como un inocente que confía en la ley.
Actúa como un culpable que ya solo confía en sus contactos.
“El Animal” no está diseñando una estrategia.
Está dando patadas de ahogado.
Y todo Tehuacán lo está viendo.

